Mostrando entradas con la etiqueta Aniversario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aniversario. Mostrar todas las entradas

20 octubre, 2007

Cuarto aniversario

Lo único constante de este blog son estas notas de aniversario, con las que quiero señalar el transcurso de un año más desde que emprendí esta aventura. Así, con esta nota celebro el cuarto aniversario, después de un año bastante irregular en el que lo abandoné por varios meses, abrumado por tareas más prosaicas.

Quiere la tradición que esta nota sea un resumen compendioso de las experiencias de los doce meses transcurridos. Pero mi ánimo no va por ahí. Tampoco estaría de más evocar las razones que tuve para incursionar en la blogósfera, analizar las influencias que he tenido y formular mis votos por hacer cada día mejores notas, dar mi mejor esfuerzo y lograr la diferencia. Pero soy bastante seco para las efervescencias sentimentales y prefiero limitarme a agradecer a los pacientes lectores que me han favorecido con su atención y comentarios. ¡Nos vemos dentro de un año!

20 octubre, 2006

Tercer aniversario

Hace tres años empecé con este librillo de memorias, como quieren los enterados que llamemos a esta colección de reflexiones, divagaciones y dislates que, de algún modo, permitirían conocer al autor, si alguien se tomara la molestia de leerlo por completo, tratando de entender lo que pasa por la mente de un desconocido al que se pretende definir mediante listas de preferencias.

No han sido tres años continuos: por unos meses, a principios de este año, abandoné estos afanes, un poco por desidia, otro poco por convencimiento de que no tenía nada qué decir, y un mucho por el desaliento que me provocaba ver, según el servicio de estadísticas, que la mayoría de los lectores llegaban en búsqueda de determinado charlatán. En efecto, hace ya más de dos años cometí el error de citar por nombre a quien se hace pasar por experto en lo paranormal, en visitas de extraterrestres y demás mafufadas. Eso bastó para que aquí cayeran los incautos que, no contentos con verlo en la televisión, querían leerlo en la red. Acabé eliminando esa entrada para evitar esas indeseables visitas.

Si me detuviera a examinar mis notas, vería que éstas giran mayormente en torno de unos cuantos temas, los cuales constituirían mi "mapa mental": el esperanto, las relaciones internacionales, la política mexicana, la religión y el pensamiento mágico. Cada uno de ellos está fincado en experiencias bien concretas de mi vida. Aprendí esperanto a los quince años y lo sigo practicando treinta y ocho años después; mi vida profesional como periodista se ha centrado en la información internacional: fui subjefe de esa sección en Excélsior y las poquísimas veces que ejercí como reportero lo hice en el extranjero. La situación de mi país me afecta naturalmente por vivir en él.

La religión y el pensamiento mágico son dos temas que cada vez estoy más tentado a considerar como uno solo. Entre la teología y la astrología no percibo diferencias más que de forma. En el fondo, ambas construcciones apuntan a lo mismo: apaciguar los miedos del individuo ante los misterios de lo desconocido. La diferencia entre ir a misa e ir a que nos lean las cartas sólo es aparente.

El título de estas memorias quiere resumir lo anterior. Ya lo he dicho, pero ahora es pertinente repetirlo: hoy no es un buen día para ir al cielo. Vivamos aquí en la Tierra sin pensar en que hay un cielo que sabrá recompensar los sufrimientos padecidos. Si sabemos realizar todoas las promesas contenidas en nuestra humanidad, veremos que el cielo que nos tienen prometido está aquí mismo, en la Tierra. Pues, como dice el hermetista, lo que está arriba es como lo que está abajo, para que se cumpla el milagro de los mundos.

06 octubre, 2005

Segundo aniversario, segundo

Vengo a caer en la cuenta de que este blog acaba de cumplir dos años. Muy con las justas, pues en realidad estos últimos meses lo había abandonado a su suerte y estuvo a punto de no llegar a su segundo cumpleaños. Otras empresas me habían robado no el tiempo sino la voluntad de seguir exponiendo por escrito más pensamientos que sentimientos, más reflexiones que vivencias. No es éste un diario de mi vida, sino un bloc de notas (como propondría que dijéramos en lugar de blog), muchas de ellas apresuradas e incompletas. Alguna vez, al exponer no recuerdo qué faceta de la estupidez humana, recibí el comentario de una admirada bloguera, en el que me deseaba suerte en mi empeño de educar a la gente. En realidad mi propósito no es tan altruista. Este rincón de la red quiere ser un lugar de ejercicio mental, de práctica de redacción, de desahogos personales, de consignación de cosas admirables o execrables, pero nunca tendrá una aspiración didáctica. El lector puede respirar aliviado: no intento enseñar nada, ni señalar caminos ni imponer criterios.


No obstante, la humanísima tendencia a no estar de acuerdo con los demás hace que algunas personas se sientan obligadas a aprovechar el cuadro de comentarios para manifestar su disidencia con mis opiniones o, de plano, dejar por escrito insultos personales dirigidos contra una persona de la que sólo saben que tuvo la paciencia de expresar una opinión. Esos comentarios los he dejado no por respetar la libre expresión de las ideas, sino porque considero que le dan un poco de sazón al tono por lo general serio que yo suelo emplear. Así, el lector podrá disfrutar esos monumentos levantados a la mala ortografía y la pésima sintaxis. Y en contraste, mi prosa parecerá límpida y esplendente. Sólo recuerdo haber borrado un comentario, el de una persona que abusaba de los adjetivos peyorativos para referirse a todo un pueblo. Lo eliminé por respeto al pueblo judío, del que han salido tantas personas admirables (sin que esto signifique que no hayan salido personas admirables de otras partes), pero también porque no quiero que este bloc quede rayoneado con palabras de tan bajo nivel.


Y hablando de los comentarios, quiero expresar mi asombro por haber recibido en los últimos días variados insultos por una nota publicada hace más de un año. No quiero mencionar el tema, pues eso fue precisamente lo que causó una lluvia de comentarios, tan tupida que hizo que mi servicio de estadísticas se saliera de madre. Y aunque ya no tengo activado ese servicio (que en realidad sólo servía para reconfortar o deprimir mi ego, al ritmo del número de lectores), pienso que el sujeto en cuestión no merece más consideración que la que ya le di en su momento.


En fin, inicié este bloc motivado por la lectura de muchos otros. Supongo que ése ha de ser el proceso seguido por la mayoría de los ciudadanos de la blogosfera. Y lo he mantenido por estar satisfecho con sus resultados. Espero llegar con el mismo ánimo a su tercer aniversario.

20 octubre, 2004

Velita de aniversario

Más que un estado de ánimo, como podrían apresurarse a sentenciar los novatos en este proceso, bloguear es un estado mental. Entro en modo de blog cuando empiezo a tomar notas mentales de lo que quisiera comentar aquí: redacto, corrijo, borro, agrego y cambio bloques de texto, todo mentalmente, como si estuviera sentado frente a la computadora. En ocasiones, el estado es tan profundo que quedo convencido de que, efectivamente, ya publiqué mis notas. Con asombro descubro días después de que el último asiento tiene más de una semana. ¿En que parte de mi RAM neuronal se pierden tantos apuntes?


Y hoy me doy cuenta de que llevo exactamente un año tratando de descifrarme a mí mismo las obscuridades de mi mente, de poner en blanco y negro mis ideas y sentimientos, a fin de verlos con más claridad. Y a pesar de que significa exponerlos literalmente ante todo el mundo a través de la red, no deja de ser un proceso solitario: soy yo y mis pensamientos, aislado tras mi muralla, aunque tratando de llegar a rincones inalcanzables por otro medio, entrando en contacto con gente que no habría conocido de otro modo y, a veces, dándome cuenta de aspectos insospechados de mí mismo. Escribo, luego existo.


Un comentario sobre el título de estas notas: se me ocurrió mucho antes de que las iniciara, en enero de 2003, después de haber asistido a un retiro de meditación de diez días. Lo señalo más para consignarlo que para explicarlo, aunque puedo agregar que la pretensión de alcanzar al cielo siempre me ha parecido un obstáculo para llevar una vida digna aquí en la Tierra. Y que ésta, después de tanta vuelta, es la única que realmente está a nuestro alcance.