
Y también como era de esperarse, Serbia ya anunció su oposición a esta medida, secundada por Rusia. Pero la verdad es que Rusia lleva un doble juego aquí, pues aunque teóricamente se opone a la separación de Kosovo, en la práctica también le conviene que se rompa con el principio de la "inviolibilidad de las fronteras", sobre todo si no es a sus costillas y se hace a instancias de la potencia rival.
En efecto, Rusia tiene intereses en regiones fuera de sus fronteras y no vería con malos ojos que éstas se independizaran. En especial en Osetia del Sur y en Abjasia, en Georgia, que, por cierto, después de la proclamación de la independencia de Kosovo, no tardaron en expresar su deseo de separarase a su vez de esa república caucasiana. Por lo pronto ya pidieron a Rusia y a Naciones Unidas que reconozcan su independencia, citando por supuesto el antecedente de Kosovo.
Pero también está Transnistria, una región separatista de Moldavia donde predominan los rusófonos, y que desde 1990 declaró su independencia, pues el gobierno de Chisinau andaba coqueteando con la idea de anexarse a Rumania. Moldavia proclamó al rumano idioma oficial del país, cosa que no le cayó en gracia al 29% de ucranianos y 30% de rusos que viven ahí. Ahora, Transnistria es en la práctica una región de Moldavia ocupada por el XIV ejército ruso. No le caería nada mal a Moscú que esta independencia fuera reconocida con la misma facilidad que la de Kosovo.
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