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15 febrero, 2008

Regreso a Lost

La huelga del gremio de escritores gringos terminó muy a tiempo para empezar a ver la cuarta temporada de Lost. Si el espectador quedó aturdido por el final de la tercera, el inicio de la cuarta —los tres primeros episodios que se han transmitido hasta ahora— lo dejará totalmente estupefacto.

En efecto, el supuesto rescate que parecía tan sencillo ("Ahorita les mandamos un helicóptero para que los recoja.") se está complicando más allá de toda solución visible, dado que ahora ya estalló abiertamente la rivalidad que siempre opuso a Jack y a John. Por no hablar de la advertencia de Charlie, quien antes de morir en el último episodio de la tercera temporada, le advierte a Desmond que los presuntos rescatistas no son quienes dicen ser.

Estos episodios abren más interrogantes de las que resuelven. Una novedad es que, en lugar de ver los antecedentes de cada personaje entremezclados con el desarrollo de la trama actual en la isla, nos presentan el futuro de algunos de ellos, después de ser rescatados. Pero ese atisbo al "desenlace", lejos de explicar lo sucedido, lo vuelve aun más confuso. ¿Por qué Sayid trabaja para quien trabaja? ¿Por qué Hugo habla con los muertos? ¿Y quiénes son esos que necesitan de su ayuda?

Al igual que en las temporadas anteriores, sólo tenemos una certeza: por cada misterio resuelto aparecen varios más. Ya no queremos saber qué está pasando ahí, sólo pedimos que mantengan el suspenso por muchas temporadas más, con el mismo nivel de maestría con que lo han hecho hasta ahora.

04 febrero, 2008

De la huelga en televisión y otros desvaríos

Hace algunas semanas, mi condición de semi-empleado hizo que se me ocurriera la idea de esquirolear la huelga de los guionistas gringos. En efecto, si ellos pueden darse el lujo de rechazar miles de dólares por un puñado de cuartillas, yo bien podría ofrecerme a recoger algunas de las migajas caídas de la mesa de tan generoso banquete. Sin embargo, como suele sucederme en muchos casos, mi reacción fue lenta y, aunque la huelga todavía está en pie, después de varios meses, ahora soy yo el que no tiene tiempo para dedicarse a afanes creativos.

Lástima, porque al cabo de freírme el cerebro viendo tanta serie gringa en la televisión, ya le había agarrado la onda a varias de ellas y hubiera podido proponer un guión más o menos decoroso.

Por ejemplo, para Dr. House, mi idea iba más o menos así:

Llega un paciente al hospital aquejado de un catarro. House, por supuesto, no le cree y ordena una biopsia. Los varios aspirantes-achichincles se disputan el honor de practicarla y gana el que consigue un kotex usado de Cuddy. Los resultados del examen prueban que el paciente tiene cáncer terminal y que le quedan 72 horas de vida. Foreman refuta los resultados, Cameron los confirma, Chase no sabe qué hacer y Wilson le aconseja a House que invite a cenar a Cuddy pues la junta directiva del hospital está planeando despedirlo, pese a su elevado rating. El paciente sufre una crisis anafiláctica, con lo que descartan el cáncer y diagnostican una reacción alérgica. Cinco minutos antes de que termine el programa, House se da cuenta de que todos los problemas del paciente fueron causados por un hueso de pollo atravesado en la garganta y se lo extrae dándole un coscorrón en la cabeza.

Pues la idea ahí está, por si alguien lector con más tiempo y talento que su servilleta quiere desarrollarla. Por mi parte, estoy pensando seriamente en la posibilidad de declararme en huelga de televisión, en solidaridad con el coleguerío gringo. Mi plan es dejar de ver televisión durante tres meses, a ver si con eso basta para recuperar las neuronas perdidas y hacer algo más productivo con mi tiempo. Y, ¿por qué no?, quizá llegue a pergeñar notas más decentitas para este sufrido bloc.

26 septiembre, 2007

Comunicación en el espacio exterior o cósmico

Cuando de niño veía Perdidos en el espacio y Combate me llamaba la atención la forma en que resolvían los problemas de comunicación entre diferentes razas galácticas y pueblos terrestres. Por lejanas y extrañas que fueran las criaturas con las que se topaba la familia Robinson en el espacio exterior, siempre encontraban que éstas tenían la gentileza de hablarles en su propio idioma o, por lo menos, la inteligencia para fabricarse un traductor automático universal. Claro, esa serie yo la veía doblada al “castellano”, como decían los Robinson que se llamaba el idioma que hablaban en el doblaje.

La serie Combate era otra cosa: ambientada durante la segunda guerra mundial, presentaba el avance por Europa de un escuadrón de la infantería estadounidense. Las misiones, claro, siempre resultaban exitosas, los personajes eran totalmente bidimensionales, los alemanes eran siempre o malísimos o estúpidos, al grado que uno se preguntaba porqué Estados Unidos tardó más de tres años en derrotar a un enemigo tan mentecato.

Esta serie obviamente también estaba doblada al “castellano” y los integrantes del escuadrón gringo lo hablaban con ese perfecto acento neutro que nos ha impuesto Televisa para poder exportar sus bodrios a todo Hispanoparlantitlán. Lo que me llamaba la atención en esa serie es que, mientras que los gringos hablaban español sin pizca de acento, los franceses y alemanes que de repente aparecían en el programa tenían un acento de lo más ridículo (basado en el supuesto de que los franceses pronuncian la erre como ge y los alemanes escupen y gritan al hablar).

De esos tiempos recuerdo otra serie (aunque no recuerdo su nombre), que también se desarrollaba durante la segunda guerra mundial. Ésta tenía la característica de que los alemanes hablaban en alemán, cosa que dejaba en babia al respetable público. ¿Por qué los alemanes sí hablaban en su idioma y a los gringos los doblaban? Misterios de la política editorial de Televisa.

En fin, volviendo al espacio exterior, es de mencionarse la revolución que constituyó para la comunicación intergaláctica la invención del klingon para la serie Viaje a las estrellas. De ésta tengo que hablar de oídas: nunca fui su fan (espero que esta revelación no me cueste a mi base de admiradores trekkies). Este idioma se debe al lingüista Mark Okrand, contratado por la Paramount para crear el idioma y asesorar en su uso a los actores. Años después, Okrand también crearía el idioma que hablan en la Atlántida en la película del mismo nombre de Disney.

Aunque para la serie sólo se necesitaban unas cuantas frases, Okrand se entusiasmó y creó todo el idioma, con gramática y toda la cosa. Después, claro, no faltaron los fans que crearon la Academia del Klingon y se dedicaron a publicar materiales en ese idioma, a falta, supongo, de alguna otra actividad más productiva.

En fin, otra saga que recurre a los idiomas del espacio exterior es La guerra de las galaxias, en la que se habla el galáctico básico que, ¡oh maravilla!, afortunadamente coincide exactamente con el inglés. Así, sus creadores se ahorraron el trabajo de crear la multitud de lenguas necesarias para tan abigarrada historia. No obstante, sí aparecen algunos idiomas, como el huttese, que se habla en Tatooine y alrededores, el shyriiwook, hablado por los wookies, y el dialecto primitivo de los ewoks.

No deja de dar nostalgia el optimismo de esta gente que supone que puede haber un idioma común en toda la galaxia: en el humilde planeta Tierra ni siquiera el inglés puede preciarse de ser “universal” (aunque sus propagandistas afirmen lo contrario). Vamos, la gente no se pone de acuerdo ni por hablar el mismo idioma. Pero cultivar estos idiomas ficticios nos da la sensación de que sería posible lograr el entendimiento, de que puede existir esa utopía de la convivencia entre culturas y pueblos diferentes.

22 septiembre, 2007

Teorías de Lost

Ya anunciaron los productores de Lost que la cuarta temporada va a empezar hasta febrero de 2008. Entre tanto podemos ver las repeticiones de la tercera y dedicarnos a tejer teorías que expliquen lo que estamos viendo pues, la mera verdad, no hay quien entienda qué rayos está pasando en ese extraño lugar.



Una de las teorías más favorecidas es la del purgatorio: se supone que nuestros amigos murieron en el accidente de Oceanica 815 y se encuentran en la isla purgando sus pecados (numerosos, por lo visto). Defendida por teístas y demás fauna de corte religioso, la teoría del purgatorio no explica muchas cosas, por ejemplo, el monstruo en forma de humo que se ha aparecido desde el principio ni, mucho menos, el hecho de que al final de la tercera temporada parezca que por lo menos Jack y Kate están de regreso en Los Ángeles.

Hay otra teoría que podríamos llamar la matrix budista, que propone que la isla es producto de realidad virtual, donde el Proyecto Dharma realizaba experimentos de tipo social y psicológico. Los hostiles (los que asesinan a todos los miembros del proyecto) serían entonces hackers que se apoderaron de la isla. Esta teoría explica más cosas, pero en lo personal le encuentro un inconveniente: sería demasiado simplista que al final nos salieran con que todo era realidad virtual, pues a ese título, puede caber cualquier cosa, desde osos polares hasta caballos negros del pasado. ¿Qué chiste tendría ese deus ex machina cibernético?

Ya puesto a considerar gustos personales, tendría que adelantar aquí mi teoría particular: en realidad, los sobrevivientes del vuelo se encuentran en la isla de Gilligan, por lo que todos sus esfuerzos por escapar de ella serán infructuosos, como lo fueron para el capitán, los esposos Howell, el profesor, Ginger y Mary Ann. Así, los perdidos están condenados a permanecer en la isla hasta que se les acabe el rating (porque por lo visto, las provisiones nunca se les van a acabar) y los productores decidan que ya es hora de darle cuello a la serie. ¿Cómo van a atar al final tantos cabos que han ido dejando sueltos episodio tras episodio? Bueno, ahí ya podrán recurrir a cualquier explicación por muy jalada que parezca pues, habiendo perdido el interés del respetable, a nadie le va a importar que salgan con que todo fue un sueño de Walt.

31 agosto, 2007

Mi queja de la temporada

Mi dicho favorito de todos los tiempos es “mal empieza la semana para el que ahorcan en lunes”. En esa frase intuyo una gran sabiduría oculta. Muy oculta, en realidad, pues llevo años tratando de desentrañar el dicho y no le encuentro dónde.

A veces pienso que esa frase puede aplicarse a otros ámbitos de la vida, y que quizá en eso estribe su sabiduría. Por ejemplo, en tenis podríamos decir que “mal empieza el partido al que le rompen el servicio en el primer juego”.

Y hablando de tenis, ya estamos en la temporada del Abierto de Estados Unidos, o sea que es buen momento de expresar mi eterna queja contra los locutores que tratan de comentar el partido. Aunque para empezar, mi queja sería contra ESPN, por racista y mezquino. Han de suponer los directivos del canal que en América Latina nos interesa ver el partido completo de cualquier jugador con apellido “hispano”, aunque sea tan malo que no figure en la clasificación y nos recete una actuación deplorable. En cambio, de los partidos de las estrellas extranjeras —salvo las excepciones de los primeros diez clasificados— nos dosifican sólo el juego decisivo del set o del partido, y a veces tan sólo el punto ganador.

Y ahora sí, los locutores promovidos a comentaristas y expertos en tenis. ¿Qué se puede decir de ellos? Sus esfuerzos por hacer aparecer “brillante” el juego de los compas latinos son decididamente patéticos, por no hablar de la parcialidad que caracteriza a uno de ellos cuando sube a la cancha alguno de sus compatriotas argentinos. En fin, tampoco queda abierta la posibilidad de oír la transmisión en inglés, pues la parejita que tienen chacaleando en inglés ante el micrófono tampoco se salvaría de una crítica objetiva, si yo fuera capaz de hacerla.

02 agosto, 2007

Tres jinetes del apocalipsis

Hay tres flagelos que azotan inclementes al género humano: la obesidad, la calvicie y la impotencia. Gordos, pelones y frustrados andan por la vida con el casi único objetivo de liberarse de su triste condición. La ciencia, por supuesto, tiene enfiladas sus baterías a la búsqueda de soluciones a estos problemas. Y cuando se han logrados verdaderos resultados, la noticia recorre el mundo como el tradicional reguero de pólvora, haciendo correr los también proverbiales ríos de tinta.

Eso ocurrió, por ejemplo, en 1998 con el lanzamiento del Viagra, primer medicamento que demostradamente remediaba la disfunción eréctil, conocida hasta entonces simplemente como impotencia. Las agencias informativas y los periódicos no dejaron de comentar este sonoro triunfo. ¿Sí funcionaba en realidad? Hasta entonces, los remedios conocidos eran una mezcla de consejas populares, desesperación de los afectados y afán de lucro de charlatanes que proponían todo tipo de remedios “naturales”, en forma de pastillas, ungüentos, hierbas y bebedizos. El sentido común recomendaba prudencia. ¡Y cómo no! Ya en junio de 1998 corrió el rumor de que Sani Abacha, presidente de facto de Nigeria, había muerto en compañía de dos prostitutas a causa de una sobredosis de la novedosa pastillita azul. Pero, fuera de las contraindicaciones de rigor, el Viagra efectivamente funcionaba. Por esas mismas fechas, un psiquiatra me comentaba que él resolvía el 90% de sus casos con Viagra y Prozac, el famoso antidepresivo y personaje central de Prozac Nation, la escalofriante novela autobiográfica de Elizabeth Wurtzel.

Después del Viagra aparecería otro producto, el Cialis, de efectividad igualmente comprobada. Pero cuando éste salió ya no era noticia y su llegada a las boticas pasó desapercibida para la mayoría de la gente: el Viagra ya había penetrado en la cultura popular y su nombre difícilmente será desplazado como sinónimo de potencia sexual.

Ahora bien, ¿ha visto usted, amable lector, publicidad de Viagra o Cialis en la televisión? Es probable, pero el nombre del producto ni siquiera se menciona en los anuncios donde se presenta una pareja de edad madura sonriendo por las mañanas. El anuncio no promueve el producto. Lo que trata de hacer es que el quejoso venza la resistencia a consultar a un especialista. Ya éste se encargará de recomendar la pastilla correspondiente que, por lo demás, no se vende sin receta médica. Y podemos tener la seguridad de que jamás los veremos en los anuncios de telemarketing, en los que, si somos de los primeros cien en llamar, nos dan la oferta del dos por uno. Gracias a eso, tenemos la certeza de que se trata de productos efectivos, seguros, elaborados por empresas respetables (aunque las farmacéuticas tengan su cola que le pisen) y de que no caeremos en manos de charlatanes que quieren exprimir económicamente nuestras angustias.

Así, uno de los tres flagelos ha sido derrotado. ¿Qué hay de los otros dos? ¡Ay! Por desgracia, en ese campo, donde la ciencia no puede ofrecernos remedios efectivos, son los charlatanes los que prevalecen. La televisión está poblada de los remedios más dispares para combatir el peso de más y el pelo de menos. Todos ellos, claro está, cuentan por único aval con el afán de lucro de sus respectivos mercaderes. Pese a que todos hablan de “estudios clínicos independientes”, ninguno menciona uno solo en concreto. La mayoría de esos productos proceden de Estados Unidos, pero ni por eso escuchamos mención alguna a la necesaria autorización de la FDA para comercializar la marranilla que nos quieren enjaretar, casi siempre por varios cientos de pesos. Ni una sola mención a universidades o publicaciones que sustenten las extravagantes afirmaciones de los anunciantes: pérdida de peso en tres semanas sin dieta ni ejercicios, ganancia de cabello en un mes con una sola aplicación. La prensa, por su parte, también guarda silencio sobre estos extraordinarios productos, lo que resulta inexplicable si recordamos el revuelo armado en torno del Viagra.

Pero según los mercachifles de la televisión, los gordos y los calvos ya no tienen razón de ser, al menos los que puedan desemboslar las estratosféricas cantidades que piden por sus embustes. Y toda esa publicidad engañosa, claro, se trasmite las 24 horas a ciencia y paciencia de las autoridades, que no mueven un solo dedo para impedir que se siga estafando a gordos y pelones desesperados.

18 julio, 2007

Preguntas de un televidente desconcertado

¿Por qué los investigadores y detectives de la policía, cuando revisan una casa, siempre lo hacen de noche y a obscuras? ¿Será para lucir su linternita? ¿Existe la costumbre de cortar la electricidad en la escena del crimen, pues la compañía de luz sabe que el muerto ya no le va a pagar el recibo? Y si es de día, siempre habrá espesas cortinas y persianas que bloqueen la luz del sol y nunca, pero nunca jamás nuncamente, a ningún policía se le ocurre abrirlas para ver bien a la hora de buscar pistas.

¿Los fabricantes de papel higiénico saben algo que no nos quieren decir por pudor? ¿O qué ventajas tiene la vitamina E en el papel culot? ¿Y qué perversión esconde esa chava que se ofrece a acompañar al baño a cualquier desconocido, ya sea hombre, mujer o quimera?

Veo un auto que trepa por los edificios con más soltura de la que hace gala mi cochecito para subir por las empinadas calles de Cuernavaca. Pero en letras chiquitas me advierten que ese anuncio sólo es válido en la república mexicana. ¿Por qué? ¿Si nos vamos en ese coche a El Salvador no podremos trepar los edificios de allá?

¿Realmente somos todos tan apestosos o por qué insisten en anunciarnos tanto jabón, desodorante, perfume y demás desapestantes?

El marciano que quisiera estudiar a la raza humana basándose en lo que viera por la televisión, llegaría a la conclusión de que las piernas sólo sirven para mover los pedales del coche, la boca, para hablar por celular y las orejas para traer enchufado un aparato para oír música. Eso descarta, ipso facto, la vida en otros planetas, pues cualquier otra raza ya habría llegado a la conclusión de que los humanos somos fácilmente manipulables y nos habría invadido desde cuándo.