28 enero, 2004

¿Píldora para la cruda?


Leo por ahí que existe gran controversia sobre algo que llaman píldora del día siguiente y pienso con tristeza que por fin inventaron un remedio clínico contra la cruda, justamente cuando ya no lo necesito, pues mi abstención del alcohol me hace inmune a la también llamada resaca.


Pero la intervención del Episcopado y de ProVida me hace dudar: ¿Qué tienen estos santos varones en contra de que un ciudadano se baje de la cruz para ir a trabajar entre semana, como solía yo pedir a gritos cuando militaba en el periodismo? Leo con más atención y rectifico: se trata más bien de un método de anticoncepción hormonal postcoital, o sea, una píldora anticonceptiva para desmemoriados. Y el revuelo lo causa el hecho de que la Secretaría de Salud la haya incluido en sus métodos de planificación familiar.


Por lo visto hay gente que no aprende ni en cabeza propia. Después de la campaña de publicidad montada por algunos sectores de la Iglesia y de ProVida en favor de El crimen del padre Amaro (levanten la mano quienes hubieran visto esa película de no ser por el escándalo que armaron), por mencionar sólo uno de los más recientes éxitos de estos publirrelacionistas, ¿aún siguen pensando que es posible oponerse a gritos y sombrerazos (o con amenazas de excomunión) a una medida del gobierno o de la sociedad civil?


Es muy fácil criticar el obscurantismo de la Iglesia y de sus secuaces. De hecho, esas críticas constituyen toda una industria que hace florecer a periódicos "progresistas" y a movimientos abanderados de cuanta causa de avanzada sea dable imaginar. Lo difícil es liberarse de la tutela de esa institución y no permitir que sus posturas influyan en las nuestras, ni en sentido favorable ni en el adverso.


Es decir, la Iglesia sigue constiuyendo el punto de referencia clave en muchos temas vitales del hombre y de la sociedad. Y solemos adoptar nuestra posición ya sea en favor o en contra de dicho punto. ¿No podemos pensar por nuestra cuenta? ¿No podemos analizar nuestra postura respecto de la anticoncepción en forma independiente de los patrones moralistas impuestos por el clero?


Sí, la vida cotidiana se ha deslizado hacia el laicismo. La religión y la Iglesia ya no tienen tanta influencia como la tenían digamos hace un siglo. Pero los tabúes, prejuicios y demás recetas impuestas para adquirir nuestra parcela en el paraíso siguen vigentes cuando se trata de algo más que decidir si ir o no ir a la misa del domingo, si rezar en latín o en español, si comulgar los viernes primero, si ayunar en Cuaresma o usar velo (las mujeres) dentro de las iglesias.


Hay una frase del mismo cristianismo que podría volverse en su contra, de llegarse a aplicar: La verdad os hará libres.


No hay comentarios.: