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16 octubre, 2007

Introducción a la ecología política

Siempre he desconfiado del ecologismo como bandera política. No de los esfuerzos por conservar el ambiente ni por usar con responsabilidad los recursos del planeta. Me refiero más bien a la prostitución de la inquietud natural por nuestra casa en favor de intereses políticos que no se atreven a decir su nombre.

Y no es que tenga en mente sólo al partido “ecologista” de México —cuya actuación bastaría para dejar escaldado al más convencido militante—, sino en general a cuanta organización “verde” que esconde intereses inconfesables detrás de una supuesta defensa del ambiente.

Creo que, a fin de cuentas, la conservación del ambiente es más una decisión personal que un programa político. Ya que los partidos verdes suelen alinearse más bien a la izquierda, el sector de la derecha representa un terreno perdido para la ecología. Pero el deterioro del ambiente no se fija en afiliaciones políticas o ideológicas. El cambio climático, el deshielo de los cascos polares, el agujero de la capa de ozono, la contaminación de tierras, mares y aire son fenómenos que afectan a todos los terrícolas por igual. ¿Es que los conservadores no quieren conservar el planeta que les sirve de morada?

Ahora bien, aunque el ecologismo es una postura individual, la verdad es que la solución a muchos de los problemas ambientales que vivimos pasa necesariamente por una acción colectiva, lo que nos lleva de vuelta a la política, a ese pantanoso campo donde se toman las decisiones que nos afectan a todos. Pero las medidas para reducir las emisiones de gases con efecto de invernadero no deben confinarse en el ideario de un partido, pues éste necesariamente tendrá otros puntos en su programa. El primero de éstos será llegar al poder, para lo cual deberá hacer si no componendas, sí compromisos que evidentemente pueden impedir que ponga en práctica las medidas ecológicas prometidas.

Es decir, un partido ecologista empieza prometiendo defender el ambiente y acaba vendiendo las reservas naturales a las multinacionales a cambio de los favores que éstas le concedieron para llegar al poder. ¿Cómo podemos confiar en una organización que habla de la conservación del ambiente cuando en realidad tiene otra idea en mente?

Podemos ser ecologistas sin necesidad de afiliarnos con el Niño Verde. La pregunta más bien es si ser ecologistas nos obliga a alinearnos en algún lugar de la gama política. Y en lo personal pienso que la respuesta necesariamente es que no. Aunque veo difícil ser ecologista y defender los intereses de las empresas que saquean los recursos naturales del país a nombre del desarrollo económico, creo que la tarea es encontrar el equilibrio entre la conservación del ambiente y el desarrollo económico. Se menciona el “desarrollo sustentable” para referirse a ese equilibrio, pero ese concepto es más un ideal que un programa y su vaguedad no permite esperar soluciones prácticas a los problemas urgentes.

Pero en todo caso, toda solución política o colectiva estará llamada al fracaso de no contar con el apoyo de los individuos. En el plano personal, ¿cuántos separan la basura? ¿Cuántos acatan el “no circula” sin comprar un coche de repuesto? ¿Cuántos no barren su banqueta a manguerazos? ¿Cuántos apagan la luz de la habitación que queda vacía? ¿Cuántos caminan dos cuadras para ir a la tienda por cigarros en lugar de ir en coche? La respuesta es que pocos y la justificación es que el individuo no puede hacer nada en este ámbito. ¿De qué sirve separar la basura si se mezcla desde que llega al camión? ¿Cómo prescindir del coche en una ciudad que ha olvidado a sus peatones?

Creo que aquí encontramos otra razón para desconfiar de la politización de la defensa del ambiente: más que una bandera, es un atolladero, del que no saldremos si su solución la dejamos en las manos de los políticos.

19 octubre, 2006

La basura

Hace tiempo, alguien me comentó que una amiga era tan escrupulosa en materia ambiental, que incluso lavaba la basura antes de tirarla. Luego la aludida se encargó de matizar y explicar el dicho: en el pueblo donde vive, Tepoztlán, le cobran por recogerle cada bolsa, así que a fin de ahorrar, procura racionalizar al máximo su producción de basura. Y aseguró que sacaba apenas una bolsa a la semana. "Y una bolsa chica", precisó. "No creas que de esas tamaño jumbo."

Debo de confesar que me dio un poco de envidia. Sin poder decir porqué, yo producía casi una bolsa de basura al día. Y aunque nunca he tenido conciencia ecológica, sí me parecía, desde antes de oír el comentario de mi amiga, que no era normal que una casa de dos personas produjera tanta basura.

Pero, como digo, mi falta de conciencia ecológica me impidió ahondar más en el tema y, sobre todo, tomar alguna medida correctiva.

Desde hace varias semanas, Cuernavaca padece del problema de la basura: ésta se acumula en las calles lo que naturalmente ha agravado esta temporada de gripe y problemas respiratorios. Así, los habitantes de la sufrida capital morelense nos hemos visto obligados, volis nolis, a racionalizar nuestra producción de basura.

Ahora puedo decir con satisfacción que esta semana, cuando empecé con la famosa separación de basura orgánica e inorgánica, no ha sacado más que tras cuartas partes de una bolsa. La orgánica, por lo demás, la estoy juntando en una bolsa aparte, con la idea de hacer composta para el jardín (cosa de cuya efectividad no estoy muy seguro, pues tengo entendido que la composta no sólo está formada por restos de comida y posos de café), y no llevo ni la cuarta parte de una bolsa pequeña.

Me volvió a la mente el comentario de que mi amiga lavaba la basura cuando ayer me descubrí lavando un cartón de leche, antes de aplanarlo cuidadosamente, para evitar que la leche descompuesta fuera a invadir mi bolsa de basura inorgánica.

No se vislumbra la solución al problema de la basura en Cuernavaca. Al menos desde mi molino, la situación parece tan paralizada como cuando empezó y las declaraciones escuchadas no permiten cobijar esperanzas. Quizá sea una característica distintiva de estos gobiernos panistas. Supongo que nadie ha olvidado los quince minutos en que Fox resolvería el problema de Chiapas. Ahora dice que la crisis de Oaxaca se resolverá "antes de que termine el sexenio". Espero que se refiera al suyo y no al del espurio Fecal, que llegará a la silla aun más atado de manos que Chente.