...porque la vida no es un experimento, sino una experiencia.
22 diciembre, 2005
Diciembre me gustó pa' despedirme
Hay que saber reconocer las etapas de la vida; determinar cuándo ya se agotó una para estar preparados para la siguiente. No hacerlo es quedar esclavo de rituales sin sentido, sacerdotes de dioses desaparecidos o, por lo menos, sujetos de tradiciones y compromisos que perdieron su razón de ser tiempo atrás.
En mi caso, siento que mantener este blog es uno de esos compromisos que, asumidos con entusiasmo en un principio, poco a poco van perdiendo el sentido hasta convertirse en mera forma, en cascarones, en actividades repetidas mecánicamente que ya no responden a su propósito original.
Por lo tanto, he decidido dejar de escribir estas notas definitivamente. No quiero que me vuelva a pasar lo de hace unos meses, cuando simplemente las fui abandonando para, tiempo después, tratar inútilmente de revivirlas.
Como en todo acto final, se impone hacer un balance. Por el lado del haber, tengo a mi favor el haber ejercitado las neuronas para producir notas más o menos presentables, ya fuera investigando temas u ordenando mis ideas para exponerlas en forma clara. Tengo también a mi favor los comentarios de los lectores, tanto los que coincidían con mis puntos de vista como los que los atacaban. En cualquier caso, saberme leído y analizado por un lado me halagaba y por otro, me comprometía a ejercer mayor rigor en mis notas. Agradezco, pues, a todos aquellos que se tomaron la molestia de dejar un comentario en cualquier sentido.
El lado del debe es más personal y apunta sobre todo a lo que ya dije: sentir el compromiso de bloguear se fue convirtiendo en una pesada carga que, sumada a las que ya tengo en mi vida personal, se volvió poco menos que insoportable.
Voy a dejar aquí estas notas, pues no me cuesta nada hacerlo (incluso es más fácil dejarlas que borrarlas). Voy a darme un respiro. Y siento que allá en el fondo persiste en mí el gusanito de seguir escribiendo. Pero no lo volveré a hacer como compromiso, sino simplemente por gusto. Creo que no hay mejor forma de hacerlo.
14 diciembre, 2005
Las vueltas del tiempo
Volver en el tiempo: regresar nuestra vida hasta ese punto en el que dio el giro que nos llevó hasta aquí, que nos puso en un lugar que no queremos, que no espérabamos. Pedir una segunda oportunidad de vivir, pues la primera la desperdiciamos.
Llegamos a un momento en que tomamos una decisión, seguimos un camino y abandonamos otro, dejamos una puerta cerrada en favor de la que abrimos. Y luego, con el tiempo, queremos desandar el camino y pensamos que si hubiéramos seguido otro nos hubiera ido mejor, hubiéramos sido más felices, más prósperos, más amados.
Esa vuelta en el tiempo, lo sabemos, es imposible. Todo lo más que nos permite esa tentación es analizar las decisiones fallidas, los malos pasos, los errores de juicio. Y si somos afortunados, algo podremos aprender de ello «para la otra», aunque esa otra nunca vuelva a presentarse.
13 diciembre, 2005
Falsedad de la memoria
No podemos más que aspirar a sentirnos iluminados por ella de repente, por casualidad, como no queriendo.
El recuerdo es un animal esquivo y asustadizo: nos ve y corre, lo llamamos y se da a la fuga, temeroso de que lo apresemos para siempre en las cadenas de las palabras.
Escribir nuestras memorias es una invención: no hay forma de relatar lo vivido sin tergiversarlo. Es un acto de creación o, mejor dicho, de recreación. Recreo mi vida a mi gusto, fabrico mi historia, tejo en ella parte de mis sueños y, a la vuelta de la página, mi nueva vida substituye a la anterior. No soy quien he sido; soy quien recuerdo ser.
16 noviembre, 2005
La competencia de los mesías
Así nos enteramos de la existencia de avatares, término tomado del sánscrito avâtara y que significa la encarnación de un dios. Para los miembros, y sobre todo para los beneficiarios de estos movimientos, avatares fueron Krishna, Moisés y Jesús, respectivamente de las eras de Tauro, Aries y Piscis. Ahora bien, si hay consenso en los avatares de las eras anteriores, en nuestros tiempos se libra una sorda pero encarnizada lucha por la titularidad del cargo de mesías de la era de Acuario.
Uno de los contendientes más singulares es el colombiano Víctor Manuel Gómez quien con el paso del tiempo se hizo llamar Samael Aun Weor para presentarse como el avatar de la era de Acuario, "encargado por la Logia Blanca de abrir públicamente las puertas del Templo de la Sabiduría a la humanidad que sufre".
Quien se acerque sin el menor asomo de cinismo y burla a las numerosas páginas dedicadas a la gloria de este personaje, es decir, quien sinceramente quiera informarse acerca del movimiento gnóstico establecido por Aun Weor, difícilmente podrá contener por lo menos una ligera sonrisa de burla ante las pretensiones espiritualoides de este señor, que lo mismo habla del “pranayama egipcio” que compara al hombre con el toro para justificar una moral sexual perfectamente victoriana.
El sujeto en cuestión es el sueño de todo bloguero: no hay ni que comentar sus palabras, basta con reproducirlas para arrancarle una sonrisa al respetable público que nos honra con su presencia. Por ejemplo: "Samael Aun Weor es el nombre del Arcángel, regente del planeta Marte, y que se logró encarnar en un vehículo físico con el nombre de Víctor Manuel Gómez." En una sola frase tenemos (1) ángeles, (2) astrología y (3) reencarnación en su modalidad espiritista. ¿Quién puede contener la risa ante semejante batiburrillo de ideas?
Pero por lo visto poco le parece la pretensión de ser un arcángel encarnado y después engalana su biografía con los personajes en que encarnó en sus vidas anteriores. Amable lector, distinguida lectora, lo que sigue no es recomendable para espíritus tiernos o impresionables; asimismo, si usted trae marcapasos, le aconsejamos deje de leer en este momento, pues las revelaciones que estamos a punto de hacer pueden afectarlo.
Víctor Manuel Gómez pretende haber sido en sus vidas anteriores ni más ni menos que:
- Hierofante Instructor y asesor directo del faraón en la época en que se construyó la Pirámide de Kefrén.
- Reencarnó varias veces en los tiempos de la antigua China, en una de esas tantas se llamó Chou-li.
- Una vez estuvo reencarnado en el misterioso Tíbet, fue un lama tibetano y como tal, aún pertenece a la Orden Sagrada del Tíbet.
- En otra de sus vidas fue Julio César, general, historiador y dictador romano. Vivió en Roma entre el 101-144 a.c. y fue una de las figuras más importantes de la historia.
- En otra de sus vidas, fue un caballero en la Edad Media educado en el arte de las armas para defender a los débiles de la opresión de los señores feudales.
- Fue amigo personal del Maestro y Conde Cagliostro, en la época en que María Antonieta era Reina de Francia.
- Luchó como militar al lado del Emperador Alejandro Magno.
- Reencarnado como Tomás de Kempis, escribió su inmortal obra “Imitación del Cristo”.
- En España fue el Marqués Juan Conrado, tercer gran señor de la Provincia de Granada.
- Formó parte de la revolución mejicana y allí fue el Mayor Daniel Coronado, uno de los treinta dorados de Pancho Villa.
No vamos a discutir la errata en la fecha de muerte de Julio César (que fue en 44 a.C.) ni la jota con la que escriben “mexicana” (mucho menos las mayúsculas arrojadas sin ton ni son). No son nada en medio de ese inventario de personalidades que se labró el señor Gómez para adornar su currículum prenatal. He de confesar que en mi ya dilatado contacto con las ideas reencarnacionistas, nunca me había topado con nadie que dijera haber encarnado en tantas y tan variadas personalidades de la historia. En una ocasión, una persona que pretendía “adivinar” las vidas pasadas, me aseguró que yo había sido camellero árabe, escriba chino y esclavo en una plantación de caña del Caribe: pura gente común cuyo nombre no llegó a quedar en los anales. En efecto, si hacemos cuentas veremos que es imposible que los cinco mil millones de terrícolas que pueblan el globo hayan sido grandes personajes de la historia.
Claro, ya puestos a hacer cuentas --y volviendo a nuestro tema del principio, el de la nueva era en la que estamos-- veríamos que muchas cosas no “cuadran”. Aun dentro del marco teórico de la astrología, es imposible definir el momento en que se inician las eras (cuya pertinencia, por lo demás, también estaría a juicio).
Uno de los mayores peligros del pensamiento mágico en el que se basan estos movimientos es precisamente ése: el discípulo acepta una idea (por ejemplo, la de las eras) y acaba reverenciando a un fulano que se dice la reencarnación de Julio César y Tomás de Kempis. A falta de razonamiento crítico, en ocasiones simplemente por falta de información, la persona va comulgando con ruedas de molino cada vez más grandes.
Al encontrarnos con estos grupos, pues, lo más conveniente es analizar su piedra angular, su pretensión básica. ¿Los gnósticos de Samael dicen que éste es el mesías de la nueva era? ¿Ése es el punto de partida de sus enseñanzas? Pues, con la pena, pero por muy bonito que predique el señor, su punto de partida es una vacilada en la que no puede creer ninguna persona sensata. ¿Mesías a mí?
15 noviembre, 2005
Darwin en el banquillo
Sólo así entendemos que haya vuelto a abrirse un debate iniciado hace casi siglo y medio con la publicación, en 1859, de El origen de las especies, obra en la que Charles Darwin avanza la teoría de la evolución. Todos tenemos por lo menos una idea de lo que trata esta teoría, aunque la versión popular la reduce a la idea de que el hombre desciende del mono.
Su obra, por supuesto, contradice la cosmogonía cristiana (y de muchas otras religiones) basada en la existencia de un dios creador del Universo tal como lo conocemos hoy en día. Aún más, la cronología bíblica sitúa la edad de la Tierra en 6,000 años: sí, seis mil escasos años desde el imperioso Fiat lux hasta nuestros días. Este periodo no sólo es insuficiente para la evolución, sino que tampoco les deja lugar a los dinosaurios que, coincidemente, empezaron a ser descubiertos en forma de fósiles algunos años antes (el primero fue un iguanodonte descubierto en 1822).
La teoría de la evolución, pues, se las tuvo que ver con el pensamiento dominante de su época, basado en la imposición dogmática de la cosmovisión teológica: Dios es el creador del Universo y no se discuta más. Con todo, se vivía el siglo XIX, el siglo del positivismo, el tiempo de avances asombrosos de la tecnología. Ya la revolución industrial había rendido los primeros frutos que habrían de ir apartando al hombre del pensamiento mágico. Se necesitaba, pues, una versión más presentable que la de la historia bíblica de la creación en seis días. Así surgió la noción del diseño inteligente, conocida en su momento como argumento teleológico.
Basado en la teología de santo Tomás de Aquino, y más precisamente en su quinta prueba de la existencia de Dios (en su Summa teologica), este argumento se reduce a que la complejidad de la vida precisa de un creador inteligente. Santo Tomás refuerza su opinión con el concepto del objetivo (el telos): los cuerpos naturales actúan siempre para obtener el mejor resultado; aquellos que carecen de inteligencia requieren de otro ser que los mueva, "como la flecha es dirigida por el arquero". Y de ahí concluye que "existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales hacia su objetivo; a este ser lo llamamos Dios".
A principios del siglo XIX, William Paley elaboró el célebre ejemplo del reloj de David Hume y de ahí concluyó que, si encontramos un reloj en un campo, es obvio que alguien tuvo que haberlo dejado allí, que no es producto de fenómenos naturales. El reloj de Paley es, pues, la prueba de la existencia de Dios, en la medida en que no puede haber sido fruto del azar.
Creo que aquí nos encontramos con una clave importante del debate. Quienes defienden la existencia de un Dios creador se basan siempre en la imposibilidad de que el Universo sea obra del azar y ven en la complejidad de los seres vivos una intención. Esta intención es la que ahora designan como “diseño” (significado válido en inglés, discutible en español, pero dejémoslo así por lo pronto). Y como el dueño de tal intención es inteligente, de ahí sacan el término de “diseño inteligente” con el que ahora quieren reemplazar al impresentable concepto de creacionismo.
Propongo que hagamos un alto en este punto, no para recapitular sino para plantear una pregunta que debimos haber hecho desde antes: ¿Por qué una visión mágica del mundo encarnada en una religión ha de explicar cosas fuera de su competencia? ¿No pueden limitarse las iglesias a recabar fondos y repartir consuelo? Mis siete lectores ya han de haber visto a dónde apunta esto: los problemas empiezan con la irrupción de lo divino en la esfera humana, ¿no es así? Cuando queremos basarnos en una serie de leyendas con moraleja para explicar el origen del Universo, cuando abdicamos de nuestro propio juicio para guiar nuestra conducta mediante normas ajenas. Cuando permitimos que otras personas nos arrebaten el derecho de vivir conforme a nuestra consciencia. El llamado debate entre creacionistas y evolucionistas, fuera de sus implicaciones políticas en países de mentalidad atrasada, y sus nocivos efectos en sus respectivas sociedades, carece de sentido.
No se trata de una confrontación entre científicos ni entre teólogos: es la proverbialmente imposible suma de manzanas y naranjas, por mucho que el bando teísta disfrace sus prejuicios religiosos de argumentos científicos. Es pues, el imposible diálogo entre lo humano y lo divino, comunicación que la misma religión ha reservado sólo a unos cuantos profetas a lo largo de los siglos. ¿Cómo osaremos decir esta boca es mía?
09 noviembre, 2005
El mal paso de Fox
Por lo visto, ya está enterrada la célebre doctrina Estrada, aquel principio impulsado desde 1930 por Genaro Estrada, secretario de relaciones exteriores de Pascual Ortiz Rubio, y que le permitió a México seguir una política exterior digna y congruente. Lejos de ser una doctrina negativa por estar basada en el principio de no intervención, constituyó un principio activo que permitió en su momento que México protestara por la invasión italiana en el norte de Africa y, muy especialmente, ayudara a la república española, atacada en ese tiempo por las fuerzas fascistas.
También permitió reconocer al gobierno revolucionario cubano y mantener una postura independiente en la Organización de Estados Americanos, cuando este casi apéndice de Washington dictó la expulsión sumaria de la isla caribeña. La deriva autoritaria de Castro y su perpetuación en el poder no desdicen la validez de la postura mexicana en ese momento. Por el contrario, confirman la rectitud del principio de no intervención: Fidel se ha mantenido en su sitio gracias especialmente al apoyo que le han dado los estadounidenses en forma de intervenciones armadas y bloqueos económicos. Sin un enemigo tan poderoso que lo atacara continuamente, Castro carecería de sustentación y justificación para aferrarse al poder.
En su ceguera de administrador apolítico, Fox reduce todos los problemas a cuestiones de mercado y comercio. Y en su docilidad como marioneta de Bush, no tiene empacho en hacerle el trabajo sucio y regañar a Kirchner por adoptar una postura de compromiso con su pueblo, no con el patrón extranjero. Y en este caso, la castaña que Fox quiere sacar del fuego para Dobleú es el compromiso de los débiles de abrirse ante el poderoso. Nunca la orgullosa política exterior mexicana se había sentido tan traicionada.
28 octubre, 2005
La maldición de Tecumesh... y la de Google
Desde 1840 existe una maldición en Estados Unidos, por la que el presidente que asume el poder cada veinte años no termina su mandato. Su primera víctima fue William Henry Harrison, que asumió el poder el 4 de marzo de 1841, un frío día invernal en el que, por no cubrirse debidamente, pescó un resfriado que degeneró en neumonía y después en pleuresía. Murió exactamente un mes después.
El jefe indígena Tecumesh fue derrotado en la batalla de Tippecanoe, en 1811, por Harrison, que entonces era gobernador del territorio de Indiana. Fue entonces cuando el derrotado líder de la poderosa Confederación Indígena Americana pronunció su maldición, que se cumplió con rigurosa exactitud, como decimos, en la persona del propio Harrison.
Las víctimas posteriores de la maldición son las siguientes:
- 1860 - Abraham Lincoln, asesinado en 1865
- 1880 - James Garfield, asesinado en 1881
- 1900 - William McKinley, asesinado en 1901
- 1920 - Warren G. Harding, muerto de paro cardiaco en 1923
- 1940 - Franklin D. Roosevelt, muerto de hemorragia cerebral en 1945
- 1960 - John F. Kennedy, asesinado en 1963
Se dice que Ronald W. Reagan "burló" a la maldición, ya que sobrevivió al intento de asesinato que sufrió en 1981 y terminó su doble periodo en 1988. Sin embargo, como se reveló posteriormente, el mal de Alzheimer que padecía le impidió efectivamente ejercer el poder en los últimos tiempos de su presidencia y técnicamente puede decirse que no concluyó su mandato.
La próxima víctima, como vemos, es ni más ni menos que Jorgito Dobleú, quien está muy lejos de sentirse aliviado o de escapar de esta maldición. En efecto, cada vez son más claras las señales de que la presidencia del vengativo Junior está en dificultades de las que difícilmente podrá salir. No mencionemos su escasa legitimidad, dada la tenebrosa forma en que llegó al poder en el 2000. Tampoco tiene caso detenernos a examinar su reacción ante los atentados del 11 de septiembre de 2001, gracias a los cuales pudo implantar una serie de medidas de corte fascista, que le permitieron consolidar su beligerante proyecto.
Lo que vale la pena examinar, empero, es su actuación antes de la guerra que lanzó contra Saddam Hussein en Irak: la manipulación de los medios para convencer a su pueblo de que ese dictatorzuelo levantino representaba una amenaza mundial, gracias a que contaba con armas de destrucción masiva. Las investigaciones han determinado ahora (y lo determinaron desde entonces, sólo que Dobleú maniobró para acallarlas) que tales armas y por consiguiente tal amenaza nunca existieron más que en la "inteligencia" fabricada por los halcones de Washington.
Todo se paga en esta vida, pese a quienes afirman la existencia de otra en la que vamos a pagar culpas o a recibir recompensas. Y así, Dobleú ya está empezando a recibir la factura de sus acciones. La investigación llevada a cabo por el fiscal Patrick Fitzgerald sobre la revelación de la identidad de Valerie Plame como agente de la CIA, apunta hasta ahora a los asesores del vicepresidente y presidente, Lewis Libby y Karl Rove, respectivamente, como origen de esa revelación que, en Estados Unidos, constituye un delito. Agravada por el hecho de que ambos personajes hubieran afirmado anteriormente no saber nada del asunto.
Las lodosas aguas de este escándalo ya están llegando a los aparejos del vicepresidente Dick Cheney y no tardarán en alcanzar a la Oficina Oval. ¿No me lo quieren creer? Si buscan el término "failure" (fracaso) en Google, el primer resultado obtenido es la biografía oficial de Jorgito Dobleú en el sitio Web de la Casa Blanca. Google no puede estar equivocado. Tecumesh menos.
09 octubre, 2005
Las leyendas de El código da Vinci
A partir de la novela El código da Vinci, en la que el escritor Dan Brown explora la descendencia de Jesucristo a través de María Magdalena, ha surgido un insólito fenómeno de culto al que no han sido ajenas instituciones que uno podría considerar “serias”, desde universidades que le consagran seminarios hasta el History Channel que le dedicó un programa a su análisis.
Antes de meterse en Honduras, hay que tomar en cuenta el simple hecho de que se trata de una novela. De una ficción, pues y por mucho que se diga que se non è vero, è ben trovato, no podemos tomar lo que se dice en el libro como si fuera verdad. Por lo tanto, toda búsqueda de conexiones entre las claves de la obra y la realidad, al partir de una ficción, está condenada al fracaso de antemano.
Uno de los puntos fuertes de la novela es el juego de palabras que se ha querido hacer con el santo grial y la sangre real, la línea sucesora de Cristo que supuestamente fue a establecerse a Francia y subsiste a la fecha. Trazar la etimología de grial al francés es una inconsecuencia, ya que esta palabra tiene un origen totalmente distinto.
El autor de la leyenda del grial es Christian de Troyes, quien en su Romance de Percival alude a este objeto como graal. La tradición quiere que sea la copa usada en la última cena de Jesús y sus discípulos, así como la utilizada por José de Arimatea para recoger la sangre de Cristo cuando éste se encontraba en la cruz. A este objeto se le atribuyen, claro está, poderes mágicos.
Pero grial (o graal) se deriva del latín gradale, que significa charola honda o escudilla, y también se identifica con el plato usado para servir el cordero pascual en la última cena. Y para complicar las cosas, Christian de Troyes describe a ese objeto tan tachonado de piedras preciosas, que “las candelas perdieron su brillo, como ocurre con las estrellas al salir el sol”. Sea copa o sea charola, no vemos cómo unos simples pescadores pudieran estar en posesión de tan preciado objeto y usarlo en una cena, por muy pascual que fuera o por muy la última que habrían de tener con su maestro.
Siempre ha causado polémica la relación de Cristo con María Magdalena. Nikos Kazantzakis, en La última tentación (1951), pone a esta mujer pública como el amor imposible de un Jesús desgarrado entre su vocación de mesías y la tentación de llevar una vida humana (que, de hecho, es la tentación a la que alude el título de su libro). Pero la identidad de María Magdalena no está bien definida. Se dice que se le llama Magdalena por ser originaria de Magdala, poblado cercano al lago Tiberiades. Pero el origen de su nombre también podría ser una expresión talmúdica que significa “mujer de pelo rizado”, rasgo que identificaba a las mujeres adúlteras. Si así fuera, la Magdalena podría ser María hermana de Marta y de Lázaro, originarios de Betania.
![]() |
| La Magdalena atribuida a da Vinci |
La leyenda señala que, tras la muerte de Cristo, María, Marta y Lázaro se embarcaron y llegaron a las costas meridionales de Francia, propiamente a Marsella, de donde Lázaro fue el primer obispo. Sin embargo, la investigación arequeológica ha demostrado que el Lázaro obispo de Marsella no es el mismo resucitado por Jesús. De hecho, dicha leyenda data del siglo XII; antes de esa fecha no hay ninguna alusión a esa improbable travesía emprendida, siempre según la leyenda, en un barco sin remos, velas ni timón. Por lo demás, tradiciones anteriores sitúan en Éfeso el destino de la Magdalena, donde se dice que murió y de donde, en el año de 886, sus reliquias fueron trasladadas a Constantinopla.
En fin, ¿qué nos queda de El código da Vinci tras asumir como leyendas la del santo grial y la descendencia de María Magdalena? Un buen relato, sin duda. Un cuento, una ficción, una novela, como por lo demás se nos advierte desde la portada del libro. ¿Quién que esté en sus cabales la va a tomar por verdad? El reguero de falacias y conjeturas que se ha tejido en su torno, lejos de explicar “las claves” del supuesto código, sólo ha servido para que hagan su agosto algunos vivales que uncen su carro de buhonero de mentiras a un fenómeno de librería.
06 octubre, 2005
Segundo aniversario, segundo
Vengo a caer en la cuenta de que este blog acaba de cumplir dos años. Muy con las justas, pues en realidad estos últimos meses lo había abandonado a su suerte y estuvo a punto de no llegar a su segundo cumpleaños. Otras empresas me habían robado no el tiempo sino la voluntad de seguir exponiendo por escrito más pensamientos que sentimientos, más reflexiones que vivencias. No es éste un diario de mi vida, sino un bloc de notas (como propondría que dijéramos en lugar de blog), muchas de ellas apresuradas e incompletas. Alguna vez, al exponer no recuerdo qué faceta de la estupidez humana, recibí el comentario de una admirada bloguera, en el que me deseaba suerte en mi empeño de educar a la gente. En realidad mi propósito no es tan altruista. Este rincón de la red quiere ser un lugar de ejercicio mental, de práctica de redacción, de desahogos personales, de consignación de cosas admirables o execrables, pero nunca tendrá una aspiración didáctica. El lector puede respirar aliviado: no intento enseñar nada, ni señalar caminos ni imponer criterios.
No obstante, la humanísima tendencia a no estar de acuerdo con los demás hace que algunas personas se sientan obligadas a aprovechar el cuadro de comentarios para manifestar su disidencia con mis opiniones o, de plano, dejar por escrito insultos personales dirigidos contra una persona de la que sólo saben que tuvo la paciencia de expresar una opinión. Esos comentarios los he dejado no por respetar la libre expresión de las ideas, sino porque considero que le dan un poco de sazón al tono por lo general serio que yo suelo emplear. Así, el lector podrá disfrutar esos monumentos levantados a la mala ortografía y la pésima sintaxis. Y en contraste, mi prosa parecerá límpida y esplendente. Sólo recuerdo haber borrado un comentario, el de una persona que abusaba de los adjetivos peyorativos para referirse a todo un pueblo. Lo eliminé por respeto al pueblo judío, del que han salido tantas personas admirables (sin que esto signifique que no hayan salido personas admirables de otras partes), pero también porque no quiero que este bloc quede rayoneado con palabras de tan bajo nivel.
Y hablando de los comentarios, quiero expresar mi asombro por haber recibido en los últimos días variados insultos por una nota publicada hace más de un año. No quiero mencionar el tema, pues eso fue precisamente lo que causó una lluvia de comentarios, tan tupida que hizo que mi servicio de estadísticas se saliera de madre. Y aunque ya no tengo activado ese servicio (que en realidad sólo servía para reconfortar o deprimir mi ego, al ritmo del número de lectores), pienso que el sujeto en cuestión no merece más consideración que la que ya le di en su momento.
En fin, inicié este bloc motivado por la lectura de muchos otros. Supongo que ése ha de ser el proceso seguido por la mayoría de los ciudadanos de la blogosfera. Y lo he mantenido por estar satisfecho con sus resultados. Espero llegar con el mismo ánimo a su tercer aniversario.
03 octubre, 2005
Turquía a las puertas de Europa, otra vez
A último minuto se levantó el bloqueo interpuesto por Austria a las negociaciones de adhesión de Turquía con la Unión Europea, y éstas pudieron iniciarse el día de hoy en Luxemburgo. Viena insistía en que en el texto del marco de las negociaciones se contemplara la posibilidad de que éstas no desembocaran en el ingreso de Ankara. La maniobra apuntaba sencillamente a impedir que se consagrara en el documento que el objetivo de las negociaciones de adhesión con Turquía era, precisamente, la adhesión de Turquía a la Unión Europea.
Quien considere inexplicable la postura austriaca que se enfrentó a los otros 24 miembros de la Unión en ese tema deberá considerar que desde hace siglos Austria no sólo ha visto con desconfianza a los turcos, a quienes repelió en la batalla de Viena de 1683, sino que además se ha considerado la defensora del catolicismo ante los embates del islam y las veleidades de la reforma protestante.
No es de extrañar, pues, que en esta ocasión haya sido Austria la que se haya opuesto soterradamente al ingreso de Turquía en la Unión Europea, lo que equivale a abrirle las puertas de Europa a su enemigo histórico. El gobierno de Viena interpretaba así el deseo de sus ciudadanos, 90 por ciento de los cuales se opone abiertamente a la adhesión turca. Y puso casi como condición que, en todo caso, se examinara también la candidatura de Croacia, en suspenso debido a la poca colaboración de Zagreb para enjuiciar a los croatas que cometieron crímenes de guerra durante la guerra provocada por el desmembramiento de Yugoslavia (1991-1995).
Así, la ministra austriaca de relaciones exteriores, Ursula Plassnik, defendió la negativa a aceptar el inicio de las negociaciones con Turquía con una intransigencia que sólo cedió a última hora. Casi simultáneamente al anuncio de la apertura de los debates, la presidenta del Tribunal Penal Internacional de La Haya, Carla del Ponte, declaró que Croacia “estaba colaborando plenamente” con dicha institución en la búsqueda de los criminales de guerra. De inmediato, la Comisión Europea anunció que se empezaría a considerar la candidatura de Croacia. En pocas palabras, Austria aceptó negociar con su enemigo si también se admitían las negociaciones con el país que por tanto tiempo fuera parte de su imperio, desde 1526 hasta 1918.
Estas referencias históricas, lejos de ser banales o simples adornos de erudición, permiten entender las alianzas y animosidades que existen entre las naciones, aun después de siglos. No fue gratuito que Austria fuera el primer país en reconocer la independencia de Croacia en 1991 (hecho que algunos observadores suman a la lista de factores que desencadenaron la guerra), deleitada en volver a acoger en el seno del mundo occidental a su discípulo, descarriado durante más de 71 años por los caminos del socialismo titoísta. Por lo demás, por la misma razón, Croacia es una república mayoritariamente católica. Junto con Eslovenia, contrastaba así con el cristianismo ortodoxo de los serbios, montenegrinos y macedonios y el islam de los bosnios.
La Unión Europea rechazó en su proyecto de constitución toda alusión a los valores cristianos como base de la cultura europea. No tanto por respeto a las minorías que profesan otras confesiones, sino más que nada en reconocimiento del laicismo que reina incluso entre quienes se dicen seguidores del mensaje de Cristo. Hizo bien, por supuesto. Pero si quiere ser congruente consigo misma deberá encontrar la forma de aceptar en su seno a un país mayoritariamente musulmán como Turquía. Sólo así creeremos que la Unión no se trata, como acusara el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan cuando estaban empantanadas las negociaciones, de un “club cristiano”.
