20 junio, 2009

Consecuencias de las secuelas

Sabemos que las palabras, con el tiempo, van cambiando de significado. No es nada nuevo el famoso cambio semántico. Pero como lo advierten los conocedores (y uno que otro entrometido, como el suscrito), este cambio se produce lentamente, a modo de no impedir la comunicación entre una generación y otra. Quizá los abuelos no entiendan a los nietos, pero los padres definitivamente sí entienden a los hijos. Al menos en el uso de las palabras. O al menos en la teoría. ¿Qué dice la práctica?

La práctica, señoras y señores, nos dice otra cosa. Mis hijos, por ejemplo, hablan de la secuela de una película. Ahora bien, yo por secuela entendía "consecuencia", especialmente de una enfermedad. Así, las secuelas de la polio obligaban a varios de mis compañeros de primaria a usar aparatos ortopédicos para caminar. ¿Qué secuela puede tener una película? Sólo el mal sabor que nos dejara un churrito o la admiración de sabernos ante una obra de arte.

Pero no. Para la nueva generación, secuela es lo que para la mía eran las "segundas partes" (o terceras, cuartas, etcétera, según), de las que se decía, para disuadir las imitaciones, que "nunca eran buenas". El cambio semántico, para regresar a nuestro tema, se produce por necesidades sociales: enfrentada a un fenómeno nuevo, la gente agarra una palabra de poco uso y le atribuye el nuevo significado. Eso pasó, famosamente, con la palabra estática, arrumbada en el diccionario con su significado de "inmóvil" y de "parte de la mecánica que estudia las leyes del equilibrio de las fuerzas", hasta que el desarrollo de la radio requirió un término para designar el ruido que se produce en las comunicaciones a causa de la actividad eléctrica en la atmósfera.

¿Quiere decir que las secuelas son un fenómeno nuevo y que, por ello, necesitaron apoderarse de una palabra más o menos en desuso? No creo. Películas seriadas las hubo siempre. Y películas con el mismo personaje, en diferentes historias y situaciones, más aún. No voy a ponerme a hacer la relación de películas del Santo y de Tarzán, por puro respeto a la paciencia del lector. Pero nomás por no dejar, y dirigiéndome a quienes ya sean titulares de una credencial del INSEN, he de mencionar la trilogía acerca de la emperatriz Isabel de Austria, protagonizada por la austriaca Romy Schneider en 1955, 1956 y 1957: "Sissi", "Sissi Emperatriz" y "Sissi y su destino".

Una de las características de las secuelas nuevas es que su título repite el de la película original, agregando un número y, a veces, algo que sería el subtítulo. Así, estaríamos tentados a atribuir a "Tiburón" (1975) el padrinazgo del fenómeno de las secuelas: en 1978 tuvimos "Tiburón 2", en 1983 nos recetaron una versión en tres dimensiones y, por último, en 1987, "Tiburón: La venganza". Después vendrían las de Rocky, en número de seis; las de Rambo, con una original y tres secuelas; y las de Halloween, Viernes Trece, Pesadilla en la Calle del Infierno y demás explotaciones comerciales cuyo número ya a nadie le interesa precisar.

De entonces para acá, el número de películas con secuela es legión. Aun más, ya desde el estreno de alguna de ellas se habla de la segunda parte y quizá de la tercera. Eximo de esta categoría a películas como las de Harry Potter, las de "El Señor de los anillos" y otras, basadas en obras que, obviamente, esperan llegar íntegras a la pantalla grande. Aquí haríamos mejor en hablar de "partes", más que de secuelas, pues la obra completa es tan abundante que rebasa las posibilidades comerciales de una sola película. Las secuelas propiamente dichas son las de películas como las de "X-Men" y "Transformers": todavía no eran éxito en taquilla cuando los productores ya andaban buscando la forma de realizar las respectivas segundas partes (y terceras y hasta cuartas, ¿por qué no, verdad Wolverine?).

Por cierto, esta nota me la inspiró la lectura de una entrevista con Megan Fox (figura 1, para que el avisado lector y la despierta lectora juzguen por sí mismos), a quien ya llaman la "nueva Angelina Jolie" (a quien no creo que le cayera en gracia que le dijeran la "vieja Megan Fox", pues sólo le lleva once años de edad), estrella de la serie de "Transformers" y que dice que le encantaría estar en todas las secuelas. ¿Pues cuántas espera que vaya a haber?

5 comentarios:

Daniel Rico dijo...

Que mujer tan hermosa! ¿como no creer en dios despues de ver algo asi?¿acaso podria ser producto del azar?

Lord Maese Darth Chelerious dijo...

ps con esa hermosura, por mi que esté en todas las seculeas de la vida!

Jorge Luis dijo...

¿seculea, Maese Darth? Se ve a leguas la proyección freudiana...

y en cuanto a creer en dios por haber mujeres como ésta, yo más bien creo que son producto del diablo que nos las manda como tentación.

Sofia dijo...

Habibi, no cambias, puedes hacer una novela en torno a la (in)evolución del lenguaje.
Por cierto, ¿"impredecible" era la palabra que eternamente discutía tu "tío" Toño Gutierrez que no existía en el viejo Excélsior?
Besos, me arrancaste una sonrisa con este chapuzón en tu blog

Erynus D'Alecto Graeme dijo...

El problema es que se ha tomado de sequel que en ingles significa ni mas ni menos que continuacion.
Los falsos amigos es lo que tienen.