13 abril, 2004

Los peligros del cuidado


Debí haber atendido las advertencias, las señales de peligro, los focos rojos. Pero no, tercamente me empeñé en desdeñar cuanta recomendación había recibido, no sólo verbal, sino sobre todo por correo electrónico. ¿Cuántos mensajes he recibido que me advierten prudencia, cuando no desconfianza abierta hacia los desconocidos que me abordan en la calle? ¿Cuántas historias he leído que detallan las nuevas modalidades de delitos, secuestros exprés, fraudes y demás variedades de la actividad criminal?


De nada valieron tantas palabras sabias; de nada sirvió que todo el mundo me dijera, incluso como forma de despedida, "cuídate". "Cuídate", pensaba yo. "¿De qué me he de cuidar?" Cuídate a ti, cuídate de los demás, de las situaciones peligrosas, de las cosas afiladas, de los lugares altos, de los lugares cerrados, cuídate bien de los coches al manejar, cuida tu lugar en la cola, cuida tus maletas en la estación, tu cartera en el metro, tu integridad física en los baños públicos... "¡Cuídate!" Cuida de no parecer pedante, cuida de que no te vean la cara, cuida de que te den el cambio correcto al pagar, cuida de que te den los boletos para la función que solicitaste, cuida de entregar puntual tus trabajos, de pagar a tiempo tu tarjeta de crédito. Cuídate mucho de que no vean tu clave en el cajero automático, de no salir de la casa sin llaves, de no transitar por lugares peligrosos... "¡Cuídate bien!"


"Caray, qué paranoia", pensaba yo. "¿Cómo vine a parar a un planeta tan peligroso, en el que todo mundo tiene que andarse cuidando tanto?" Los políticos deben cuidarse de que no los graben en sus trapacerías, los maridos deben cuidarse de que no los sorprendan en sus andanzas, los taqueros deben cuidarse de que no se les vayan los clientes sin pagar, los conductores, de las patrullas, las patrullas se cuidan de los jefes, los jefes de los directores y éstos de los secretarios, y así sucesivamente, todo mundo se cuida de los demás. "Si todos se cuidan unos de otros, de seguro alguien se cuida de mí... ¿para qué preocuparme?"


Ésa era mi filosofía del cuidado. Por lo tanto, es comprensible que esa tarde, al salir del supermercado, no me haya cuidado de la señora que me miraba atentamente desde que atravesé la puerta de salida, empujando mi carrito. Estaba abriendo la cajuela del coche cuando me abordó descarada, el rostro lleno de sonrisas. "Y eso que no vengo rasurado", me dije, tratando de calcular si el efectivo que traía en la cartera me permitiría pasar a la farmacia a surtirme de Viagra. (Nótese que en esto también desdeñé las advertencias contenidas en las historias, que obviamente circulan por Internet, del fulano que se liga a una chava, para amanecer al día siguiente en un cuarto de hotel, todo drogado, y darse cuenta de que le extirparon un riñón para llevarlo a vender en el mercado negro.)


El resto de la historia es previsible. La señora vendía unas bolsitas de dulces "que ella misma hacía para sostenerse". Le compré una sólo para disimular mi turbación. Después la vi dirigiendo sus baterías a otra señora que venía en una camioneta. No quise caer en la mezquindad de sacar cuentas, pero me asaltó la duda: ¿cuántas bolsitas debe de vender al día para mantenerse? Ése es uno de los misterios de nuestra economía que seguramente se le escapan a Pancho Gil, nuestro secretario de hacienda.


12 abril, 2004

Problemas de traducción


Iba muy campante por Internet, cuando me encontré lo siguiente:



El texto de las Sagradas Escrituras es inalterable, y queda prohibida su traducción oficial en otra forma de lenguaje sin previo consentimiento de la Iglesia autocéfala de Constantinopla.

En beneficio del lector, me tomé la libertad de corregir algunos errores ortográficos de este texto, tomado de la constitución vigente en Grecia desde 1975. Aquí hay varias cosas que me llaman la atención. La primera, es que alguna iglesia sienta la necesidad de consagrar en la constitución de su país el carácter inalterable de sus escrituras, por muy sagradas que sean. Claro, siempre es de temerse que un traductor chambón o malintencionado modifique el sentido de los textos y, con el tiempo, a fuerza de tanto cambio, tengamos a los sacerdotes adorando al diablo. Pero, si es una traducción oficial de lo que estamos hablando, ¿no queda por ello garantizada la fidelidad del mensaje? ¿No están debidamente certificados dichos traductores oficiales para evitar tales problemas, precisamente?. Quizá sea el texto mismo de este párrafo tres del artículo tercero de la constitución de los helenos lo que esté mal traducido, y lo que el original quiera prohibir efectivamente sean las traducciones no oficiales. Si ése es el caso, deberían empezar por prohibir las traducciones de la constitución.


Otra duda: ¿a qué otra forma de lenguaje están prohibidas las traducciones (oficiales o no) de los textos sagrados? Recordemos: tenemos el lenguaje hablado, el escrito, el de señas (el que usan los sordomudos, no los conductores en el Periférico), el gestual, el corporal, tenemos el lenguaje de Vicentito Fox, en el que "ya salimos de la miseria" significa "estamos peor que antes", los lenguajes de programación, las lenguas inventadas, las quiméricas, como el Klingon de Viaje a las estrellas y las lenguas de la Tierra Media de Tolkien... ¿en cuál de todas estas formas de lenguaje están prohibidas las traducciones de las santas escrituras de Constantinopla? Y miren que pregunto con todo respeto pues, falto de chamba como ando, si en una de ésas algunos malhechores me proponen traducir las epístolas y evangelios a una de las formas prohibidas, no quisiera ni terminar pudriéndome en una cárcel griega ni, mucho menos, ser víctima de un anatema de estos señores autocefálicos. Si alguien tiene alguna pista, agradeceré me la comunique.


La guerra santa


Los medios de comunicación, impulsados por los intereses de Estados Unidos, han querido hacer sinónimos los conceptos de musulmán y de terrorista. Los más moderados matizan diciendo "musulmanes extremistas". El punto de unión entre ambos conceptos es, como no se cansan de repetirnos, la famosa jihad (o yijad, para darle carta de naturalización en nuestro idioma), la "guerra santa" que, supuestamente por órdenes del Corán, debe librar todo musulmán.


Nada más falso. La guerra santa que preconiza el Islam es la guerra interna, contra los demonios, las tentaciones, las desviaciones, que todo hombre pío debe librar en su camino a la gloria. Sí se habla, en efecto, de un combate real contra los "infieles", pero no se habla jamás de plantar bombas en estaciones de tren para deshacerse de ellos.


Aun más, una de las dos principales corrientes del Islam, el chiísmo, se pronuncia en contra de la guerra y de la violencia y sólo recurre a ésta cuando así lo determinan sus ayatollahs, los jerarcas religiosos. Quizá por ello sea tan preocupante que uno de los ayatollahs irakíes esté lanzando repetidos llamados a la yijad contra el invasor extranjero, e incluso haya organizado un "ejército del Mahdi". Si el Mahdi es, dentro del chiísmo, el salvador esperado, el "guía divino", este ejército del Mahdi podríamos entenderlo los mexicanos como aquellas bandas cristeras que surgieron en el país en tiempos del presidente Calles. Ya vimos en Irak cuerpos de extranjeros carbonizados y colgados, como los vimos en México colgados de los árboles, en feroz oposición al "patriarca Pérez", ese cabeza de la Iglesia Ortodoxa Mexicana , curiosa creación con la que el protestante Calles quiso reemplazar a la Iglesia Católica Romana.


En fin... ¿por qué siento que ya dije esto? Mal estarán las cosas en la Tierra mientras sigan interfiriendo con ellas las del cielo.


11 abril, 2004

Redacción I


Me topé con una página elaborada por un bienintencionado que pretende dar orientaciones para elaborar tesis. Como sobreviviente de esos afanes, sé lo mucho que uno puede apreciar cualquier consejo que le ofrezcan en el riguroso calvario que culmina en el Gólgota de la titulación. Pero creo que no se vale que nos lancen algo como lo siguiente:


En este sentido, un buen método sobre por dónde empezar, una vez que elegimos un tema y detectamos una problemática es hacer una lectura rápida o "escaneada" del material.

Cualquier terrícola medianamente hispanoparlante se sentirá desalentado ante este crucigrama. ¿Cómo agarramos ese método sobre por dónde empezar? Más adelante nos tropezamos con otro engendro, que nos da una pista de las causas de tanta oscuridad estilística. Escuchen:


Tradicionalmente, quienes escriben o dan consejos sobre cómo elaborar una tesis, se centran en aspectos metodológicos en un sentido restrictivo.

Nos encontramos, pues, ante un fulano tradicional, que sólo recibió consejos metodológicos y fue desdeñado por sus maestros de redacción. En efecto, ¿quién, que haya pasado al menos por Redacción I, diría "consejos sobre como", en lugar de "consejos para" o "consejos de"? Ante este hallazgo lingüístico del escribidor metido a asesor de tesis por Internet, las revistas femeninas tendrán que cambiar su rúbrica de "consejos de belleza" por una que fuera "consejos sobre como la belleza" o algo por el estilo.



La duración de la eternidad


No, no se alarmen con este título. No me voy a lanzar a vapulear doctrinas filosóficas o dogmas religiosos; sólo quiero hacer una observación. A Cuernavaca la llaman la ciudad de la eterna primavera. ¿Alguien sabe por qué? Digo, porque aquí llueve de fines de primavera hasta bien entrado el otoño. En invierno hace frío, al menos en Santa María, que es donde estoy afincado. Y la primavera suele ir acompañada de chaparrones ocasionales y de varios días nublados. Lo "eterno" de la primavera de Cuernavaca dura en realidad unos dos meses al año.

10 abril, 2004

Días de guardar


Este año me falló mi devoción pascual: ninguno de los chorrocientos canales de SKY se dignó a programar Jesucristo Superestrella esta semana santa. Pero, como ya se dijo en el año jubilar del 2000, las mortificaciones también valen como forma de devoción. Así que este viernes, a modo de mortificación, me soplé Los divinos secretos de la hermandad Ya Ya, a fin de acabar con cualquier rastro de machismo que quedara en mi humilde persona.


Los gringos tienen un término muy ad hoc para designar este tipo de películas: chick flick, o sea, película de mujeres (y aquí podríamos patear el estilo y amontonar preposiciones: película de, por, para, con y mediante mujeres). Los únicos papeles masculinos están a cargo, uno, de James Gardner, con un personaje más lastimero que el que le encargaron en 8 Simple Rules, un esposo arrumbado y rebasado por su mujer desde antes de casarse; el otro, de un desconocido que interpreta al novio de Siddalee, el personaje de Sandra Bullock y en el que se adivina el embrión de otro marido superado por la esposa.


A mi gusto, a la película le faltó magia. Se siente muy endeble la motivación de Siddalee y así, cuando se revela el "terrible" secreto, la película se deshace entre las manos. Menos mal que lo dejaron para el mero final.


Quería más magia, pues, y entonces me eché un pedazo de Harry Potter. Mmm... craso error. Digo, ¿qué chiste tiene ofrecer un festín con un simple gesto de magia? ¿Dónde queda el gusto de ir al mercado, seleccionar las vituallas, desempolvar recetas de la abuela, mezclar y preparar ingredientes? Créanme, la verdadera magia actual está en la cocina. Con todo, es fácil entender el encanto de Harry Potter, la historia de un chico que ignora su origen y su destino y que, poco a poco, lo va descubriendo. Ahora que, si vamos a irnos con historias de asunción del destino propio, me quedo con el Hombre araña, en donde este conflicto está mejor planteado y, por tanto, mejor resuelto.


09 abril, 2004

El género del milenio


El debate circula por toda la blogósfera, ese nuevo sector de Internet. ¿Está llamado el blog a convertirse en el género literario del tercer milenio? ¿Qué efecto tendrá en la literatura tradicional? ¿La publicación instantánea afectará la venta de libros de papel? Sí, por ahí van las preguntas, aunque también surgen críticos que ven en el blog una simple moda, pasajera como todas, que no dejará más huella en la cultura.


Hay muchas cosas que merecen matices. Por ejemplo, desde hace años existe la posibilidad de la publicación instantánea en la Web, si bien con el requisito de tener rudimentos de HTML y contar con un servidor (pero siempre ha habido sitios que facilitan la publicación, como GeoCities y otros pioneros del hosteo gratuito) , lo que no ha dado pie, de ninguna manera, a un nuevo género literario.


¿Cuál es la diferencia, pues, entre una página de GeoCities de antes y un blog actual? De entrada, la facilidad. El usuario puede no tener conocimiento alguno del lenguaje de marcado de hipertexto y, sin embargo, ser capaz de poner en pie una página más o menos presentable. Y para seguirle —y aquí encontramos el embrión del nuevo género—, en el blog el estilo de las notas se vuelve personal y regresa al tan olvidado género del diario personal (que, a fin de cuentas, es el afán original de la bitácora en Web, raíz de blog).


¿Qué efectos tendrá el blog en el lenguaje? Nadie con una pequeña dosis de honestidad podría aventurar una respuesta. Pero, por lo pronto es de notarse el desenfado y la informalidad del lenguaje, cuando no la ruptura deliberada con las normas gramaticales y, sobre todo, ortográficas: mayúsculas intercaladas a media palabra, palabras en inglés, términos otrora calificados de vulgares si no francamente obscenos. Reconozcámoslo: el blog, al igual que muchos otros aspectos de la computación y de Internet, es el dominio de los jóvenes, y los escritores consagrados (o aspirantes a la consagración) ven con temor o con desdén (pero un desdén causado por el temor, a fin de cuentas) la competencia que pueda surgir en este campo.


El debate apenas se ha iniciado e irá cobrando forma a medida que se vayan imponiendo las tendencias. Muchos de los actuales bloqueros habrán de tirar la toalla; habrá otros que se incorporen a la oleada y será sólo un puñado el que persista en esta actividad, animados por las respuestas recibidas y la posibiidad de contar con un foro —mínimo, en medio del maremágnum cibernético— a través del cual expresarse. Seguiremos informando.


06 abril, 2004

La materia de los sueños


Hubo algún sabio chino que dijo: "Anoche, dormido, soñé que era una mariposa. Ahora, despierto no sé si soy un hombre que soñó ser mariposa, o una mariposa que sueña en ser hombre."


El mundo de los sueños siempre ha ejercido una fuerte fascinación sobre el hombre, aun antes de que Freud concibiera su Interpretación de los sueños. A la fecha, mucha gente sigue sosteniendo la idea froidiana de que los sueños son la expresión de los deseos reprimidos, aunque muchos quieren ver en ellos signos y revelaciones de sucesos del porvenir o aclaraciones del pasado.


Creo que bastaría con observar la materia de los sueños para darnos cuenta de su verdadero significado. El pensador ruso P. Ouspensky aseguraba, ya hace un siglo, que los sueños no son más que la prolongación nocturna del diálogo interno que mantenemos durante el día. Al cesar los estímulos externos, cerrar los ojos, apagar la luz y caer dormidos, la mente sigue elaborando el mismo tipo de pensamientos que nos fatigaron durante la jornada: fantasías de todo tipo, expresiones de nuestros miedos, "relatos" en los que aparecemos como héroes, premios que ganamos, deseos que se cumplen... ¿En qué pensamos durante el día?


Esos pensamientos, esas fantasías o "sueños diurnos", como se les llama en inglés muy atinadamente, son la materia de la que se nutren los sueños nocturnos, que se nos presentan con mayor lucidez debido a la falta de estímulos externos. Es como si en un cine estuvieran proyectando una película continuamente, pero con las luces encendidas. Apenas podríamos verla. Pero en cuanto apagan la luz, las imágenes de la pantalla aparecen brillantes y sonoras: no hay nada más que ver y por eso nos fascinan.


No falta quien cuente algún sueño premonitorio, como sustento de la teoría de que hay que prestarles mucha atención, en busca de sus mensajes ocultos. Pero lo mismo podríamos decir de las ideas que se nos ocurren durante el día, sin buscarlas; esas ideas que de repente nos asaltan y nos dan la clave para resolver un problema. De ningún modo son exclusivas de los sueños nocturnos. Surgen también durante el día, sólo que las llamamos de otro modo.


Es tan interesante observar el diálogo interno, las fantasías diurnas, como tratar de recordar los sueños. Con una ventaja: es más fácil y está más al alcance de nuestras posibilidades.


Guerra de palabras


Los cuatro estadunidenses asesinados la semana pasada en Faluya, Irak, son para Los Angeles Times, "proveedores", para Le Monde, "mercenarios". Y luego dicen que no hay pique entre Estados Unidos y Francia.

04 abril, 2004

Aplicaciones de la astrología en la vida cotidiana: primer acercamiento tentativo


Esta semana me cortaron el teléfono y el servicio de Internet; además, se le acabó la batería al coche: tres problemas que, según la astrología, están indicados en el mismo sector del horóscopo, la casa tres, que controla las comunicaciones y los transportes. Se podría pensar que, si hubiera visto mi horóscopo y detectado algún indicio maligno, hubiera podido evitar estos contratiempos. Por ejemplo, quizá hubiera detectado algún conflicto entre el planeta que rige mi casa tres, Júpiter, con el planeta que signifca las obstrucciones, Saturno.


No, no he visto mi horóscopo y eso es lo que da pie a estas reflexiones. En astrología las cosas nunca son claras y directas, como quisiéramos que fueran. Sería muy probable que esta semana no se me hubiera presentado ningún aspecto "malo" entre los planetas involucrados. ¿Qué haría? Bueno, la astrología tiene muchos recursos. El horóscopo al que solemos referirnos siempre es el natal, pero hay otras posibilidades. Está la llamada revolución solar, es decir, un horóscopo levantado para el momento en que el Sol vuelve a la posición del horóscopo natal y que es válido para un año. ¿No encontramos nada allí? No hay problema, calculamos la revolución lunar, con el mismo procedimiento que para la solar, pero con la Luna y válido para un mes. ¿Seguimos sin encontrar nada? ¿Cómo les caería el horóscopo diario? Los mismos procedimientos que los anteriores, pero con el ascendente y que detalla los acontecimientos de un día específico.


Si somos razonables, veremos que en estas cuatro combinaciones es altamente probable que encontremos un indicio de lo que estemos buscando. Y en mi caso, si no lo encontrara precisamente con Júpiter y Saturno, podría encontrar algún otro planeta que, de cierta forma, estuviera relacionado con aquellos y sí presentara un mal aspecto.


Como ya habrá adivinado el lector avezado, esto da pie a una pregunta impostergable. En un momento dado, ¿cuál de las cuatro técnicas aplicar? (Y que conste que hay varias más, como los tránsitos y las progresiones, éstas en dos variedades, primarias y secundarias.) Dadas las posibilidades combinatorias (12 planetas X 12 casas X 12 signos = 1,728, sin contar las múltiples combinaciones de aspectos que, si bien no son infinitas, sí son lo bastante descomunales para desalentar su cálculo numérico), no es nada difícil que en alguna de ésas encontremos lo que buscamos.


Tuve un profesor de ciencia política que solía decir que "es más fácil adivinar el pasado que el futuro". Él hablaba, claro, de la historia y de las relaciones entre América Latina y Estados Unidos. Pero la frase se aplica con más justicia a la astrología. No es nada difícil encontrar en el horóscopo signos de lo que ya ocurrió. Como decía, no necesariamente tenemos que ajustarnos a los planteamientos clásicos. Si yo quiero encontrar problemas en mi casa tres para "explicarme" el corte de teléfono y de Internet y el agotamiento de la batería del coche, de seguro lo encontraré. ¿De qué me sirve esa predicción a toro pasado? Supuestamente sirve, dada la recurrencia de los aspectos planetarios, para prever lo que va a ocurrir. Pero no necesariamente es así. Más bien, lo más probable es que no sea así, pues las circunstancias están en constante cambio y nunca va a repetirse el mismo conjunto de circunstancias que dieron origen a un fenómeno determinado.


Resumamos: andar viendo las estrellas en busca de explicaciones a mi vida me hace correr el riesgo de no ver por donde ando. Y más que calcular innumerables horóscopos para satisfacer la vanidad de ver mi mezquina vida cotidiana reflejada en el cielo, sería mucho mejor fijarme en la fecha de pago de los recibos. Y pagarlos a tiempo.