Los periodistas franceses Christian Chesnot y Georges Malbrunot siguen cautivos en Irak, a manos del Ejército Islámico, y aunque a medida que pasan los días se aleja la posibilidad de que los ejecuten (dentro de la lógica del terror, la inmediatez del asesinato resulta más eficaz que su aplazamiento), flaco consuelo ha de ser esta noción para estos dos especialistas en el mundo árabe.
Los captores no han anunciado ninguna modificación de la demanda original: la derogación de la llamada "ley sobre el laicismo" en Francia que, entre otras cosas, prohíbe la asistencia a las escuelas públicas con símbolos religiosos "ostentosos". Esto afecta, claro, a la kippa judía y a los grandes crucifijos católicos, pero también y para los musulmanes, sobre todo al velo islámico que llevan las muchachas.
La ley surgió debido a los problemas a los que se enfrentaban los directores de escuela a causa no de las kippas y los crucifijos, sino del velo. A los padres de familia católicos les parecía una afrenta a su religión que sus hijos tuvieran que convivir con tales símbolos religiosos, por lo que en Francia se entabló un animado debate sobre el laicismo que, como república, debe reinar en las escuelas públicas. De hecho, el primer borrador del proyecto de ley contemplaba la propuesta de declarar fiestas públicas también las correspondientes al judaísmo y al islam, de modo que los adherentes de estas confesiones no se sintieran vulnerados en su sensibilidad religiosa. Asimismo, excluía el uso de cualquier tipo de símbolo religioso.
Pero el presidente Jacques Chirac descartó esas propuestas, con lo que la ley quedó limitada a la prohibición de los símbolos ostentosos, dándole a los directores de los planteles la facultad de determinar el grado de ostentación en cada caso particular. En la práctica, pues, la ley se redujo a prohibir que las muchachas musulmanas acudieran a la escuela con el velo islámico.
Francia se jacta de su laicismo, como cuna del republicanismo, pero en este caso ha confundido el concepto de lo laico, provocando la irritación de la comunidad musulmana (aunque, como actor político, ante el secuestro de los periodistas franceses naturalmente se haya alineado con la postura oficial del gobierno). En efecto, si lo laico se refiere a la independencia del individuo y en especial del estado con respecto de la religión, ¿por qué habrá de legislarse en materia religiosa? La separación estado-iglesia no es una vía de un solo sentido, en la que sólos los religiosos tienen prohibido inmiscuirse en la cosa pública, sino de doble sentido y, así, el estado no debería interferir en la vida devocional, que representa un aspecto estrictamente personal y privado.
Además, el hecho de que la ley de marras acabara afectando en la práctica más a la comunidad musulmana que al resto de la sociedad la convierte en una ley con dedicatoria, totalmente inadmisible en un país que se quiere plural y diverso, al menos en su discurso.
No es de esperarse que se derogue la ley y seguramente los rehenes franceses capturados con ese fin serán liberados discretamente, tras negociaciones de las que no se sabrán detalles, como ha ocurrido en otros casos.