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20 junio, 2008

El poder del vampiro

La guerra contra las drogas es una guerra perdida. Y lo seguirá siendo mientras no se aborde el problema de los estupefacientes en su doble dimensión: como fenómeno de un mercado ilegal y como síntoma de descomposición de las sociedades.

Hasta ahora, los esfuerzos de todos los países se han dirigido a combatir el tráfico de drogas. Pero, como cualquier otro fenómeno comercial, el narcotráfico, por muy ilegal que se pretenda, por muy proscrito que se le quiera y por muy anatemizado que se le considere, cumple puntualmente con las leyes del mercado y éste, en tanto que rector de nuestro mundo globalizado, no permite su erradicación.

El tráfico de drogas es uno de los negocios más lucrativos del planeta, quizá el mejor después de la industria de las armas y de las medicinas. ¿Por qué se quiere combatir a una industria que produce miles de millones de dólares al año, que da empleo a cientos de miles de personas y que, finalmente, distribuye un producto que es reclamado por millones de consumidores?

Vistos los magros resultados de campañas publicitarias —"Di no a las drogas", como se calcó en México el "Just Say No" de Nancy Reagan—, de institutos y agencias para combatir a los narcotraficantes —el Instituto Nacional para el Combate a las Drogas y la Dirección Estadunidense Antinarcóticos—, visto el fracaso de civiles y militares, la respuesta a la anterior pregunta es que en realidad nadie quiere combatir al narcotráfico.

El narcotráfico es como los vampiros: su gran poder es que nadie cree en ellos hasta que cae víctima de su seducción. Cualquier alusión a la corrupción que produce es desechada por mendaz y descartada como atentado a las instituciones, como agravio a la Patria, como ataque doloso de los eternos enemigos.

Con las enormes ganancias que produce la venta de drogas, no es difícil imaginar cuál es su poder de seducción. El narcotráfico compra conciencias, acalla escrúpulos, establece lealtades, impone silencios y acaba dictando su voluntad desde las sombras. Nadie que se le acerque regresará impoluto.

Pero está la otra cara de las drogas: su carácter de síntoma de descomposición de una sociedad, de refugio de desesperados, de cloaca, estaríamos tentados de decir, en donde se vierten y conjugan las desilusiones y frustraciones de sectores cada vez más amplios, cada vez más diversificados.

Si el mercado globalizado impone sus reglas y no permite la erradicación del tráfico de drogas, la ideología que conlleva también permite —cuando no exalta— su consumo. La ganancia rápida y fácil que se persigue en el mercado se traduce en el placer instantáneo y efímero que se disfruta con las drogas.

El narcotráfico y toda su cultura están entretejidos íntimamente en la sociedad de consumo, en la ideología del mercado, en la mentalidad del "que no transa no avanza", en la falta de perspectivas en este nuevo milenio, en la noción de que ya terminó la historia y no hay nada que hacer. Esa es la red que nos tiende el vampiro y que amenaza con infectarnos a todos.

25 octubre, 2007

Una modesta propuesta

Con un presupuesto de 500 millones de dólares, el gobierno de Estados Unidos pretende ayudar al fomento de la industria del narcotráfico en nuestro país. A primera vista parece muy loable ese interés aunque, francamente, me parece que se quedan cortos con la lana. Repartida esa cantidad entre cien millones de compas, nos tocan apenas cinco dolaritos por cabeza. ¿Cuántos gallos o pericazos podremos comprar con eso?

Como aquí no se trata de criticar sino de proponer, he aquí mi modesta propuesta: que el gobierno mexicano declare de interés nacional y estratégico a la industria del tráfico de estupefacientes. A continuación, podría crear un fondo de fomento, encargado de establecer acuerdos de cooperación con los gobiernos de los estados gringos fronterizos (con el federal no, porque ya hemos visto que se pone sus moños hasta para legalizar indocumentados), por ejemplo, para agilizar el cruce de la frontera de las mercancías. Si se aplicara un arancel a la exportación de drogas, el gobierno mexicano recabaría mucho más que los miserables 500 millones que ofrece el agarrado de Bush. Y entonces sí, con esa lana todos andaríamos bien colocados y nos valdría madre que el Fecal anduviera vendiendo la soberanía nacional.

18 octubre, 2007

Divorcio presidencial

Allá en 1975, cuando el dedazo priista favoreció al secretario de Hacienda José López Portillo para suceder a su amigo Luis Echeverría en la presidencia, el todavía desconocido Jolopo se encontraba separado de su esposa, Carmen Romano. Las buenas conciencias del régimen, empero, maniobraron para que la pareja se reconciliara, al menos mientras duraba el sexenio en el que el más frívolo de los presidentes iría a hundir aun más al país. Para la tartufa moralidad “revolucionaria”, era impensable que un divorciado llegara a instalarse en Los Pinos. En cuanto salió de ahí, seis años después, José y Carmen se divorciaron. No cabe aquí comentar la vida privada de nuestros prohombres públicos, pero el escándalo de su relación con la ex fichera Sasha Montenegro rebasó los límites de las columnas de chismes y llegó a las de policía, sobre todo cuando los hijos del ex presidente refutaron el testamento.

No sabemos cómo estuvo el caso de Carlos Salinas, pero el hecho fue que, no bien dejó la presidencia en manos de su amigo Ernesto Zedillo, también se separó y divorció de su esposa Cecilia. Lo demás es historia: acosado por los fantasmas de Colosio y Ruiz Massieu (no sabemos si también por el narcoprelado Posadas), el aborrecido ex presidente buscó refugio en Dublín y consuelo en Ana Paula Gerard, su segunda esposa.

Con Fox, México vivió una doble primicia en la presidencia: no sólo llegaba alguien ajeno al PRI sino, además, ¡un divorciado! Y panista además. Y mocho de remate. ¿Cómo es eso? Sólo se explica por la naturaleza paradójica de la idiosincracia mexicana: un partido laico y “revolucionario” como el PRI evita a toda costa el divorcio en la cúpula del poder, mientras que los chupacirios del PAN no tienen empacho en colocar en ella a alguien que violó la doctrina de la Iglesia.

Todo esto viene a cuento por lo que constituye la nota del día: el divorcio de los Sarkozy, la pareja presidencial de Francia que hoy anunció el inicio de su proceso de divorcio. Cécilia conoció a Nicolas en 1984, cuando éste era alcalde de Neuilly-sur-Seine y celebró su matrimonio con el animador de televisión Jacques Martin. Con éste, Cécilia tendría dos hijas en los breves cinco años que duró la pareja. Se casaría con Nicolas en 1996, también tras el divorcio de éste.




Al parecer por una infidelidad del marido (con una reportera), la pareja se separó en 2005, pero se reconcilió al año siguiente, justo a tiempo para que Nicolas iniciara la campaña que lo llevaría a la presidencia francesa. ¿Una reconciliación estilo priista? Hasta ahí no llegan nuestros informantes. Lo que sí es sabido es que Cécilia le cobró la infidelidad a su esposo: durante la separación, ella anduvo saliendo con Richard Attias, publicista a quien conoció pues fue el que organizó el acto con que Nicolas celebró haber sido designado presidente de su partido, la Unión por un Movimiento Popular.

Pero también hubo otros indicios de que Cécilia no estaba muy conforme: en la segunda vuelta electoral, de la que su esposo salió triunfador ante la socialista Ségolène Royal, ella simplemente se abstuvo de votar. En la reunión del grupo de los Ocho en Alemania, ella abrevió su estancia, pretextando el cumpleaños de su hija. Y también con el pretexto de una gripe, Cécilia estuvo ausente de Kennebunkport, Estados Unidos, donde su marido pasó unos días de vacaciones con el matrimonio Bush.

Los rumores de su separación corrían desde hace varias semanas, pero apenas este jueves fueron confirmados de manera oficial (y en extremo escueta: en un comunicado de quince palabras) por el Elíseo. Ésta es buena ocasión de recordar las palabras del filósofo Marcel Gauchet: “En las democracias igualitarias, el poder es de una pareja, aunque sólo se elija a una persona.” ¿Verdad que sí, Martita?

01 septiembre, 2007

Debate a la moda

El debate del día, el tema que ocupa las discusiones de cantina y peluquería, es el de la inmortalidad del cangrejo, la cuadratura del círculo y las moscas papadas. Olvídense del chino y de sus millones de dudoso origen y aun más obscuro destino, olvídense del IFE y de las escandalosas declaraciones de su titular. Lo que realmente importa es la existencia de un alma inmortal en el cangrejo, la fórmula de la cuadratura del círculo y el destino de las moscas que papan los ociosos.

Uno de los principales problemas para determinar la inmortalidad del cangrejo es que no existe una definición aceptada universalmente de inmortalidad. Los teístas se conforman con señalar la presencia de un alma inmortal. Los materialistas quieren que lo inmortal sea el cuerpo pues, alegan, poco podría hacer el alma sin las percepciones físicas o, dicho de otro modo, ¿para qué queremos vivir toda la eternidad si no le vamos a dar gusto a los sentidos?

La cuadratura del círculo es un problema poco abordado por el público en general, dada su base geométrica. Ya sabemos que en cuanto se habla de números y geometría y demás, la gente sale asustada del auditorio y nos quedamos hablando solos. Algunas propuestas han ido en el sentido de definir un círculo de diámetro igual al lado del rectángulo en el que se inscribe. Los puristas, empero, sostienen que yuxtaponer dos figuras no las empareja, que siempre quedará un área no cubierta y que el problema es, por definición, insoluble. Eso sí quién sabe, pues ya hemos visto que muchos problemas que se creían insolubles, al cabo del tiempo encuentran su solución.

En fin, el destino de las moscas papadas es menos difícil de determinar. Como lo indica el término, una mosca papada por alguien pasa directamente al esófago sin ser masticada (véase el Larousse: papar
(Del lat. vulgar pappare.)
verbo transitivo
1 Comer una cosa blanda sin mascar.).
Del esófago pasa al estómago y ahí supongo que es digerida por los jugos gástricos.

Bien, en cuanto a las declaraciones de Ugalde (“Si me corren suelto la sopa”), supongo que son posibles pues él ha de pensar que los mexicanos nos la pasamos papando moscas, pensando en la inmortalidad del cangrejo o en la cuadratura del círculo. Quizá tenga razón, pero no estaría mal que se aventara algunas revelaciones candentes para variar el panorama.

20 noviembre, 2006

Tres presidente, tres

Ahora México tiene tres presidentes: uno «en funciones», otro «electo» y otro «legítimo». Nunca las comillas habían servido tanto para enfatizar las dudas que pesan sobre el término respectivo.


El propio Vicente Fox admitió desde hace varias semanas que ya había cerrado el changarro (y que por lo mismo ya podía declarar puras tonterías). Si con cerrar el changarro se refiere a dejar de actuar —y si la memoria no nos traiciona—, tenemos que aceptar que él lo cerró desde el 2 de diciembre de 2000. En efecto, el único objetivo de la plataforma electoral de Fox era sacar al PRI de los Pinos. Esto lo logró oficialmente el 1° de diciembre al tomar posesión de la presidencia, por lo que desde entonces se ha dedicado a esperar a que pase el tiempo. Y mientras, fueron sus secuaces («de cuello blanco», según la afortunada expresión de AMLO) los que hicieron y deshicieron en el país. Fox se dedicó únicamente a asentir a todas las medidas que no le afectaran en sus intereses personales, a dar muestras de humor involuntario y a atejonarse en su rancho, al lado de Marthita, cuando las cosas se ponían feas.


En cuanto a Felipe Calderón, no creo que ni él mismo, en el fondo, esté convencido de haber sido elegido efectivamente por la voluntad mayoritaria de los ciudadanos. (¡Oh, qué bella frase!) Pasará a la historia como un presidente manchado por la duda, como es el caso de Salinas de Gortari. Y tendrá que dar algo más que golpes mediáticos para convencer al pueblo. Por desgracia para él, a México ya no le queda nada que vender para que Fecal se allegue fondos y patrocine sus programas a fin de granjearse a la gente (como hiciera Salinas). Muy por el contrario, a él le tocará administrar la pobreza que le heredará Fox.



Por lo que toca a Andrés Manuel, su «legitimidad» podría ser tema de simposios y disertaciones doctorales, pero para la gran mayoría, su autoproclamada presidencia «legítima» no será más que una parodia, un intento desesperado por llamar la atención de los medios y, en el mejor de los casos, una medida política cuyos alcances no alcanzan a percibirse. ¿Pretenderá impedir mediante manifestaciones y plantones las decisiones que tome el ejecutivo? La clase media urbana que votó por él lo hizo con la idea de que gobernara en forma pacífica y dentro del marco legal; no le dio carta blanca para trastocar el orden ni, ¡mucho menos!, para que organice bloqueos que lesionen sus mezquinos intereses.

En fin, tres presidentes, ¿eh? ¿Cómo la ven? No cabe duda de que como México no hay dos.

16 noviembre, 2006

Sobre la ley de convivencia y otras tentaciones

Hoy se promulgó la ley de asociaciones de convivencia pacífica y seguramente los medios no tardarán en informarnos quiénes son los primeros valientes que se acogen a esta legislación, llamada por algunos "ley del matrimonio homosexual".

Claro, esa designación es una simplificación exagerada a cuenta de los grupos y organizaciones siempre interesados en preservar los valores sagrados de la familia. Desde su óptica, esta ley es el primer paso hacia la disolución de la célula familiar, esa institución por lo visto tan frágil que hay que protegerla de cualquier amenaza, aunque sea la de un golpe con el pétalo de una rosa.

En realidad, esta ley no pasa de ser un contrato administrativo entre dos personas, sin que importe el sexo. Pero las conciencias puras de los paladines de los valores tradicionales no pueden imaginar nada sin sexo. ¿Qué interés pueden tener dos personas en vivir juntas si no van a coger?

Es curiosa la oposición al matrimonio homosexual: quienes lo atacan, defienden la monogamia y ensalzan el efecto purificador de las relaciones conyugales. Al mismo tiempo, critican la promiscuidad que, según ellos, caracteriza las relaciones homosexuales. Y hete aquí que, cuando llega el sector homosexual a pedir que lo autoricen a vivir en matrimonio, le niegan ese derecho. Y mientras, los heterosexuales hacen todo lo posible por burlarse de esa supuestamente sagrada institución: engañan a la pareja, hablan pestes del cónyuge, hacen chistes sobre la desgracia de estar casados y, finalmente, una importante proporción de ellos acaba divorciándose.

Aunque algunos observadores la llaman "boda de kermesse", en realidad estas asociaciones de coexistencia pacífica no otorgan ningún derecho ni siquiera cercano a los que da el matrimonio. Los miembros de la asociación no pueden beneficiarse ni de pensión ni de seguro social… Entonces, ¿en qué momento o bajo qué perverso interés se hizo la identificación de esta ley con un matrimonio? No lo sé, pero la oposición de la iglesia y grupos que la secundan me hace sentir ganas de asociarme con alguien. Pues un breve repaso histórico me permite ver que lo mejor de la vida es lo que prohíbe esa gente y, caray, sólo dios sabe la mucha falta que me hace un poco de bueno en esta vida.

19 octubre, 2006

La basura

Hace tiempo, alguien me comentó que una amiga era tan escrupulosa en materia ambiental, que incluso lavaba la basura antes de tirarla. Luego la aludida se encargó de matizar y explicar el dicho: en el pueblo donde vive, Tepoztlán, le cobran por recogerle cada bolsa, así que a fin de ahorrar, procura racionalizar al máximo su producción de basura. Y aseguró que sacaba apenas una bolsa a la semana. "Y una bolsa chica", precisó. "No creas que de esas tamaño jumbo."

Debo de confesar que me dio un poco de envidia. Sin poder decir porqué, yo producía casi una bolsa de basura al día. Y aunque nunca he tenido conciencia ecológica, sí me parecía, desde antes de oír el comentario de mi amiga, que no era normal que una casa de dos personas produjera tanta basura.

Pero, como digo, mi falta de conciencia ecológica me impidió ahondar más en el tema y, sobre todo, tomar alguna medida correctiva.

Desde hace varias semanas, Cuernavaca padece del problema de la basura: ésta se acumula en las calles lo que naturalmente ha agravado esta temporada de gripe y problemas respiratorios. Así, los habitantes de la sufrida capital morelense nos hemos visto obligados, volis nolis, a racionalizar nuestra producción de basura.

Ahora puedo decir con satisfacción que esta semana, cuando empecé con la famosa separación de basura orgánica e inorgánica, no ha sacado más que tras cuartas partes de una bolsa. La orgánica, por lo demás, la estoy juntando en una bolsa aparte, con la idea de hacer composta para el jardín (cosa de cuya efectividad no estoy muy seguro, pues tengo entendido que la composta no sólo está formada por restos de comida y posos de café), y no llevo ni la cuarta parte de una bolsa pequeña.

Me volvió a la mente el comentario de que mi amiga lavaba la basura cuando ayer me descubrí lavando un cartón de leche, antes de aplanarlo cuidadosamente, para evitar que la leche descompuesta fuera a invadir mi bolsa de basura inorgánica.

No se vislumbra la solución al problema de la basura en Cuernavaca. Al menos desde mi molino, la situación parece tan paralizada como cuando empezó y las declaraciones escuchadas no permiten cobijar esperanzas. Quizá sea una característica distintiva de estos gobiernos panistas. Supongo que nadie ha olvidado los quince minutos en que Fox resolvería el problema de Chiapas. Ahora dice que la crisis de Oaxaca se resolverá "antes de que termine el sexenio". Espero que se refiera al suyo y no al del espurio Fecal, que llegará a la silla aun más atado de manos que Chente.

17 octubre, 2006

Del día de Muertos al Halloween

Es frecuente escuchar la queja de que la celebración del Halloween está desplazando a nuestro mexicanísimo día de los Muertos, y de que se trata de una costumbre reciente, producto de la influencia gringa.

No sé se qué entienda por “reciente”, pero al menos en mi caso, ya hace más de cuarenta años que salía con un grupo de amigos a “pedir mi Halloween” por las calles de la colonia Clavería. Y no es que nos disfrazáramos de "mostros", sino simplemente íbamos vestidos de fachas, cosa muy disfrutable para mí, deleitado en poder celebrar una fiesta sin tener que peinarme con fijapelo ni ponerme mi traje dominguero.

Sin embargo, estábamos conscientes de que se trataba de una fiesta gringa, cosa que en ese tiempo no nos producía ningún escozor. Tampoco sentía el remordimiento de estar desplazando la tradición del día de Muertos, ya que ni en mi familia, ni en ninguna otra que conociera, existía la costumbre de celebrarlo.

Veintitantos años después, me tocaría ver a mis hijos salir disfrazados a pedir su Halloween. Aunque en la primaria en que estaban, el colegio Luis Vives, hacían mucho hincapié en el día de Muertos, levantando altares y poniendo ofrendas, mis hijos no se dejaban lavar el cerebro con propaganda nacionalista: simplemente querían sus dulces.

Y si vuelvo a avanzar otros veinte años en la historia, me encuentro ahora, viviendo en un medio rural, donde la noche del 31 de octubre y todavía las dos siguientes, los chiquillos (y las chiquillas también, claro, para decirlo al modo de los tiempos) llegan a mi puerta a pedir "su calaverita". Hace ya varios años, interpelado en la calle por un niño para que "le diera su calaverita", recuerdo haberle respondido que él ya la traía adentro de la cabeza. La pobre criatura se me quedó viendo sin entender a qué me refería yo. Me causó tanta gracia que acabé poniéndole algunas monedas en la calabaza de plástico que llevaba en la mano.

Supongo que la difusión de la celebración del Halloween en nuestro país es sintomática de muchas cosas, la más evidente, la penetración de la cultura anglosajona en las costumbres de nuestra sociedad. No podría decir que eso es malo en sí mismo: es apenas la rama de un árbol muy frondoso y esforzarnos por cortarla haría que perdiéramos de vista aspectos más centrales, los cuales requieren más análisis que el que yo pudiera hacer.

Parto de la hipótesis de que no es imposible la coexistencia de tradiciones opuestas. En efecto, la celebración de la víspera de Todos los Santos tiene connotaciones lúgubres y está basada en el miedo a la muerte. Es una fiesta tétrica y horripilante, de ahí los disfraces que se llevan esa noche. La del día de Muertos, paradójicamente, es un homenaje a la vida, aunque esté basado en el rechazo de la noción de la muerte: nuestros seres queridos no nos abandonan del todo, pues por lo menos esa noche regresan a compartir con nosotros las ofrendas.




Regreso a mi tema: es posible la diversidad, no como signo de colonización, sino de apertura a otras culturas, de saludable fusión de ideas, de comprensión de otros modos de percibir el mundo. A fin de cuentas, la identidad mexicana es más que una fiesta. Y podemos tener la seguridad de que nuestros muertos no se van a volver a morir porque nosotros celebremos una fiesta que, después de todo, es más para los niños que otra cosa.

07 septiembre, 2006

El acorralamiento del Peje

Al igual que Carlos Salinas, otro presidente notoriamente espurio, Felipe Calderón está pidiendo la oportunidad de convencer con sus actos a quienes no votaron por él. En cierta forma, además de ser un llamado a la distensión, este exhorto constituye un reconocimiento implícito de que llegó en forma irregular a la condición de presidente electo. Pues aunque suena bonita, esta fórmula en realidad es la que se aplica durante la campaña electoral, no después. Es antes de las elecciones cuando los candidatos nos piden esa oportunidad, no después de haberse montado en la silla presidencial descendiendo desde un helicóptero para escapar de las protestas del pueblo que supuestamente quieren gobernar.


¿Por qué sonríe Felipillo?


No las tiene todas consigo el chaparrito. Si la frase "sacarse la rifa del tigre" tiene algún sentido, éste es precisamente la situación a la que va a enfrentarse el presidente de la derecha. Tendrá que escarbarse algo más que las narices para encontrar la solución a las profundas divisiones causadas por su imposición. No hay sólo una división geográfica (supuestamente un norte de derecha y un sur de izquierda, configuración que nos remite a los referentes de la guerra fría, cuando los países se partían entre esos dos extremos, Alemania, Vietnam, Corea, por recordar los más representativos); ahora las divisiones recorren todo el tejido social y amenazan con enfrentar a las familias mismas, unidad básica de la sociedad.

En efecto, la división ya no es geográfica. Ahora, tras la campaña de odio y azuzamiento de miedos que impulsó el candidato de la derecha, el país está dividido entre la gente bien y los nacos. Así, la gente bien votó por Calderón y observa agradecida el apoyo que le expresara ayer George W. Bush a la democracia mexicana. Los nacos votaron por López Obrador y se encuentran acampando en Reforma y el Zócalo.

En fin, López Obrador tampoco está en un lecho de rosas. Acorralado en su propio discurso ultrancista, no le queda más remedio que mantener su postura radical —e incluso radicalizarla aun más— para no perder su base de apoyo. Para quienes asisten a las asambleas informativas y acampan en Reforma, el resultado de sus esfuerzos no puede ser otro que el acceso de López Obrador a la presidencia.

¿Están engañados? Al parecer sí: el proceso electoral termina formalmente con la proclamación del presidente electo, cosa que recayó en la personita de Calderón. Pretender su renuncia o cualquier otra subversión de las instituciones es regresar a la proclama de las montañas del 1° de enero de 1994, en la que el subcomandante Marcos exigía la dimisión del gobierno federal.

A López Obrador no le ha quedado más remedio que inventar nuevas formas de movilización, conforme se van agotando las tradicionales. Después del plantón, ya tenemos su convocatoria a una convención nacional democrática, a la que quiere heredera de la convención de Aguascalientes con la que, durante la revolución, se trató de reconciliar a los diferentes bandos en pugna. La situación actual, ¡ay!, es mucho más compleja que la de entonces. No estamos viviendo un movimiento armado —y hasta ahora nadie ha hablado de eso, afortunadamente— que pudiera resolverse mediante un acuerdo político, por mucha espíritu de concordia que lo anime.

La situación actual es de crisis política provocada no sólo por el desgarramiento de la sociedad, sino por su enfrentamiento. López Obrador ha quemado sus cartuchos en movilizaciones estériles, en lugar de dirigirlos a consolidar la fuerza de su partido y a imponer sus temas en el programa de gobierno del próximo sexenio. La fuerza de su medio punto de diferencia con el candidato ganador se lo habría permitido. Pero en estos dos meses de protestas aspaventosas, ha despilfarrado buena parte de su apoyo y ahora sólo cuenta con el ala dura. Basta ver los deslindes que se han producido, por ejemplo, entre los diputados perredistas y el mismo gobernador electo de Chiapas, que han pintado su raya con respecto de la postura radical del Peje.

Quizá el destino que le espere a AMLO sea la triste condición a la que se ha visto reducido el subcomediante Marcos: un molesto moscardón que de tanto en tanto lanza proclamas incendiarias, sin encontrar mayor eco en una sociedad entre desencantada y harta, deseosa de encarrilarse en la normalidad institucional, por muy viciada que éste pueda estar.

03 agosto, 2006

La democracia a prueba

Se necesitaría una imparcialidad salomónica ya no sólo para zanjar el diferendo que opone a vastos sectores de la sociedad mexicana, sino tan sólo para emitir una opinión más o menos valedera en esta coyuntura tan delicada del proceso de democratización de nuestro país. La estrategia y la actitud asumida por López Obrador son tan criticadas por unos como admiradas por otros. Lo acusan de mesiánicos, dogmático y autoritario, de “secuestrar” a la capital del país y de recurrir a métodos que le harán perder el apoyo de sus seguidores. Otros lo comparan con Francisco Madero y lo llaman congruente con sus principios y defensor del estado de derecho.

Como suele suceder en estas desavenencias, ambas partes tienen parte de razón, aunque no por ello es posible resolverla, pues lo que está en juego no es una parte, no es “repartible”: los dos campos van por todo y no aceptarían componendas. En la visión aún presidencialista del sistema político mexicano, el poder no se comparte.

Un factor que contribuye a la confusión es que olvidamos que nuestra democracia aún está en pañales y ahora la hemos sometido a una prueba a la que sólo podría responder una democracia madura. No tenemos ni diez años de vivir elecciones no organizadas por el gobierno; estamos aún con el primer presidente que no surgió del partido que rigió la vida política mexicana durante 71 años. Pedirle a nuestra democracia (encarnada en instituciones como el IFE, el TRIFE, etcétera) que resuelva un conflicto causado por una diferencia de poco más de medio punto porcentual equivale a pedirle a un niño de primaria que haga los cálculos estructurales de una presa.

Lástima que la idea de la segunda vuelta electoral haya sido propuesta por Fox, pues así llega al foro de discusiones manchada por la ineptitud que ha mostrado ese señor durante su mandato. Pero en sí no es mala y convendría tenerla en cuenta para la próxima vez. Claro, esto no resuelve el problema actual ni responde a la pregunta que todos nos hacemos: ¿cómo salir de esta crisis?

25 julio, 2006

De voto en voto y de bote en bote

No prendió mi propuesta de nombrar presidente interino a Cuauhtémoc Cárdenas en lo que se organizan nuevas elecciones presidenciales. Lástima, sigo considerando que era una buena forma de matar tres pájaros de una pedrada. Al parecer, el problema es que nadie sabe dónde anda el ingeniero, ¿alguien lo ha visto? Después de haber recibido el encargo de organizar las celebraciones del bicentenario, el Cuate Cárdenas brilla por su ausencia. No ha dicho esta boca es mía en el conflicto postelectoral ni se sabe qué piense del voto por voto. ¿Pues qué tan fastuosa será la celebración que está preparando que lo tiene tan ocupado?

Otro personaje que también nos ha ensordecido con su silencio es el aún denominado presidente Fox. Por lo menos los presidentes priistas, en sus últimos meses de ejercicio, se dedicaban a plazearse inaugurando puentes y presas, en una especie de gira de despedida triunfal. Pero de Vicentico, ni sus luces. ¿Estará dedicado a empacar las toallas de Los Pinos y por eso no tiene tiempo de dar la cara?

Calderón, por su parte, se dedica a vacacionar, nada menos que en Oaxaca, corriendo el riesgo de sufrir un bloqueo por parte de los maestros inconformes. Claro, con la espesa protección con que cuenta, a cargo del estado mayor presidencial, será difícil que se dé cuenta de la situación tan explosiva que se vive en ese estado. Rodeado de guaruras, el chaparrito apenas podrá apreciar el paisaje y cuando mucho podrá retozar en las olas de Huatulco, tal como se revolcó en las cifras del PREP: esperando a la ola que lo pusiera por arriba del pejelagarto.

La situación del país está literalmente color de hormiga, pues precisamente así han calificado al fraude electoral: fraude hormiga, un voto por aquí, otro voto por allá, hasta sumar los famosos 250,000 votos que le hacen sentir al Fecal el derecho de pedir que le abran las puertas de Los Pinos. Pero de grano en grano llena la gallina el buche, aunque esta vez la cantidad, insignificante en promedio, bastó para causarle un empacho al IFE, al grado de que no se ha animado a otorgarle la constancia de triunfo al candidato presuntamente ganador.

De grano en grano por un lado y de voto por voto por el otro, el caso es que aún no tenemos presidente electo y ni asomo de solución en el horizonte. Los nostálgicos añoran los tiempos en que los mexicanos conocíamos el nombre de nuestro próximo presidente hasta ocho meses antes de las elecciones. Y no pocos presumían de ese sistema con el mismo orgullo con que los británicos hablan de su monarquía hereditaria.

En fin, aunque no me hagan caso, mi propuesta de presidente interino sigue en pie, aunque quizá con algún otro personaje, en vista del desinterés del ingeniero por este proceso. Para ello podríamos pensar, por ejemplo, en Robertito Madrazo, en cuyas manos las elecciones que se encargara de organizar estarían por supuesto encima de toda sospecha. Y ya que el arzobispo Norberto Rivera se ofreció de intermediario entre las partes en pugna, podríamos pensar también en él para que ocupara brevemente la máxima silla. Claro, correríamos el riesgo de que, como en la Iglesia los puestos son vitalicios, luego no quisiera separarse del cargo y empezara a instaurar una teocracia a la mexicana. No sé si eso sería peor que la inestabilidad que amenaza al país por falta de presidente electo. En todo caso, contaríamos con la bendición de Dios y eso, en estos tiempos, no deja de ser reconfortante.

14 julio, 2006

Una humilde propuesta

Para calmar las tensiones postelectorales y de paso reparar un añejo agravio, propongo lo siguiente:

Que se declaren nulas las elecciones presidenciales del 2 de julio de este año y se designe (en el Congreso) al Cuate Cárdenas como presidente interino. Digo, para que el Inge se saque la espinita de regresar a Los Pinos y el Peje y el Fecal ya no se anden agarrando del chongo. Solución salomónica, ¿no creen?

Ya pasada la turbulencia se volverían a organizar elecciones (claro, sin tanta campaña, con una semana de repaso tenemos para recordar los insultos y mentiras televisivas), en las que sólo contenderían los dos candidatos que hubieran recibido mayor número de votos en los pasados comicios. O sea, para como van las cosas, Calderón y Madrazo, porque AMLO cada vez que abre la boca le quitan votos y al rato sus "tendencias" se le van a cruzar con las de Madrazo. Y que no le siga porque hasta Campa va a andar superándolo.

En fin, luego inicio una campaña de recolecta de firmas para sustentar mi propuesta. Por lo pronto, pueden dejar su opinión en el cuadrito de comentarios. Y ya me voy al súper a comprarme un vinito para festejar como Dios manda la toma de la Bastilla. ¡Égalité, fraternité y... ¿qué más era? Ah, sí, serenidad y paciencia, mi querido Solín.

13 julio, 2006

Una aclaración necesaria

Tratando de ver las cosas sin que se desborden las pasiones, con toda la objetividad posible y haciendo a un lado los insultos, tenemos que reconocer la necesidad de que nuestro próximo presidente llegue al cargo de manera legítima, sin sombra de duda sobre la autenticidad de su triunfo.

Ni siquiera al mismo Calderón le conviene llegar a Los Pinos manchado por el mismo estigma de Salinas de Gortari. No basta que él y las autoridades electorales tengan la certeza de su triunfo: todo el pueblo necesita estar convencido de su legitimidad, tanto los que votaron por él como los que no. Y en especial los que no votaron. Los cerca de 28 millones de ciudadanos que prefirieron quedarse en casa a ver la repetición de los partidos del Mundial ahora tienen una razón más para justificar su abstencionismo. Los dimes y diretes (y ahora con los videos, hasta los veretes) los reconfortan en su decisión de no participar en un juego tan viciado.

La forma más sencilla de aclarar el panorama postelectoral, claro, es llevar a cabo el recuento de los votos. ¿Que no se puede, que es ilegal, que no hay tiempo? Hasta ahora nadie ha dicho que no se pueda. Es decir, nadie lo ha dicho con la ley en la mano. Enséñenos el artículo de la ley correspondiente que prohíba el recuento y ahí muere la cosa. Si ese recuento depende del arbitrio de los magistrados electorales, entonces que éstos expliquen la causa de su negativa, enmarcándola en las consecuencias tan funestas que está teniendo, sobre todo en la polarización del país.

A estas alturas, cualquier internauta medianamente interesado en el tema ya habrá visto alguna documentación del fraude. Por mi parte he visto varias: una foto de la sábana colocada en la casilla y una captura de pantalla con el resultado del IFE correspondiente a la misma casilla. Adivinen quién sale perjudicado en todos los casos.

En lo personal no he tenido la intención de insultar, aunque viendo las cosas con más calma, descubro que sí lo he hecho y ofrezco mis disculpas por haber caído en la tentación de contestar al fuego con el fuego. Pero es difícil mantener fría la cabeza cuando al fraude electoral y al triunfo robado se le agregan escarnios y mofas, como varias que he visto en la Red y algunas que incluso han tenido el cinismo de enviarme por correo en forma de las detestables presentaciones de Pagüerpoin.

10 julio, 2006

Depresión postelectoral

Tengo que confesar que me siento muy deprimido por la derrota de López Obrador. Ni siquiera con el fraude de 1988, aun más descarado que el de este año, llegué a sentirme tan afectado en lo personal. Quizá se debe a que esta vez las esperanzas eran más altas y, para la mayoría de sus simpatizantes, más reales. Ya se había logrado el “milagro” de sacar al PRI de Los Pinos y la posibilidad de la alternancia tenía bases más sólidas. Y dada la pésima actuación de Fox, todo apuntaba a que esta vez el PAN resentiría el voto de castigo y le cedería el lugar al PRD.

No fue así. Nadie imaginó lo sucia que sería esta campaña electoral (y si lo imaginó, no hizo nada para contrarrestarla). Y la reacción que hubo por parte de la coalición que abanderaba el Peje no sólo fue tardía sino además tibia. De esta manera, la derecha chupacirios logró imponer en una buena proporción de votantes (bueno, al menos en un 0.5% más) la idea de que López Obrador era un populista peligroso para México.

Pero ése no fue el único lema con el que traficaron los negociantes del miedo, por mucho que haya sido manoseado hasta por los articulistas de The Wall Street Journal. El gran éxito de la derecha católica fue haberse conectado con los lodos más ocultos del alma nacional y haber provocado una reacción en contra de López Obrador por considerarlo un “naco”. Y “nacos” son sus seguidores y “nacos” serían quienes votaran por él. En efecto, en este país de nacos, al parecer el peor crimen, delito y pecado es ser naco.

08 julio, 2006

Pregunta a un presidente ilegítimo

Me pregunto qué satisfacción puede sentir alguien que llega a la presidencia montado en el voto de quince millones de descerebrados que se tragaron la campaña del miedo.

07 julio, 2006

Cuando desperté, el PAN seguía ahí.

El Instituto Federal Electoral, del que nos sentíamos orgullosos desde hace unos años, sobre todo aquellos a los que les tocó vivir las elecciones organizadas por la secretaría de Gobernación, ahora se encuentra en el centro de impugnaciones y su legitimidad es objeto de graves dudas.

No podía ser de otro modo. La estadística es una ciencia oculta para el común de las personas. Y nadie entiende ese baile de cifras que hemos presenciado estos días. Primero, los resultados preliminares le dieron continuamente la victoria a Fecal, desde los primeros puntos porcentuales hasta los últimos (conteo que, para aumentar el desconcierto, se detuvo al llegar al 98% de las actas procesadas).

Después, el recuento de actas distritales empezó reconociendo el triunfo del Peje hasta llegar al noveintantos por ciento, momento en que se “cruzaron” las tendencias: Fecal al alza y el Peje a la baja, para quedar definitivamente con una diferencia de 0.58%, que representa poco menos de 250,000 votos.

Nadie puede quedar satisfecho con estos resultados, empezando por el propio Peje, que ya anunció la impugnación a la que tiene derecho y movilizaciones populares para reforzar su demanda. Por desgracia, pienso que ese camino no lo llevará a ningún lado, al menos no a Los Pinos. Aunque sea un instituto ciudadano, el IFE no deja de responder a los intereses oficiales. Y éstos dictan que Fecal continúe el programa neoliberal echado a andar en nuestro país desde el sexenio de Miguel de la Madrid. Acceder a un nuevo recuento y, aun más, a cambiar la decisión anunciada ayer, equivaldría a reconocer un error cosa que, en la lógica autoritaria de la derecha, está fuera de toda posibilidad. En suma, no habrá nuevo recuento y las protestas y movilizaciones populares que encabece el Peje sólo servirán para reforzar la imagen que tiene de él nuestra mezquina clase media: “Ahí están otras vez esos nacos revoltosos”, “Sólo causan caos vial”, “Quieren ganar en la calle lo que no ganaron en las urnas”. Y eso reconfortará su decisión de haber votado por Fecal.

Una última observación: siguen diciendo que las de este año han sido las más reñidas y concurridas “en la historia moderna de México” (al menos eso dijo el consejero presidente del IFE). ¡Vaya caso de amnesia! Reñidas sí, pero, ¿concurridas? En las elecciones del 2000, el abstencionismo fue de 36% y Fox obtuvo el 42.5% de la votación emitida. Ahora, los abstencionistas avanzaron casi cuatro puntos y el candidato declarado ganador obtuvo 35.89%. ¿Dónde están en esas cifras la participación masiva y el entusiasmo ciudadano? Muy por el contrario, apuntalan una tendencia preocupante en el electorado: la indiferencia ante los procesos electorales, provocada por el incumplimiento de las promesas de campaña. Para un creciente sector de la población, los políticos son “una bola de rateros y mentirosos” y su actividad, lejos de despertar emoción, es causa de desconfianza e irritación. Y eso, como se ha cansado de enseñarnos la historia, es el mejor caldo de cultivo para los movimientos extremistas. Y en ese caso, y para estar a tono con la derecha católica que seguirá gobernando al país, tendremos que confiar en que Dios nos agarre confesados.

05 julio, 2006

Decepción en ambos lados del espectro

No resulta exagerado afirmar que todos los mexicanos estamos, con justa razón, decepcionados por los resultados del proceso electoral del domingo pasado. Los partidarios de Fecal se han de sentir abrumados ante la imposibilidad de consumar su fraude sin mayores problemas. De seguro pensaron que el país acataría sumiso, como siempre, las cifras amañadas que le presentaran las autoridades. A estas alturas, ellos pensaban que ya estarían festejando su triunfo, repartiéndose huesos, en una ceremonia cuyas aristas más agudas serían los codazos y zancadillas internas para quedar mejor colocados en el próximo sexenio.

Los partidarios del Peje, por su parte, se sienten despojados de un triunfo legítimo y los memoriosos no dejan de encontrar paralelismos entre el “archivo de inconsistencias” y la “caída del sistema” que dio un fuerte revés al avance democrático del país en 1988.

Podemos obviar las reacciones de la chiquillería, toda vez que en cualquier caso, sus ambiciones se han visto colmadas. El priismo tiene ahora una nueva palanca con la que pretende negociar su precaria subsistencia como tercera fuerza del país. En efecto, la turbulencia de cifras le permitió condicionar su reconocimiento de los resultados oficiales, el cual seguramente le rendirá dividendos. El Panal no podría estar más contento con las cifras preliminares: aseguran su presencia en el congreso más allá del más delirante de sus sueños. Y la “izquierda alternativa” de la señora Mercado ya tiene la tranquilidad de que recibirá un subsidio que le permitirá seguir en el negocio de la política al menos unos años más.

Nada bueno podrá salir del empeño de la autoridad electoral por impedir un recuento claro y satisfactorio para todos. La diferencia entre los candidatos es tan reducida —del orden de 250,000 votos, que representan el 0.6 por ciento— que se vuelve indispensable un recuento lo más minucioso posible, abriendo paquetes y volviendo a contar voto por voto como lo han pedido varios sectores del país. Primero porque no se entiende. Si la ley establece que el recuento voto por voto sólo se realiza en determinadas circunstancias, no podemos entender que la situación actual no justifique un esfuerzo adicional para aclarar las cosas. En segundo lugar, porque la terquedad del consejero presidente tiene un claro beneficiario, lo cual arroja graves dudas sobre la legalidad del proceso.

Y lo que menos necesita ahora el país es un presidente espurio, como lo sería Fecal en caso de ser ungido. Recordemos, sólo a título de ejemplo y sin el ánimo de sembrar miedos, las medidas extremas a las que tuvo que recurrir George W. Bush para legitimar su presencia en la Casa Blanca, tras haber llegado a ella en un proceso (las dos veces, por cierto) igualmente turbio.

03 julio, 2006

Reflexiones postelectorales

Resulta lamentable la actitud de los punteros en la elección mexicana. Uno y otro están montados en su macho y se niegan a bajarse. López Obrador, más claro, prácticamente insinuó que respetaría los resultados anunciados por el IFE si le fueran favorables; en caso contrario, exigiría la revisión minuciosa, “voto por voto”. Fecal no quiso pronunciarse claramente ni en un sentido ni en otro; él simplemente insiste que ya ganó y se niega a contemplar cualquier otra posibilidad.

¿Y la civilidad? ¿El respeto a las instituciones? El IFE se cansó de repetir su exhorto: nada de cifras y especulaciones antes de los resultados oficiales. Como si hubiera dicho lo contrario.

Una duda que le dejo a los expertos en estadística, sociología o mapachería electoral. ¿Realmente la pasada de charola del Panal le dio tan buenos resultados? ¿Más del 4% en el congreso y menos del 1% en la presidencia? Resulta sorprendente que haya habido tanta gente impresionable y susceptible a ese mensaje. “Uno de tres”, no seas malito, ándale, qué te cuesta. Obviamente, nadie ha de conocer el nombre de los agraciados en este sorteo. ¿Quiénes son los candidatos panaleros al congreso? Si el aspirante a la presidencia pasó tan desapercibido, sus acompañantes simplemente quedaron en el anonimato.

Y otra pregunta nomás por joder: ¿de dónde sacaron eso de la "jornada de extraordinaria participación"? Un 40% de abstencionismo le da la verdadera victoria al partido de los desencantados, con amplio margen sobre el 36% de Fecal y el 35% del Peje.

02 julio, 2006

Antes de la tormenta

Haciendo caso omiso de los exhortos del IFE, los partidarios de las dos principales fuerzas políticas empezaron a festejar su triunfo, antes del anuncio oficial de la autoridad electoral. Como hubiéramos podido adivinar de haber tenido más serenidad en el análisis, la elección está muy cerrada y será una diferencia de unos cuantos puntos porcentuales lo que le dé la victoria a cualquiera de los dos candidatos.

Eso no augura nada bueno. Después de una campaña tan virulenta y vitriólica, se hubiera necesitado un margen amplio para sanar las heridas causadas en el combate. La victoria de Calderón (¡Dios nos agarre confesados!) amenaza con echar tierra a todas las trapacerías que se le hallaron al candidato de la derecha católica. Él y sus acólitos podrían respirar tranquilos, pues, por si fuera poco, tendrían mayoría en el congreso y, con ello, manos libres para hacer avanzar su proyecto de vender la nación. Y, claro, de arrojar al olvido las marrullerías de Bribiescas, Hildebrandos y demás zopilotes carroñeros que acompañaron al chupacirios del Fecal en su campaña.

La izquierda, que se vería derrotada por una diferencia mínima, seguramente aumentará las presiones en todos los frentes que controla: organizaciones populares y campesinas que pueden desestabilizar seriamente al país. Sobre todo porque será difícil borrar de su cabeza la noción de que su candidato fue víctima de un fraude. Eso los haría incontrolables aun para las mismas personas que suelen manejar esos movimientos para sacar algún provecho.

Según las cifras del conteo preliminar del IFE a las a las 22:33, con un conteo del 24.26% de las actas, el PAN aventaja con 38.70%, seguido muy de cerca por la Alianza por el Bien de Todos, con el 35.59%. Estas cifras seguramente van a variar y la diferencia será mínima. De hecho, conforme aumenta el número de actas contadas, se ha ido cerrando esa diferencia. Aún es pronto para cantar victoria y sólo podemos esperar que los dirigentes de los partidos implicados conserven la cordura y no lancen a vuelo las campanas triunfales antes de tener los resultados definitivos.

01 julio, 2006

Echeverría en el banquillo

Pecaría de inocente quien se sintiera revindicado por la decisión judicial de dictar arraigo domiciliario contra el ex presidente Luis Echeverría por su responsabilidad en el genocidio de Tlaltelolco. Sin caer en el radicalismo de doña Rosario Ybarra, que denunció la medida como maniobra electorera en contra de López Obrador (en un razonamiento que francamente no entendemos, aseguró que se trataba de una “estrategia para comparar el caso del ex presidente con el de Andrés Manuel López Obrador, y favorecer así el voto del miedo”), tampoco podremos afirmar que se haya servido a la justicia mientras no se aclaren, para plena satisfacción del pueblo, todas las responsabilidades de los participantes en esa tragedia.

Después de 37 años, es natural que habrá casos que queden sin responsabilidad: el de aquellas personas cuya muerte de alguna manera las liberó de la acción de la justicia. Pero no por ello su participación ha de quedar en la obscuridad. Pienso en especial en el entonces presidente Gustavo Díaz Ordaz, a quienes algunos tratan ahora de exonerar de toda culpa, recurriendo a la increíble explicación de que Echeverría actuaba por su cuenta, muchas veces sin informar a su superior.

El caso está todavía demasiado incipiente para poder emitir una opinión, pero sí es posible expresar por lo menos el gusto de que se hayan vencido resistencias y superado prejuicios para emitir esta orden de arresto, aun domiciliario. De culminar este proceso satisfactoriamente, es decir, si se deslindan responsabilidades, como se pedía ya en el famoso pliego petitorio del movimiento estudiantil, se sentaría un precedente de responsabilidad de los funcionarios, por muy altos que fueran. Esperemos que tenga valor ejemplar y que todos se den por aludidos.