15 septiembre, 2004

De la greña como faro de luz

Bien dicen que el no conoce a dios a cualquier barbón se le hinca y en los medios del new age, ¡ay! lo que abundan son barbones. Quién sabe porqué sea así, pero es barbón el espamero mayor, barbón Jaimito Mausán, como también son barbones los sedicentes guruses de la Gran Fraternidad Universal.


Quizá este afán de no rasurarse sea en obediencia a Levíticos 19:27, que recomienda no cortarse la barba ni el pelo, pero también hemos oído otras explicaciones.


Por ejemplo, hay quien asegura que el pelo humano tiene la función de captar la energía cósmica (si bien no explican qué rayos sea eso... ¡un momento! por ahí he oído hablar de los rayos cósmicos, ¿se referirán a lo mismo?) y, por lo tanto, mientras más largo sea el cabello, más energía recibe el individuo. De este modo, muchos andan como con una parabólica en la cabeza, supuestamente recibiendo rayos, señales o energía cósmica, lo que quizá explique también la mirada perdida que suelen tener estos sujetos.


Pero no todos son barbones ni greñudos: Gurdjieff era calvo como bola de billar y siempre se le ve bien rasurado en las fotos, con excepción de un mostachón de puntas afiladas que, quizá en su caso, le bastara para recibir las tales señales cósmicas. Krishnamurti también se rasuraba debidamente, como aconsejaban los anuncios de Gillette, y ahora que lo pienso, en la tradición budista la onda más bien es andar con toda la cabeza rasurada, tanto los hombres como las mujeres. Y no creo que un sanyasín hinduista sea más iluminado por andar barbón y greñudo que un bikku budista, que anda con la cabeza al rape.


Entonces, si el pelo y la barba no tienen nada que ver con el grado de iluminación, ¿será que en efecto quienes se los dejan crecer lo hacen con la esperanza de que algún despistado se les hinque?


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