22 octubre, 2006

Vicisitudes de un traductor

Como traductor, pero sobre todo como ser humano, no pocas veces he sentido envidia del trabajo que tienen los traductores de la televisión. Verán: yo estoy sujeto a críticas y hasta reprimendas por mi trabajo. Por ejemplo, hace tiempo traduje un folleto para una empresa llantera, y después de entregarlo, el gerente de la empresa me mandó llamar para hacerme algunas "observaciones". Resultó que su esposa acababa de regresar de Disneyworld en Orlando, y con esas credenciales se sintió con derecho de señalarle a su marido los errores de mi traducción. Al son del "que paga manda", tuve que apechugar sus críticas y cambiar los "sin embargo" por los "no obstante", que eran más del gusto de la mujer.

Pero en la televisión yo veo que las cosas son más fáciles para los traductores. Para empezar, no han de pedir experiencia pues las versiones que nos asestan francamente son para llorar. No es tanto el español neutro que quieren usar, en donde no hay borrachos sino ebrios, y donde hay cocheras, pero no coches. No, me refiero a la simple congruencia en la transcripción de los nombres propios. Los fanes de Seinfeld sabrán a qué me refiero. El apellido de Elaine Benes nunca apareció dos veces escrito de la misma forma; tampoco el nombre de las editoriales donde trabajaba (Viking Press apareció alguna vez como "Prensa Vikinga" y, en otra, como "Biking Press").

Quien sea capaz de entender el audio y leer al mismo tiempo los subtítulos de una serie conoce el fenómeno: suele haber un defasamiento abismal entre lo que se oye y lo que se lee. Y quien esté atenido sólo a los subtítulos, muchas veces se queda sin entender la causa de tanta risa.

Los anuncios con que nos atosigan a cada rato se cuecen aparte. ¿Han visto el de una mesita que se vende a un "increíble bajo precio"? Les aseguro que si yo me atreviera a entregar una traducción de esa calidad a cualquier cliente, al día siguiente me quedaría sin chamba. Pero ellos, los afortunados traductores de la televisión, por muy poco que les paguen, sin duda hacen su agosto todo el año. Con esa calidad es posible sacar cuartilla tras cuartilla como si fueran enchiladas, rápido y sin esfuerzo, y seguramente el día de pago reciben un jugoso cheque a cambio de la holganza de las neuronas.

Si alguien sabe cómo conectar una chambita de ésas, agradeceré cualquier informe.

21 octubre, 2006

Corrección

La otra vez exageré al afirmar que en la actualidad todos usan Microsoft Word. En realidad sigue habiendo otros modelos de procesador de texto. Lo que sí puedo asegurar es que el formato de Word, el famoso .doc es el estándar de facto.

En efecto, todo mundo se siente con el derecho de pasarnos un documento en Word, sin siquiera preguntar si somos clientes de Microsoft Office. Da por hecho que lo tenemos y, la mayoría de la gente supongo que ni siquiera se cuestiona esa situación.

Pero aparte de Microsoft Office existen otras opciones igual de eficientes (o quizá aún más, pero por el momento evitemos las comparaciones, que ya sabemos que son odiosas).

Recientemente descargué una versión de prueba de WordPerfect Office X3, y he de confesar que me vi obligado a tragarme mis palabras. WordPerfect X3 no es ningún lastimero clon de Word, como dije basándome en una versión anterior.




Con una substancial diferencia en precio (Microsoft Office cuesta alrededor de 400 dólares; WordPerfect Office cuesta unos 250), la suite manejada ahora por Corel podría darle un buen susto a Bill Gates, si la gente fuera capaz de imaginar que hay vida después de Microsoft.

Además de su abanderado WordPerfect, la suite cuenta con la hoja de cálculo QuatroPro y el programa de presentaciones Presentations. Trae además un cliente de correo, WordPerfect Mail (con manejador de directorio y agenda) que por sí mismo justificaría comprar toda la suite, aunque tiene la ventaja de que se vende por separado (29 dólares).

Una ventaja que quizá pocos le vean a WordPerfect X3 es la increíble variedad de filtros de que dispone. Y digo pocos, pues no creo que a mucha gente le interese leer y escribir en formato de Ami Pro, DisplayWrite, OfficeWrite, Multimate, Volkswriter, WordStar, XyWrite o texto simple en MS-DOS. Pero para quienes tengan esta necesidad, WordPerfect resulta fundamental, pues los arrogantes de Microsoft, al menos en la versión básica de Office 2003 que yo tengo, no ofrecen más que unos cuantos filtros, y ninguno para algo que no sea Windows.

Claro, también está la opción del OpenOffice, sobre todo para quienes no quieran desembolsar un centavo. Esta suite, que tiene procesador de textos, hoja de cálculo, programa de presentaciones, de base de datos y de dibujo, resulta también un buen rival de la de Microsoft. Su problema es que el soporte no es muy bueno, su configuración es demasiado complicada e instalar los diccionarios en español es todo un circo. A fin de cuentas, como dicen los gringos, “what you pay is what you get” y el hecho de que OpenOffice sea producto del trabajo voluntario de mucha gente le resta estabilidad y, sobre todo confiabilidad.

Viéndolo bien, no es exagerado decir que Word ha acaparado el mercado de los procesadores de texto, al menos en lo que se refiere a su formato. Sí, todos nos pasan documentos de Word con la confianza de que los podremos leer. Y tienen razón. Todos los procesadores modernos cuentan con la posibilidad no sólo de leer documentos de Word, sino también de guardarlos en ese formato. El punto doc es el estándar y se necesitarían conocimientos más profundos que los míos para determinar si es el mejor. Lo que sí puedo asegurar, por mi experiencia, es que ese formato es excesivamente pesado. Un documento en Word de unas 35 cuartillas puede llegar a medir más de un mega, si es que trae tablas. Su equivalente en formato RTF, por ejemplo se reduce a la mitad o la tercera parte.

Y vuelvo a lo mismo: el monopolio de Word en este mercado, si bien ha facilitado las cosas al establecer una norma, ha impedido que esta norma sea la más eficiente.

20 octubre, 2006

Tercer aniversario

Hace tres años empecé con este librillo de memorias, como quieren los enterados que llamemos a esta colección de reflexiones, divagaciones y dislates que, de algún modo, permitirían conocer al autor, si alguien se tomara la molestia de leerlo por completo, tratando de entender lo que pasa por la mente de un desconocido al que se pretende definir mediante listas de preferencias.

No han sido tres años continuos: por unos meses, a principios de este año, abandoné estos afanes, un poco por desidia, otro poco por convencimiento de que no tenía nada qué decir, y un mucho por el desaliento que me provocaba ver, según el servicio de estadísticas, que la mayoría de los lectores llegaban en búsqueda de determinado charlatán. En efecto, hace ya más de dos años cometí el error de citar por nombre a quien se hace pasar por experto en lo paranormal, en visitas de extraterrestres y demás mafufadas. Eso bastó para que aquí cayeran los incautos que, no contentos con verlo en la televisión, querían leerlo en la red. Acabé eliminando esa entrada para evitar esas indeseables visitas.

Si me detuviera a examinar mis notas, vería que éstas giran mayormente en torno de unos cuantos temas, los cuales constituirían mi "mapa mental": el esperanto, las relaciones internacionales, la política mexicana, la religión y el pensamiento mágico. Cada uno de ellos está fincado en experiencias bien concretas de mi vida. Aprendí esperanto a los quince años y lo sigo practicando treinta y ocho años después; mi vida profesional como periodista se ha centrado en la información internacional: fui subjefe de esa sección en Excélsior y las poquísimas veces que ejercí como reportero lo hice en el extranjero. La situación de mi país me afecta naturalmente por vivir en él.

La religión y el pensamiento mágico son dos temas que cada vez estoy más tentado a considerar como uno solo. Entre la teología y la astrología no percibo diferencias más que de forma. En el fondo, ambas construcciones apuntan a lo mismo: apaciguar los miedos del individuo ante los misterios de lo desconocido. La diferencia entre ir a misa e ir a que nos lean las cartas sólo es aparente.

El título de estas memorias quiere resumir lo anterior. Ya lo he dicho, pero ahora es pertinente repetirlo: hoy no es un buen día para ir al cielo. Vivamos aquí en la Tierra sin pensar en que hay un cielo que sabrá recompensar los sufrimientos padecidos. Si sabemos realizar todoas las promesas contenidas en nuestra humanidad, veremos que el cielo que nos tienen prometido está aquí mismo, en la Tierra. Pues, como dice el hermetista, lo que está arriba es como lo que está abajo, para que se cumpla el milagro de los mundos.

19 octubre, 2006

La basura

Hace tiempo, alguien me comentó que una amiga era tan escrupulosa en materia ambiental, que incluso lavaba la basura antes de tirarla. Luego la aludida se encargó de matizar y explicar el dicho: en el pueblo donde vive, Tepoztlán, le cobran por recogerle cada bolsa, así que a fin de ahorrar, procura racionalizar al máximo su producción de basura. Y aseguró que sacaba apenas una bolsa a la semana. "Y una bolsa chica", precisó. "No creas que de esas tamaño jumbo."

Debo de confesar que me dio un poco de envidia. Sin poder decir porqué, yo producía casi una bolsa de basura al día. Y aunque nunca he tenido conciencia ecológica, sí me parecía, desde antes de oír el comentario de mi amiga, que no era normal que una casa de dos personas produjera tanta basura.

Pero, como digo, mi falta de conciencia ecológica me impidió ahondar más en el tema y, sobre todo, tomar alguna medida correctiva.

Desde hace varias semanas, Cuernavaca padece del problema de la basura: ésta se acumula en las calles lo que naturalmente ha agravado esta temporada de gripe y problemas respiratorios. Así, los habitantes de la sufrida capital morelense nos hemos visto obligados, volis nolis, a racionalizar nuestra producción de basura.

Ahora puedo decir con satisfacción que esta semana, cuando empecé con la famosa separación de basura orgánica e inorgánica, no ha sacado más que tras cuartas partes de una bolsa. La orgánica, por lo demás, la estoy juntando en una bolsa aparte, con la idea de hacer composta para el jardín (cosa de cuya efectividad no estoy muy seguro, pues tengo entendido que la composta no sólo está formada por restos de comida y posos de café), y no llevo ni la cuarta parte de una bolsa pequeña.

Me volvió a la mente el comentario de que mi amiga lavaba la basura cuando ayer me descubrí lavando un cartón de leche, antes de aplanarlo cuidadosamente, para evitar que la leche descompuesta fuera a invadir mi bolsa de basura inorgánica.

No se vislumbra la solución al problema de la basura en Cuernavaca. Al menos desde mi molino, la situación parece tan paralizada como cuando empezó y las declaraciones escuchadas no permiten cobijar esperanzas. Quizá sea una característica distintiva de estos gobiernos panistas. Supongo que nadie ha olvidado los quince minutos en que Fox resolvería el problema de Chiapas. Ahora dice que la crisis de Oaxaca se resolverá "antes de que termine el sexenio". Espero que se refiera al suyo y no al del espurio Fecal, que llegará a la silla aun más atado de manos que Chente.

17 octubre, 2006

Del día de Muertos al Halloween

Es frecuente escuchar la queja de que la celebración del Halloween está desplazando a nuestro mexicanísimo día de los Muertos, y de que se trata de una costumbre reciente, producto de la influencia gringa.

No sé se qué entienda por “reciente”, pero al menos en mi caso, ya hace más de cuarenta años que salía con un grupo de amigos a “pedir mi Halloween” por las calles de la colonia Clavería. Y no es que nos disfrazáramos de "mostros", sino simplemente íbamos vestidos de fachas, cosa muy disfrutable para mí, deleitado en poder celebrar una fiesta sin tener que peinarme con fijapelo ni ponerme mi traje dominguero.

Sin embargo, estábamos conscientes de que se trataba de una fiesta gringa, cosa que en ese tiempo no nos producía ningún escozor. Tampoco sentía el remordimiento de estar desplazando la tradición del día de Muertos, ya que ni en mi familia, ni en ninguna otra que conociera, existía la costumbre de celebrarlo.

Veintitantos años después, me tocaría ver a mis hijos salir disfrazados a pedir su Halloween. Aunque en la primaria en que estaban, el colegio Luis Vives, hacían mucho hincapié en el día de Muertos, levantando altares y poniendo ofrendas, mis hijos no se dejaban lavar el cerebro con propaganda nacionalista: simplemente querían sus dulces.

Y si vuelvo a avanzar otros veinte años en la historia, me encuentro ahora, viviendo en un medio rural, donde la noche del 31 de octubre y todavía las dos siguientes, los chiquillos (y las chiquillas también, claro, para decirlo al modo de los tiempos) llegan a mi puerta a pedir "su calaverita". Hace ya varios años, interpelado en la calle por un niño para que "le diera su calaverita", recuerdo haberle respondido que él ya la traía adentro de la cabeza. La pobre criatura se me quedó viendo sin entender a qué me refería yo. Me causó tanta gracia que acabé poniéndole algunas monedas en la calabaza de plástico que llevaba en la mano.

Supongo que la difusión de la celebración del Halloween en nuestro país es sintomática de muchas cosas, la más evidente, la penetración de la cultura anglosajona en las costumbres de nuestra sociedad. No podría decir que eso es malo en sí mismo: es apenas la rama de un árbol muy frondoso y esforzarnos por cortarla haría que perdiéramos de vista aspectos más centrales, los cuales requieren más análisis que el que yo pudiera hacer.

Parto de la hipótesis de que no es imposible la coexistencia de tradiciones opuestas. En efecto, la celebración de la víspera de Todos los Santos tiene connotaciones lúgubres y está basada en el miedo a la muerte. Es una fiesta tétrica y horripilante, de ahí los disfraces que se llevan esa noche. La del día de Muertos, paradójicamente, es un homenaje a la vida, aunque esté basado en el rechazo de la noción de la muerte: nuestros seres queridos no nos abandonan del todo, pues por lo menos esa noche regresan a compartir con nosotros las ofrendas.




Regreso a mi tema: es posible la diversidad, no como signo de colonización, sino de apertura a otras culturas, de saludable fusión de ideas, de comprensión de otros modos de percibir el mundo. A fin de cuentas, la identidad mexicana es más que una fiesta. Y podemos tener la seguridad de que nuestros muertos no se van a volver a morir porque nosotros celebremos una fiesta que, después de todo, es más para los niños que otra cosa.

14 octubre, 2006

La guerra de los procesadores

Para quien no haya vivido le guerra de los procesadores de texto de fines de los ochenta a principios de los noventa (fue una guerra breve, como se ve), quizá resulte difícil entender la pasión y el fanatismo con que cada usuario defendía su decisión personal.

Como ya he dicho, yo militaba en las huestes del XyWrite, primero por necesidad, después por gusto. Pero entre mis conocidos había usuarios de la gama más variada de procesadores de texto. Word y WordPerfect eran de los más usados entre gente "seria"; el WordStar era el caballito de batalla de los estudiantes. El XyWrite era poco conocido en el medio en que yo me movía, pero había otros más obscuros, como el VolksWriter y el ProPalabras, los cuales nunca tuve ocasión de ver en funcionamiento.


WordPerfect 5


XyWrite IV


Después de varios años de estar trabajando para Kodak prácticamente sin interrupción, de pronto resultó que "ya no había trabajo". Nunca supe exactamente la razón de que se agotara, pero se dijo que había habido un cambio en el departamento de publicaciones, y el nuevo jefe había traído a su propia gente. Lamenté la pérdida, pues el tema de la fotografía siempre me había interesado, la paga era buena y puntual y yo ya me había acostumbrado en cierto modo a ese ritmo de trabajo.

Poco después pude conectar otro trabajo en Selecciones, no para la revista, sino para la sección de libros. Era buena chamba pero tenía un pero: ahí había que entregar el trabajo en Word.

La transición de XyWrite a Word fue traumática. Como había que entregar el trabajo a la vez impreso y en disquete, la impresión en Word se me hacía de lo más difícil: de pronto las hojas continuas empezaban a defasarse de la impresión y tres o cuatro páginas después, la página ya empezaba a media hoja. Desesperado por no encontrar la forma de imprimir en Word, descubrí un truco: podía trabajar e imprimir en XyWrite y con tan sólo ponerle extensión .doc al documento, entregarlo como si fuera Word.

Así trabajé varios meses, hasta que una vez un amigo que vendía computadoras me preguntó que si podía dar un curso de Word. Acababa de hacer una venta importante de equipo al Banco Ejidal, pero el contrato lo obligaba a dar capacitación en varios programas, uno de ellos, Word. La paga era muy buena, así que dije que sí. Tuve tres semanas para conseguir libros y manuales de Word para aprender a usarlo y armar el curso. Impartí dos cursos, uno en Puebla y otro en Mazatlán, éste con más éxito que aquél, gracias a la experiencia. Aunque la versión de Word era para Unix, su funcionamiento era exactamento igual que en MS-DOS, así que en realidad sólo tuve que aprender algunos comandos básicos de Unix para dar el curso.

Después de esos cursos, claro, mi relación con Word (en su versión 5.1 para MS-DOS) cambió por completo. Haberlo aprendido al grado de poder enseñarlo me permitió hacer cosas que ni me imaginaba que se podían hacer, en especial las macros, tema que en XyWrite conocería mucho después. Así me declaré ferviente partidario de Word y, en cierto modo, contribuí a su posterior hegemonía.


Word 5.5

En una ocasión me llamaron de Editorial Interamericana para que les impartiera un curso de Word a sus colaboradores. Tenían una plantilla de diez a quince traductores y revisores, cada uno de los cuales entregaba el trabajo en el procesador de su preferencia. Aunque los editores pedían que les entregaran el trabajo en formato ASCII, éste no permitían definir formatos tan elementales como negritas y cursivas, por lo que el trabajo se les complicaba. Por ello, decidieron uniformar a todos con Word, de lo cual yo me encargué en un curso relámpago impartido en dos o tres fines de semana.

Ese curso fue un heraldo de lo que ocurriría después. La abigarrada variedad de procesadores de texto, cada uno con sus ventajas y desventajas particulares, satisfacía las necesidades de una variedad también muy amplia de usuarios. Los que se dedicaban a tareas tipográficas, por ejemplo, tenían el TeX (del cual sólo oí maravillas por parte de sus usuarios); periodistas y escritores contaban con el XyWrite, el Word y el WordPerfect; para aplicaciones más sencillas estaba el WordStar.

Pero el advenimiento de Windows habría de cambiar ese panorama. No todos los procesadores pudieron dar el salto de MS-DOS al nuevo ambiente gráfico. Y los pocos que pudieron, no lograron hacer frente a la monopólica situación en la que se vio Word, como príncipe heredero en su condición de hijo directo de Microsoft, emperador de las PC.

XyWrite llegó a ofrecer una versión para Windows, pero muy poco después, la empresa que lo producía, XyQuest, fue víctima de una obscura maniobra de IBM y desapareció de la escena. WordPerfect en su versión para Windows era un lastimero clon de Word para Windows (cosa que, por lo demás, puede decirse de cualquiera, ya que la interfaz windowsiana uniformiza y aplana todo) y después de presentar un combate desigual, se retiró a tristear en un rincón, absorbido por Corel. Tuve ocasión de verlo hace unos años, en un disco que venía de regalo en la compra de una computadora. Me dio tanta lástima que no quise instalarlo ni por curiosidad.

A Word para Windows lo conocí desde su versión 1.0. Se me hizo tan insoportablemente lento y estorboso, lleno de adornos innecesarios, que acabé desinstalándolo para regresarme a la versión 5.1 para MS-DOS. La versión 2 sólo me ofreció la sorpresa de que ya podía acentuar las mayúsculas, pero no se me hizo suficiente para adoptarla. De ahí, Microsoft se saltó hasta la versión 6, la cual tengo que reconocer que fue la primera de Windows que me convenció para dejar de usar la de MS-DOS. Ya tenía la función de autocorrección (que, por cierto, XyWrite tenía desde hacía más de diez años) y creo que eso fue lo que hizo que me decidiera a usarlo.

Poco después Word se incorporó a la suite Office y dejó de ser un programa independiente. Su interfaz, sin embargo, se mantuvo más o menos constante a lo largo de las sucesivas versiones. Para principios del próximo año está programada la salida de Office 2007, de la cual ya circula su versión beta. En lo personal, esta versión se me hace desesperadamente lenta, no sé si porque sea beta o porque así vaya a ser en su versión definitiva. Además, su interfaz sufrió una transformación tan radical, que el usuario se las ve negras para encontrar las funciones que necesita. No entraré en su descripción; baste decir que desapareció la barra de menús, la cual fue reemplazada por una enorme área que, en diversas pestañas, contiene los comandos directos. Dirán que la ventaja es que no hay que abrir los menús, pero de todos modos hay que estar cambiándose de pestaña para encontrar la función que queremos. Además, esas pestañas ocupan demasiado espacio y no hay manera de quitarlas de la vista.


Word 2007 beta


Cuando la guerra de procesadores estaba en su apogeo, recuerdo que yo tenía una frase para evitar la tan infantil discusión de que "mi procesador es mejor que el tuyo". Yo pensaba, y a la fecha sigo pensándolo, que el mejor procesador es el que conocemos mejor. Eso vale para cualquier programa, claro, pero como pueden ver, mi tema han sido los procesadores de palabras. Sin embargo, por muy sabias que puedan parecer esas palabras, he de reconocer que ya no tienen vigencia. Ahora todo mundo usa Word para Windows (e incluso resulta ocioso precisar que es para Windows, cuanto que ya nadie usa MS-DOS). Ya no es posible decir que es el mejor o el peor: sencillamente es el único. Y esa pérdida de diversidad, en ese campo como en cualquier otro, resulta verdaderamente lamentable.

13 octubre, 2006

Un premio con zape

Caro le están cobrando a Turquía su pretensión de ser europea. Además de las reformas estrucuturales internas —cuyos resultados aún no están siquiera en el horizonte—, los turcos se han visto obligados a aceptar una serie de valores que para muchos de ellos no tienen nada que ver con su idiosincracia.

El tema de la masacre de armenios de 1915 es un buen ejemplo. Más de un millón de armenios perecieron de 1915 a 1917, con toda evidencia como parte de un plan deliberado del gobierno otomano. Turquía, como heredera del imperio otomano, niega que esas muertes hayan sido planeadas y las atribuye a rivalidades internas y a calamidades inherentes de la guerra que en esa época devastaba a Europa.

Pero no sólo niega que se haya tratado de un genocidio, como señalan algunos países, sino que ha convertido el tema en parte de su identidad nacional. Así, hablar del genocidio armenio en Turquía equivale, en virtud de una ley aprobada en junio de 2005, a alta traición. Fue por eso que al recién laureado Orhan Pamuk se le abrió un juicio en diciembre de ese año. El escritor declaró a un periódico suizo que en Turquía casi nadie se atrevía a hablar del genocidio armenio. La presión internacional logró que Pamuk fuera absuelto en enero de este año. Para documentar esta aberración, debemos agregar que las declaraciones las hizo en febrero de 2005; es decir, que la ley de junio se le aplicó en forma retroactiva.




Pamuk también se pronunció en contra de la fatwa lanzada contra su colega Salman Rushdie y colaboró con Arthur Miller y Harold Pinter en un reporte sobre la situación de los derechos humanos en su país. Aunque él se define como "nabokoviano" y "proustiano" —es decir, que aborrece la politización de la literatura— su obra ha girado en torno de las tensiones entre Oriente y Occidente, tan bien representadas en Turquía debido a su situación geográfica.

El apolitismo es una forma de hacer política, como lo demostraron los abstencionistas en las elecciones de julio en México, y el mensaje de Pamuk en ese sentido es claro: apartarse de la política equivale a condenarla por no estar de acuerdo con ella. Por lo demás, el escritor participa activamente en la campaña para convencer a sus compatriotas de las bondades de integrarse a la Unión Europea, causa de la que sí está convencido.

Otro revés sufrido por Ankara en sus aspiraciones europeas fue la decisión de Francia de tipificar como delito la negación del genocidio armenio, tal como ya se había hecho con el de los judíos, en Francia y en otros países. Esto significa que no podrán publicarse en Francia libros que promuevan la postura oficial turca. En esta decisión, claro, no sólo entra el deseo de revindicar la memoria del millón de víctimas armenias. Pese a lo que diga Jacques Chirac de dientes para afuera, Francia es hostil al ingreso de Turquía en la Unión Europea. Tener en la frontera oriental a un aliado tan incondicional de Washington como es Ankara no puede más que inquietar a París, celoso guardián de la identidad europea, amenazada por la hegemonía estadounidense.

En fin, si alguien dudaba que el premio Nobel de literatura tuviera connotaciones políticas, ahora ya tiene la prueba. Sin desdeñar por un momento la calidad y el valor de su obra, el premio adjudicado este jueves a Orhan Pamuk es también un zape al gobierno turco para que, de una vez por todas, ponga en orden su pasado y pueda hacer planes para el futuro.

17 septiembre, 2006

Ratzinger y las avispas

Queriendo hacer gala de su erudición histórica, el papa Benedicto XVI incurrió en la ira del mundo musulmán al citar durante su viaje a Alemania las palabras del emperador bizantino Manuel II Paleologo (1350-1425). Éste, en un debate con un académico persa, afirmó: "Muéstrame qué de nuevo haya aportado Mahoma, y sólo encontrarás cosas malas e inhumanas, como su instrucción de difundir por la espada la fe que predicaba."

Pero toda su erudición no le alcanzó a Benedicto XVI para: a) Dejar bien claro que eran palabras pronunciadas hace seis siglos, no suyas; b) Comprender que no venía al caso esa cita cuando estaba hablando del tema de la trascendencia; c) Darse cuenta de que los prejuicios de un emperador bizantino que vio su imperio mermado a costa del avance del islam ya no tienen ninguna conexión con el mundo actual; d) Tener la sensibilidad necesaria para darse cuenta de que insistir en la relación del islam con la violencia equivale a remover un nido de avispas.

Le ha llovido fuerte en su milpita al papa a raíz de estas desafortunadas palabras. Para empezar, ya está en entredicho el viaje que tenía programado para noviembre a Turquía, cuyo primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, exigió firmemente que el pontífice se retractara de sus palabras y ofreciera disculpas al mundo islámico. El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, condenó la "siniestra tendencia de asociar al terrorismo con el islam, lo que genera una peligrosa separación entre Occidente y el mundo del islam". Y también el primer ministro palestino, Ismail Haniyeh, exhortó al jefe de la iglesia católica a cesar sus "ataques al islam".

Hay que reconocer que desde que era conocido como Joseph Ratzinger, Benedicto XVI nunca se inclinó mucho por el ecumenismo ni por la convivencia de las religiones. En 2000, su documento Dominus Iesus, en el que reitera el dogma católico de que la salvación sólo se alcanza a través de la iglesia católica, apostólica y romana, causó gran consternación en un mundo que esperaba que el tercer milenio sería de apertura y diálogo. Y, a diferencia de Juan Pablo II, que participó en las jornadas de oración ecuménica organizadas por la comunidad de Saint'Egidio, en Asís, Italia, Benedicto XVI simplemente ha decidido ignorar ese esfuerzo de diálogo interreligioso.



Ecumenismo en Asís

En la mentalidad de Ratzinger, todo acercamiento a otras religiones lleva implícito el peligro del sincretismo. Y cualquier signo de apertura es tachado de relativismo, ese concepto que, a ojos del papa, le permite al hombre moderno confeccionarse una religión "a la carta", para la cual selecciona lo que más le place de todas las confesiones existentes. Pese a que en los evangelios leemos que "hay muchas moradas en la casa del Padre", por lo visto Benedicto XVI sigue atrincherado en una fe tan débil que no resiste el contacto con las demás.



Actualización del 18 de septiembre

En protesta por la perniciosa identificación de la violencia con el islam, en Mogadiscio, actualmente bajo control de los Tribunales Islámicos, este domingo fue asesinada una monja católica que trabajaba en un hospital. Poco antes, un funcionario religioso había exhortado a los musulmanes a "vengar" el honor de su fe, ultrajado por las palabras del papa Benedicto XVI.

07 septiembre, 2006

El acorralamiento del Peje

Al igual que Carlos Salinas, otro presidente notoriamente espurio, Felipe Calderón está pidiendo la oportunidad de convencer con sus actos a quienes no votaron por él. En cierta forma, además de ser un llamado a la distensión, este exhorto constituye un reconocimiento implícito de que llegó en forma irregular a la condición de presidente electo. Pues aunque suena bonita, esta fórmula en realidad es la que se aplica durante la campaña electoral, no después. Es antes de las elecciones cuando los candidatos nos piden esa oportunidad, no después de haberse montado en la silla presidencial descendiendo desde un helicóptero para escapar de las protestas del pueblo que supuestamente quieren gobernar.


¿Por qué sonríe Felipillo?


No las tiene todas consigo el chaparrito. Si la frase "sacarse la rifa del tigre" tiene algún sentido, éste es precisamente la situación a la que va a enfrentarse el presidente de la derecha. Tendrá que escarbarse algo más que las narices para encontrar la solución a las profundas divisiones causadas por su imposición. No hay sólo una división geográfica (supuestamente un norte de derecha y un sur de izquierda, configuración que nos remite a los referentes de la guerra fría, cuando los países se partían entre esos dos extremos, Alemania, Vietnam, Corea, por recordar los más representativos); ahora las divisiones recorren todo el tejido social y amenazan con enfrentar a las familias mismas, unidad básica de la sociedad.

En efecto, la división ya no es geográfica. Ahora, tras la campaña de odio y azuzamiento de miedos que impulsó el candidato de la derecha, el país está dividido entre la gente bien y los nacos. Así, la gente bien votó por Calderón y observa agradecida el apoyo que le expresara ayer George W. Bush a la democracia mexicana. Los nacos votaron por López Obrador y se encuentran acampando en Reforma y el Zócalo.

En fin, López Obrador tampoco está en un lecho de rosas. Acorralado en su propio discurso ultrancista, no le queda más remedio que mantener su postura radical —e incluso radicalizarla aun más— para no perder su base de apoyo. Para quienes asisten a las asambleas informativas y acampan en Reforma, el resultado de sus esfuerzos no puede ser otro que el acceso de López Obrador a la presidencia.

¿Están engañados? Al parecer sí: el proceso electoral termina formalmente con la proclamación del presidente electo, cosa que recayó en la personita de Calderón. Pretender su renuncia o cualquier otra subversión de las instituciones es regresar a la proclama de las montañas del 1° de enero de 1994, en la que el subcomandante Marcos exigía la dimisión del gobierno federal.

A López Obrador no le ha quedado más remedio que inventar nuevas formas de movilización, conforme se van agotando las tradicionales. Después del plantón, ya tenemos su convocatoria a una convención nacional democrática, a la que quiere heredera de la convención de Aguascalientes con la que, durante la revolución, se trató de reconciliar a los diferentes bandos en pugna. La situación actual, ¡ay!, es mucho más compleja que la de entonces. No estamos viviendo un movimiento armado —y hasta ahora nadie ha hablado de eso, afortunadamente— que pudiera resolverse mediante un acuerdo político, por mucha espíritu de concordia que lo anime.

La situación actual es de crisis política provocada no sólo por el desgarramiento de la sociedad, sino por su enfrentamiento. López Obrador ha quemado sus cartuchos en movilizaciones estériles, en lugar de dirigirlos a consolidar la fuerza de su partido y a imponer sus temas en el programa de gobierno del próximo sexenio. La fuerza de su medio punto de diferencia con el candidato ganador se lo habría permitido. Pero en estos dos meses de protestas aspaventosas, ha despilfarrado buena parte de su apoyo y ahora sólo cuenta con el ala dura. Basta ver los deslindes que se han producido, por ejemplo, entre los diputados perredistas y el mismo gobernador electo de Chiapas, que han pintado su raya con respecto de la postura radical del Peje.

Quizá el destino que le espere a AMLO sea la triste condición a la que se ha visto reducido el subcomediante Marcos: un molesto moscardón que de tanto en tanto lanza proclamas incendiarias, sin encontrar mayor eco en una sociedad entre desencantada y harta, deseosa de encarrilarse en la normalidad institucional, por muy viciada que éste pueda estar.

04 septiembre, 2006

Fracaso agrícola en Afganistán


A pesar de haber tenido un aumento de 59% en la superficie cultivada, los productores afganos de opio sólo lograron incrementar su producción en 49%, lo cual es prueba de su ineficiencia. Ojalá que los nuevos amos del país, con el padrinazgo de Washington, puedan elevar la productividad de esos atrasados cultivadores.

Con todo, es de mencionarse que, después de la etapa de obscurantismo que representó el régimen de los talibanes —que se dedicaron a destruir plantíos y a privar a los honrados campesinos de su medio de subsistencia—, durante la cual la producción de opio se redujo casi a niveles de subsistencia, ahora Afganistán puede jactarse de satisfacer el 92% de la demanda mundial de esta droga. ¡Felicidades, chicos!