20 marzo, 2014

Cotidiana



Te secas las manos con la toalla de la cocina, después de haber lavado los trastes, y ves en la mesa un tenedor que quedó olvidado encima del mantelito. Lo lavas, lo secas, lo pones en su lugar y tu mirada recae en un vaso colocado en una repisa. Adivinas en él restos de una Coca que, por sentimiento de culpa, habías borrado de tu memoria. Tomar Coca va en contra de todo lo que dices ser, o que piensas que deberías ser. El vaso en la repisa de libros es un reproche más. El carpintero que te la hizo te recomendó que fuera de 15 centímetros de profundidad, para evitar espacios muertos que, inevitablemente, se van llenando de objetos inútiles frente a los libros. Pero no; tú pensaste que 15 centímetros era muy poco y las pediste de 20. Recorres las repisas y, además del vaso, descubres una serie de figuritas de esas que siempre creíste detestar pero que, de alguna manera, acabaron de adorno en tu casa. Un juego de tres ceniceros, que decidiste conservar aun después de haber dejado de fumar, para no caer en el exceso de aquellos no fumadores que no piensan en las visitas que sí fuman y no tienen ni un cenicero en toda la casa. Tres ceniceros empolvados, intactos desde hace años pues, a fin de cuentas, las pocas visitas que recibes tampoco fuman. En fin, lavas el vaso después de derramar el refresco sobrante en el fregadero y te preguntas si no deberías también de lavar los ceniceros. Años de polvo lo ameritan. Te vuelves a secar las manos y tu vista descubre un plato que está en la sala. Un plato con restos de miel y moronas del pan del desayuno. ¿Se quedó ahí todo el día sin que lo vieras? Lo lavas, lo secas, lo colocas en su lugar. Te vuelves a secar las manos. El trabajo doméstico jamás termina.

18 octubre, 2013

El afilador de la memoria



Nací en un mundo en el que había afiladores de cuchillos. Los veía uno por la calle, pedaleando en su bicicleta que, con un ágil movimiento, se convertía de transporte en herramienta de trabajo. Se anunciaban con un peculiar silbato que no he vuelto a oír, pero que tenía reminiscencias con el del carrito de camotes.

A su paso, las amas de casa salían a esperarlo en la puerta, con los cuchillos, tijeras y demás instrumentos de corte que requirieran afilarse. Y si no las amas de casa, eran las sirvientas, las muchachas, las criadas como les decían en ese tiempo tan lejano de los pudores lingüísticos actuales. Esperar a que les tocara el turno de hacer afilar sus cuchillos les daba un buen tiempo de ocio, que podían aprovechar para platicar entre ellas, si sus relaciones eran cordiales, o lanzarse miradas que matan si es que hubiera celos o envidias entre ellas.

No recuerdo con precisión, pero supongo que alguna vez mi madre me mandó a esperar al afilador a la puerta. Tengo la imagen del hombre grande, imponente en su calidad de adulto ante un niño, que con una rápida maniobra, convertía la parrilla trasera de la bicicleta en apoyo para la llanta. Así podía pedalear y mover la llanta trasera que, a su vez y mediante una correa, hacía girar la piedra de afilar montada en el manubrio. Volaban chispas pero la curiosidad podía más que la prudencia. El mismo afilador no se dignaba a protegerse con las gafas que de seguro ahora estaría obligado a usar por algún reglamento, ¿de qué tendría que protegerse el niño que solo admiraba la destreza de la operación?

Hace tiempo vi por televisión el anuncio de una navaja de rasurar que, a decir del locutor, “se afilaba sola”, por lo que su duración, teóricamente, era indefinida. Y no solo eso: de plano decía que ésa sería “la única navaja de rasurar que necesitaría en toda su vida”, dando a entender que esa propiedad –mágica, pues no llegaba a explicar el procedimiento del “auto-afilado”– nos evitaría la engorrosa necesidad de comprar repuestos de navaja cada tantos meses. Lo curioso del caso es que, como suelen hacer los mercaderes de la televisión, el locutor nos incitaba a comprarla ¡ya!, pues si éramos de los primeros 500 compradores, obtendríamos otra navaja de regalo. El clásico dos por uno. La duda, pues, era ésta: Si es la única navaja que vamos a necesitar en toda la vida, ¿para qué queremos dos? A mí me hubiera conmovido más que nos ofrecieran 50% de descuento en el precio, por ejemplo.

En fin, siguiendo el principio que recomienda desconfiar de todo aquello que parezca demasiado bueno para ser verdad, no compré la dichosa navaja. Pero el anuncio me hizo darme cuenta de que tengo años de no ver afiladores por las calles. ¿Será que ahora todos los instrumentos de corte son auto-afilantes como decían de esa rasuradora? Yo tengo un par de cuchillos que pronto tendrán veinte años conmigo y no recuerdo haberlos afilado jamás. Claro, uno de ellos es el del pan y su tarea es, casi literalmente, pan comido. Pero eso no explica que no haya perdido el filo en todo este tiempo.

Y por el otro lado, tengo un cuchillo que, desde que lo compré, nunca ha tenido filo. Nunca he podido usarlo para cortar. Pero como es muy sólido y el agarre del mango es maravilloso, me sirve para abrir aquellas latas que no traen abre-fácil, como las de la leche condensada. Porque, por supuesto, el abrelatas también perdió el filo tres meses después de haberlo traído de la tienda.

En fin, esa lata de leche condensada la compré con la idea de hacer cajeta como la hacía mi mamá en aquellos años, mientras yo estaba esperando al afilador en la calle. Como no tengo olla de presión como la que ella usaba para poner a cocer la leche, pensé que en Internet podría encontrar la respuesta a la pregunta de cuánto tiempo dejar la lata en el agua hirviendo. ¡Qué iluso! Desistí de resolver mi duda en Internet después de haber visto en cuatro o cinco páginas más o menos el mismo consejo: Nestlé ya vende preparado lo que llama dulce de leche, y que para mí era cajeta pero, en fin, no se trataba de discutir el nombre, sino la forma de prepararla. El consejo de todos, pues, era comprarla ya hecha, señalando el costo de tener la estufa prendida durante las varias horas que hay que estar calentando la dichosa lata.

A fin de cuentas, decidí abrir la lata con mi cuchillo sin filo y untar la leche en bolillos tostados. Eso sí, rebanados con mi cuchillo de pan que, como dije, no necesita afilarse. A ver si la próxima vez que vaya al súper me acuerdo de comprar la cajeta ya hecha.

15 septiembre, 2012

No es lo que parece

Llega la señora de desahogar sus diligencias en la calle y encuentra al marido en pleno ayuntamiento carnal con la asistente doméstica. Ni la postura de ella ni los gemidos de él se prestan a equívoco: frente a los ojos desbordados de la pobre mujer, encima de la lavadora de ropa, su marido está consumando el acto que, al menos en teoría, había prometido realizar exclusivamente con ella.

Sorprendido en plena faena, el deshonesto cónyuge sólo alcanza a exclamar:
­–¡No es lo que parece!

Ah, vaya; esas palabras tranquilizan a la ingenua cornuda. Si ella supiera más, si conociera más a su marido, quizá si hubiera leído más libros o, cuando menos, si se paseara con más frecuencia por la Wikipedia, ella sabría que, pese a que sus ojos le dicen que su esposo se está cogiendo a la sirvienta, no es así, pues como lo asegura el infiel consorte, “no es lo que parece”.

La mujer ve lo que inequívocamente parece un acto sexual, pero si el marido le asegura que “no es lo que parece”, entonces debe de ser otra cosa. ¿Toma de temperatura vaginal? Es probable; la ignorancia no conoce límites y más vale ni buscarlos.

No son sólo los esposos mancornadores los que necesitan explicarse, obviamente. Lo más común es que sean los políticos, o aun mejor, sus asistentes, los que se dediquen a la exégesis de declaraciones precipitadas e irreflexivas. Por ejemplo, y ya que hablábamos de maridos infieles, me viene a la memoria el caso de Quique Peña Nieto, quien recientemente declaró, para gran consternación de sus patrocinadores, que “un presidente no tiene amigos”.

¿En serio? ¿Quiquín apenas recibió su credencial de presidente electo y ya se quiere desligar de quienes lo ayudaron a comprarla? ¿No piensa devolver los favores recibidos? La angustia ha de haber causado más de una diarrea en quienes, habiendo abierto generosamente sus arcas para beneficiar a quien creían su amigo, ahora veían que el ingrato les salía con que si te he visto, ni me acuerdo. Otros habrán reaccionado con ira y hasta lo han de haber borrado de sus amigos en Facebook.

Para tranquilizarlos, el Quiquirrín declaró posteriormente que sus palabras “no eran lo que parecían” o, como suele decirse, que no dijo lo que dicen que dijo y que, si lo hubiera dicho, en todo caso no quiso decirlo así. Según dijo, lo que Quique quiso decir cuando dijo que un presidente no tiene amigos es que, más bien, un presidente necesita aliados. ¿Se habrán tranquilizado con eso sus patrocinadores? Quién sabe. La verdad, con esa declaración no parece retractarse de la anterior. Sus “amigos” estarán muy al pendiente de sus pasos y seguramente querrán cobrarle el favor tan pronto se siente en la Silla del Águila. No vaya a ser que, con tanta confusión que trae en la cabeza, luego se le olvide cuánto le debe a cada uno.

14 agosto, 2012

Una caravana inoportuna


A Javier Sicilia se le podrá acusar de muchas cosas, pero nunca de tener sentido del “timing” político. Este domingo 12 de agosto lanzó una caravana que durante un mes recorrerá 25 ciudades de Estados Unidos con el fin de sensibilizar a la opinión pública estadounidense sobre la violencia en México. Ya que las armas con que se practica esa violencia provienen del norte, pues lo lógico era llevar ahí el movimiento de concientización, ¿no creen?

En serio, ése es su razonamiento. Un centenar de turistas mexicanos, apoltronados en autobuses durante treinta días, logrará lo que ningún movimiento autóctono ha podido hacer desde que se tiene conciencia de la peligrosidad de las armas: derrotar a la poderosa Asociación Nacional del Rifle e imponer controles estrictos a la venta y posesión de armas de fuego.

¿Qué decíamos del “timing”? Ah, sí. Es difícil entender por qué eligió precisamente este momento para irse a turistear a Estados Unidos a cargo de los donantes de su Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. De hecho, no podría haber elegido peor momento. En Estados Unidos únicamente va a importunar al de por sí acosado Barack Obama, que se esfuerza por retener la presidencia, no ante su rival republicano, un Mitt Romney que no despierta el entusiasmo de nadie, sino ante su propia imposibilidad de enderezar la economía de su país, único parámetro por el que lo van a juzgar los electores a la hora de las urnas.

Nadie en su sano juicio se enfrentaría a los poderosos grupos de presión que defienden el derecho de poseer y portar armas en plena campaña electoral. ¿Impugnar un derecho que para algunos les fue concedido por el mismísimo Dios? No, gracias. Obama prefirió apoyar el matrimonio homosexual antes que echarse en contra a los rifleros. Suponer que Obama va a actuar bajo la presión de un puñado de activistas extranjeros no es pecar de optimismo sino de estupidez.

¿Y en México? En México el momento es de defender la democracia ante la (al parecer) inevitable imposición que se nos quiere hacer, con un presidente más espurio de lo que fue el mismo Felipe calderón (y eso ya es decir). Quejarse de que los gringos les anden vendiendo armas a los narcos en estos momentos está tan fuera de lugar que podría interpretarse como una estrategia de distracción.

En fin, quizá esa caravana y este blog cumplan con el mismo propósito: no van a cambiar en nada las cosas, pero al menos sirven de desahogo.

02 enero, 2012

Para empezar el año

Ayer me habló mi primo Ramiro para felicitarme por el año nuevo. Sabiéndolo cliente de cuanta teoría catastrofista y conspiratoria se le cruza, aproveché para preguntarle si ya se estaba preparando para el fin del mundo que supuestamente nos tenían prometido los mayas desde hace siglos.

–Es absurdo eso–, fue su inesperada respuesta. –Lo que termina el 21 de diciembre de 2012 es solamente un ciclo del calendario maya, obviamente para empezar otro.

Me asombró oírlo tan racional

–Claro, primo, con todo esto hay que ser racionales–, agregó–. Además, 2012 es un número muy malo para que se acabe el mundo. Ni es número cerrado, ni capicúa... su suma es 5, que no tiene nada de aterrador. Si fuera 8, por ejemplo... O todavía 13. ¿Pero 5? ¿A quién se le ocurrió que podría significar el fin del mundo?

02 julio, 2011

El caso DSK da un vuelco espectacular


El rumor empezó a circular desde el jueves en la noche y se confirmó antes del mediodía del viernes: la oficina del procurador de Nueva York, la parte acusadora en el caso de Dominique Strauss-Kahn, declaró que había serias lagunas en la credibilidad de la recamarera del Sofitel que asegura haber sido violada por el entonces director general de Fondo Monetario Internacional. Así, el juez Michael Obus decidió poner en libertad provisional al acusado, devolviéndole el millón de dólares en efectivo y el bono por otros cinco millones que había depositado como fianza. No desechó los cargos en su contra, empero –«ése es el siguiente paso», declaró optimista el abogado de la defensa, Benjamin Brafman–, y le retuvo el pasaporte, lo que significa que, si bien puede viajar dentro de Estados Unidos, todavía no puede regresar a su país natal.

Espectacular vuelco en un caso que al principio se presentó como algo seguro: las pruebas de ADN confirmaron la presencia de semen del político francés en la recamarera guineana; ésta, por lo demás, era una mujer «trabajadora, respetable y buena musulmana», repetían como letanía aprendida sus allegados; DSK era conocido por todos sus amigos como mujeriego empedernido y, siendo director general del FMI, tuvo sus queveres con una subalterna suya en la institución, cosa que él mismo reconoció en 2008.

Las «lagunas» que señala la oficina del procurador, Cyrus Vance, Jr., son específicamente dos: la acusadora mintió en su solicitud de asilo, presentada en enero de 2004, sobre el hecho de que ella y su esposo habían sido víctimas de la represión del régimen de su país; asimismo, la mujer declaró haber sido violada también en Guinea, cosa que posteriormente desmintió. Estas mentiras, presuntamente, tenían la intención de atraerse la simpatía desempeñando el papel de víctima en la búsqueda de asilo. Pero también mintió en sus declaraciones de impuestos, presentando como dependiente a la hija de una amiga para tener más deduccciones, y en sus ingresos, para conseguir el departamento barato que ocupaba en el Bronx.

Pero hay otra mentira de mayores implicaciones: según la mujer, después del incidente se escondió en un armario del corredor del hotel, donde esperó a ver que Strauss-Kahn se fuera del lugar en el elevador. Pero la verdad es que se fue a limpiar otra habitación del mismo piso y después regresó a terminar la limpieza de la suite 2806, donde presuntamente había sido violada.

Estas revelaciones provinieron no de la defensa, sino de la fiscalía. La defensa de Strauss-Kahn se ha basado en la consensualidad de la relación. Es decir, el director general del FMI y la recamarera del hotel de lujo sí tuvieron relaciones sexuales, pero fueron consentidas por los dos, cosa que no constituye ningún delito (las implicaciones morales las dejaremos para otra ocasión). El caso, pues, se reduce a una batalla de credibilidad: ¿quién dice la verdad? Más bien dicho, ¿a quién le creemos?

Pero por sorprendentes que resulten estas revelaciones, no son las únicas. Los investigadores de la defensa, por su parte, no se quedaron de brazos cruzados y le encontraron bastantes trapos sucios a la acusadora de su cliente. El más percudido: al día siguiente del presunto incidente, la mujer habló por teléfono con un hombre que se encuentra encarcelado por posesión de 200 kilos de mariguana. En la conversación, que fue grabada, ella le pregunta cómo podría aprovechar la situación. Aun más: ese hombre es uno de varios que hicieron numerosos depósitos en la cuenta bancaria de ella, por un total de 100,000 dólares en los últimos dos años.

Queda abierta la posibilidad de que efectivamente, Strauss-Kahn haya sido víctima de una maquinación, posibilidad que ya se había señalado. Por el momento no puede decirse nada más. La próxima audiencia del juicio está fijada para el 18 de julio y en ella –como teme Kenneth Thompson, el muy mediático abogado de la acusadora– la procuraduría podría pedir el desistimiento del juicio. Si así fuera, Strauss-Kahn regresaría a la escena mundial y, sobre todo, al mundo político francés, aureolado con la etiqueta de víctima de un complot o, por lo menos, del sistema judicial estadunidense. Pero por lo pronto, paciencia. Si de algo podemos estar seguros en este caso es que todavía no se han acabado las sorpresas.

28 junio, 2011

¿Un mexicano en el FMI? Sí, cómo no

Después de haber acariciado durante varias semanas la posibilidad de que el mexicano Agustín Carstens ocupara la dirección general del Fondo Monetario Internacional –vacante por razones que ya todos conocemos–, los países emergentes tendrán que apechugar este martes con la decisión que tomará el consejo de administración de la institución que, con toda verosimilitud, va a inclinarse por la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde.

Pero nadie debería sorprenderse ni sentirse desilusionado. Pese a ser un candidato de peso (me disculparán que no haya podido evitar el chiste baratón), la verdad es que Carstens nunca tuvo serias probabilidades de ocupar el sillón principal del FMI.

Primero, porque la tradición no escrita quiere que los cargos directivos de las instituciones de Bretton Woods se repartan entre europeos, que ocupan la cabeza del FMI, y estadunidenses, a cargo del Banco Mundial. Así ha sido desde 1945 y ninguna protesta de ningún país, por muy emergente o en vías de desarrollo que se quiera, ha servido para cambiar ese designio.

Y en segundo lugar porque, para variar, los países emergentes no formaron ningún bloque organizado, dando muestras de estar interesados solamente en proteger sus intereses y aspiraciones, más que en lograr un cambio radical en el organismo financiero mundial. China, por ejemplo, emitió au apoyo a la francesa con la esperanza de que una de las dos subdirecciones generales del FMI recayera en uno de sus ciudadanos. Si un mexicano hubiera llegado a ese puesto, habría sido difícil que las subdirecciones se repartieran también entre los países emergentes. El caso de África es más penoso, pues los países del Continente Negro, viendo que estaba fuerte la cargada a favor de Christine Lagarde, miopemente prefirieron uncirse a la carreta de la vencedora para recoger las migajas que dejara a su paso, en lugar de apoyar una candidatura que, a la larga, les habría resultado más benéfica. Brasil, por su parte, mantuvo una perniciosa neutralidad, quizá producto del poco interés que tiene en ver que México destaque más que él en el plano internacional. Sus aspiraciones de potencia regional seguramente lo cegaron ante las ventajas que representaría tener a un tercermundista dirigiendo las finanzas mundiales.

Entre las ventajas de Carstens, los observadores destacaban su experiencia en el manejo de las crisis financieras de México, tanto cuando estaba en el Banco de México, en los terribles años del efecto Tequila, como en la secretaría de Hacienda, durante la crisis financiera global de hace unos años. Y señalaban un factor más, que no es nada desdeñable: el próximo director del FMI (o directora, aunque esto suene a foxismo) tendrá que enfrentarse a la crisis de la deuda europea, empezando con la de Grecia. Como mexicano, Carstens hubiera tenido una perspectiva más imparcial que la que pueda tener la francesa. Ésta, por lo demás, no podrá dejar de responder a los condicionamientos de su vida como política en su país. En suma, como lo advirtiera el propio Carstens, podría perfilarse ahí un conflicto de intereses.

Así están las cosas en este mundo matraca. Los efectos de la crisis financiera global no se han disipado del todo y la única consecuencia positiva, la constitución del grupo de los Veinte como foro con voz fuerte, parece estar desapareciendo, sepultada bajo los intereses tradicionales que siempre han regido la marcha del planeta.

24 junio, 2011

Los perros andan sueltos

En julio de 1993, la revista The New Yorker publicó un cartón de Peter Steiner que, si bien pasado por alto en un principio –y sobre todo, poco comprendido–, se convertiría en el símbolo precursor de la era de Internet.




«En Internet, nadie sabe que soy un perro», le dice un can al otro, gozando del anonimato que le concede la Red.


El beneficio del anonimato, por supuesto y como todo, tiene dos caras. Y la cara del reverso son todos esos fraudes y engaños que, con el paso del tiempo y a veces en carne propia, nos han enseñado a ser más cautos al navegar por la Web.

Eso no quita que siga habiendo gente que aproveche el recurso con muy diversos fines. Fines que, en ciertos casos, pueden ser benéficos. O al menos no dañinos.

Vayámonos a Siria, donde la «primavera árabe» amenaza en convertirse en invierno perpetuo, pues el presidente Bachar Al Assad no quiere dar su brazo a torcer ante las demandas de la indignada población, contra la cual ha lanzado al aparato represivo del estado con toda su fuerza.

En febrero de este año, cuando se inicia la revuelta, aparece el blog de una profesora de inglés, de 36 años, lesbiana para más señas, en el que la autora describe sus actividades en el movimiento de protesta y su calvario por su condición de homosexual en una sociedad poco inclinada a tolerarla. Con el nombre de Amina Abdallah Arraf, la mujer reflexiona sobre la actualidad de su país.

Ya que el régimen de Damasco le cerró la puerta a la prensa extranjera desde el estallido de las protestas, el blog de Amina, escrito en inglés con el título de «Gay Girl in Damascus», pronto se convirtió en valiosa fuente de información para los occidentales, ávidos de saber lo que estaba ocurriendo y de enterarse de los pormenores de la revuelta.

Así, Amina saltó a la popularidad; su blog era citado como fuente autorizada por las agencias informativas de Occidente, comentado en otros blogs y fue tema de reportajes especiales en varios medios importantes, tanto impresos como electrónicos.

A principios de junio, sin embargo, sus seguidores se conmocionaron. La prima de la bloguera, Rania Ismail, se hizo cargo de publicar la noticia de que el 5 de junio, Amina había sido arrestada en la calle, cuando se dirigía a una reunión con un miembro del comité de coordinación. El anuncio provocó una movilización general de los internautas. Aparecieron decenas de sitios de apoyo, haciendo circular peticiones para exigir su liberación en Facebook, Twitter, en los blogs dedicados al Medio Oriente, en revistas lesbianas y foros feministas. A esta campaña se sumarían después medios estadunidenses y europeos.

El alboroto causado por el arresto de Amina atrajo a su blog lectores que antes no estaban al tanto de su existencia, en especial aquellos bien enterados de la situación de Siria. Éstos empezaron a señalar ciertas incongruencias e inverosimilitudes en los 146 artículos publicados de febrero a junio.

A estas dudas se le agregó una denuncia concreta. En Londres, una mujer llamó al periódico The Guardian para decir que se había reconocido en la foto que ilustraba el artículo sobre el arresto de Amina. El diario complace su requerimiento, retira esa foto y publica otra, que también le había sido enviada por Amina. Nueva protesta de la misma mujer, llamada Jelena Lecic. La investigación descubre que todas las fotos de Amina que circulaban por la Red pertenecían a Jelena, quien las había publicado en su cuenta de Facebook.

Amina acabó por confesar: su blog no era más que una obra de ficción. No es siria, no es lesbiana y ni siquiera es mujer. El autor es Tom McMaster, estadunidense que radica en Edimburgo, casado con una especialista en Siria, por lo que estaba familiarizado con el tema. Y en su confesión explica que se iba a ir de vacaciones y, como no quería estar actualizando el blog mientras estuviera de viaje, se le ocurrió decir que su heroína había sido arrestada.

Por jugoso que sea el chisme, el caso no se limita a esto. En su trayectoria como lesbiana, Amina se hizo de una novia en Canadá, llamada Paula Brooks. La relación, por supuesto, siempre fue cibernética. Cuando se reveló la verdadera identidad de Amina, la prensa quiso saber cuál era la reacción de su media naranja. Fue entonces cuando se descubrió la otra cara oculta del asunto: Paula Brooks no es una lesbiana canadiense treintañera. Su nombre real es Bill Graber, de 58 años de edad, ex piloto de la fuerza aérea de Estados Unidos, casado y padre de familia. La moraleja, como siempre en estos casos, queda a cargo del paciente lector.

05 junio, 2011

Combinación dominguera: tenis y sexo


Lo bueno de ver un partido como la final del Roland Garros, entre Roger Federer y Rafael Nadal —que terminó hace como una hora con la victoria del español sobre el suizo—, es que al espectador realmente no le importa quién gane. Claro, a menos que tenga algún interés personal invertido en el resultado del enfrentamiento, si uno es familiar de alguno de ellos o miembro de su séquito, el espectador lo único que quiere es ver buen tenis. Y eso fue lo que ambos jugadores nos recetaron durante más de tres horas: un tenis de excelente altura, un juego con puntos discernidos con gran maestría, un espectáculo, en fin, digno de un domingo de holganza en la mañana.

¿Quiénes ven tenis por televisión el domingo en la mañana? A juzgar por los anunciantes, los espectadores son hombres post-maduros (¿no les encanta el término?) que viven obsesionados por el sexo. A saber:

Un tratamiento milagroso llamado algo así como “Prostalín”, que en cuestión de días devuelve la vitalidad perdida con el paso de los años... de muchos años, agregaríamos, considerando que los testimoniantes son veteranos de la tercera edad, rayando en la cuarta.

Un medicamento serio contra el mismo problema, es decir, los eufemísticamente llamados “problemas de desempeño”, que en el caso viene siendo la respuesta de Lily-Icos a la imposibilidad de lograr una erección. Aquí no hablan de soluciones milagrosas, sino que simplemente invitan al caballero a consultar con su médico.

¿Ya solucionó su problema con alguna de las dos propuestas anteriores? Qué bien, pues el tercer anunciante de la final del Roland Garros fue Sico, que entre caderas bamboleantes y caras risueñas nos recuerda de los placeres del sexo. Cada vez que veo estos anuncios no dejo de esperar que por fin se decidan a cambiar su lema por el que está en la mente de todos: “Si es Sico, sí cogemos". Claro, no faltarían mojigatos que objetaran el uso de esa palabra tan vulgar pero, ¿no es más objetable que se anuncien productos milagrosos, que no sólo esquilman ingenuos sino que criminalmente los hunden en una desesperación más profunda por su evidente falta de resultados?

03 junio, 2011

Presunción de culpabilidad

Si ya hay una lección que podamos ir sacando del escándalo de Dominique Strauss-Kahn, ésta se refiere a la diferencia trasatlántica de nociones jurídicas. En Estados Unidos, pese a que existe la figura de «presunción de inocencia» como principio de todo proceso, el ahora ex director del Fondo Monetario Internacional ha sido tratado como agresor, no sólo por la policía que lo detuvo, sino especialmente por la prensa que se ha regodeado en sacarle sus trapitos al sol. La camarera del hotel, por su parte, es la «víctima». A nombre de esa condición, el sistema judicial estadunidense no ha permitido siquiera divulgar su nombre –mucho menos su imagen–, mientras que se difundían ampliamente las imágenes de un Dominique esposado y rodeado de vigorosos agentes al momento de su detención.

En Francia, por el otro lado, el ex aspirante socialista a la presidencia de la república es un «acusado» y la recamarera del Sofitel que asegura haber sido violada por éste es la «acusadora», en un apego más estricto de la presunción de inocencia que debe preceder a todo juicio.

Los contrastes van más allá. En Francia se sorprenden de la forma tan parcializada en que la prensa ha tratado el caso, prácticamente condenando de antemano al acusado. Los estadunidenses, tan modositos ellos, se sorprenden que los franceses ya le supieran varios deslices de ese tipo y, sin embargo, los hubieran pasado por alto a la hora de proponerlo como director del FMI. En suma, los franceses acusan de hipócratas a los gringos y éstos, acusan de libertinos a los franceses.

No quisiera que lo anterior se entendiera como prueba de mi parcialidad hacia el francés. Difíclmente podría identificarme con una persona que puede gastar tres mil dólares por pasar una noche en un hotel. Y si de algo me sirve mi experiencia como expectador de series gringas de abogados, flaco favor se hizo a sí mismo cuando, después de pagar un millón de dólares de fianza para salir de la cárcel, el angelito fue a acomodarse en un departamento de 50,000 dólares mensuales para pasar ahí su arresto domiciliario.

En un proceso como éste, en el que la imagen cuenta tanto como los hechos reales, el que se muestre tan dispendioso fácilmente puede interpretarse como rasgo de carácter de quien está acostumbrado a permitirse todos los caprichos. Hasta el de echarse un rapidín con una recamarera antes de tomar su vuelo para ir a entrevistarse con la canciller alemana y discutir las modalidades de la ayuda financiera a Grecia. Pienso que mostrar un poco de humildad le ayudaría más en este caso, que querer defenderse alegando que hubo una relación consentida.