17 septiembre, 2006

Ratzinger y las avispas

Queriendo hacer gala de su erudición histórica, el papa Benedicto XVI incurrió en la ira del mundo musulmán al citar durante su viaje a Alemania las palabras del emperador bizantino Manuel II Paleologo (1350-1425). Éste, en un debate con un académico persa, afirmó: "Muéstrame qué de nuevo haya aportado Mahoma, y sólo encontrarás cosas malas e inhumanas, como su instrucción de difundir por la espada la fe que predicaba."

Pero toda su erudición no le alcanzó a Benedicto XVI para: a) Dejar bien claro que eran palabras pronunciadas hace seis siglos, no suyas; b) Comprender que no venía al caso esa cita cuando estaba hablando del tema de la trascendencia; c) Darse cuenta de que los prejuicios de un emperador bizantino que vio su imperio mermado a costa del avance del islam ya no tienen ninguna conexión con el mundo actual; d) Tener la sensibilidad necesaria para darse cuenta de que insistir en la relación del islam con la violencia equivale a remover un nido de avispas.

Le ha llovido fuerte en su milpita al papa a raíz de estas desafortunadas palabras. Para empezar, ya está en entredicho el viaje que tenía programado para noviembre a Turquía, cuyo primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, exigió firmemente que el pontífice se retractara de sus palabras y ofreciera disculpas al mundo islámico. El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, condenó la "siniestra tendencia de asociar al terrorismo con el islam, lo que genera una peligrosa separación entre Occidente y el mundo del islam". Y también el primer ministro palestino, Ismail Haniyeh, exhortó al jefe de la iglesia católica a cesar sus "ataques al islam".

Hay que reconocer que desde que era conocido como Joseph Ratzinger, Benedicto XVI nunca se inclinó mucho por el ecumenismo ni por la convivencia de las religiones. En 2000, su documento Dominus Iesus, en el que reitera el dogma católico de que la salvación sólo se alcanza a través de la iglesia católica, apostólica y romana, causó gran consternación en un mundo que esperaba que el tercer milenio sería de apertura y diálogo. Y, a diferencia de Juan Pablo II, que participó en las jornadas de oración ecuménica organizadas por la comunidad de Saint'Egidio, en Asís, Italia, Benedicto XVI simplemente ha decidido ignorar ese esfuerzo de diálogo interreligioso.



Ecumenismo en Asís

En la mentalidad de Ratzinger, todo acercamiento a otras religiones lleva implícito el peligro del sincretismo. Y cualquier signo de apertura es tachado de relativismo, ese concepto que, a ojos del papa, le permite al hombre moderno confeccionarse una religión "a la carta", para la cual selecciona lo que más le place de todas las confesiones existentes. Pese a que en los evangelios leemos que "hay muchas moradas en la casa del Padre", por lo visto Benedicto XVI sigue atrincherado en una fe tan débil que no resiste el contacto con las demás.



Actualización del 18 de septiembre

En protesta por la perniciosa identificación de la violencia con el islam, en Mogadiscio, actualmente bajo control de los Tribunales Islámicos, este domingo fue asesinada una monja católica que trabajaba en un hospital. Poco antes, un funcionario religioso había exhortado a los musulmanes a "vengar" el honor de su fe, ultrajado por las palabras del papa Benedicto XVI.

3 comentarios:

David Moreno dijo...

Totalmente de acuerdo con tu punto de vista. El dislate de Ratzinger es una muestra de la intolerancia que siempre le ha caracterizado...

buen blog..

saludos...

nanaratona dijo...

Que tipo, le falto el tacto que le debe de caracterizar como jefe de estado mas que como líder religioso, y es demasiado tarde como para pensar que las consecuencias de su mal decir se arreglan con solo una disculpa. En fin debería en un futuro analizar lo que expresa y el contexto en el que aplicara su palabrería, no sabe acaso que la historia religiosa esta plagada de descalabros, precisamente por el hecho de expresar a voces el sentir personal.

parapiti pora dijo...

domingo 30 de septiembre de 2007
paraguay: lugo vs. ratzinger
El PRECIADO FLORERO Y JOSEPH RATZINGER
(Luis Agüero Wagner)

Uno de los claroscuros más marcados de los últimos tiempos se viene observando entre ciertos protagonistas de los recientes sucesos políticos paraguayos, donde interactúan abigarradamente laicos y laicas, teólogos y teólogas, políticos y políticas, sacerdotes y pastores de distintas tendencias políticas y de diferentes iglesias cristianas, en un clima ecuménico del más absoluto caos.
Por un lado la Iglesia Católica Apostólica y Romana, organización jerarquizada, verticalista, con la obediencia ciega como mandamiento y el dogma de fe por bandera, contrasta con la conducta anárquica de los exponentes la alianza luguista, aunque éstos hayan sido bastante hábiles para maquillar la incoherencia de aprovechar el aura mística de la sotana y simultáneamente echar pestes y culebras contra el Vaticano y su malhadado Derecho Canónico.
También nuestros patriotas de utilería han sido oportunistas al valerse de una interna entre una secta menonita y la santa madre de Roma, una más de las que se iniciaron casi inmediatamente después que al Altísimo se le ocurrió enviar a su hijo a redimirnos, originando una serie de conflictos que ahora han incursionado en el proceso electoral paraguayo y que difícilmente podrá solucionarlos enviando algún nuevo emisario, por lo que si a alguien necesitaremos será sin lugar a dudas a Él en persona. Más aún si consideramos que vivimos en un país donde las lenguas de fuego del espíritu santo en lugar de iluminar a nuestros líderes naturales, terminaron originando los incendios de nuestros bosques.
Podríamos decir que la duda existencial que hoy nos aqueja empezó cuando Fernando Lugo de motu propio recibió sus votos perpetuos en 1975 y juró obediencia a los herederos de los apóstoles, cuyo único líder es el papa de Roma, declarado dictador perpetuo indiscutible e infalible por la propia ley vaticana. Esa es la esencia, el meollo del asunto. Fernando Lugo puede estar molesto con el Papa porque lo jubiló tempranamente convirtiéndolo en emérito, pero en su institución la disidencia no está permitida. En otros tiempos se pagaba con la muerte en la hoguera y para colmo, en el presente gobiernan nostálgicos de aquellos métodos.
Hoy más que ayer, se acabó el café con leche y se han cerrado las válvulas renovadoras que abrieron los pusilánimes legionarios del Concilio Vaticano II.
Al frente del cotarro vaticano está quien antes de convertirse, hace dos años, en Benedicto XVI era, como cardenal Joseph Ratzinger, el temible cancerbero de la ortodoxia como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el viejo Santo Oficio de la Inquisición que carbonizó a Giordano Bruno. Este fantasmal prusiano con más aire marcial que Stroessner, ex militante de las juventudes hitlerianas que encarna un «catolicismo fosilizado» se muestra resuelto a liquidar la apertura que emprendieron sus antecesores limpiando las liberalidades y desviacionismos como la Teología de la Liberación. Al margen de esto, pienso que si Fernando Lugo no estaba de acuerdo con una Iglesia que, según dicen piensa él, es de los ricos y para los poderosos, no necesitaba irse al otro extremo e ingresar a un culto satánico como el que practica la gente que hoy lo ha cercado. Podría simplemente clavar la orden de cierre en la puerta de su capilla y partir para una nueva Iglesia de los pobres y de los excluidos sociales.
Ya tiene audiencia, seguidores, la atención de la prensa, el apoyo de políticos, del complejo IAF NED USAID, algunos famosos y posiblemente consiga hasta créditos del BID. La telepredicación, el sermón por internet y la iglesia electrónica en los tiempos actuales obran milagros. Otros grupos cristianos del rebaño de los llamados evangélicos lo han demostrado en decenas de credos rivales entre sí, todos a su vez desgajados en el curso de la historia de la Iglesia católica tradicional y oficial, y hoy tan enfrentados con ella que nos terminaron metiendo en la actual parafernalia proselitista. Pero no, prefiere renegar de su condición de obispo (después de todo, ya lo habían jubilado, que eso significa emérito, aunque suene un poco mejor) pero no perder las ventajas que a su imagen le trae el haber vestido sotana ante la gente de un pueblo ignorante y supersticioso. Por supuesto que no acepta convertirse en apóstata, único medio coherente de liberarse de la dictadura vaticana. ¿Qué tendrá esa Iglesia que le es tan difícil aceptar la salida de los disidentes y porqué le cuesta tanto a sus disidentes abandonarla, inclusive a los que pretenden ingresar al territorio demoníaco de la política nativa arrojando la sotana?
Exponentes de la teología de la Liberación como el cura peruano Gustavo Gutiérrez, fueron forzados por la jerarquía a una retractación y a publicar la misma en el diario limeño «La República». El nicaragüense Ernesto Cardenal, hincado de rodillas en el aeropuerto de Managua, tuvo que escuchar la reprimenda que en 1983 le dio el papa Juan Pablo II. El brasileño Leonardo Boff debió guardar un sepulcral silencio en forma de sumisión cuando el cardenal Ratzinger le enseñó amenazante en Roma la mazmorra donde tuvieron a Galileo por afirmar que la tierra se mueve, antes de colgar los hábitos en 1991. El castigado teólogo vasco-salvadoreño Jon Sobrino a pesar de residir en el país donde Arnulfo Romero fue asesinado en un altar mientras celebraba misa, sigue firme en las filas de Benedicto XVI.
Todos estos antecedentes nos llevan a presumir que difícilmente nuestro único líder Lugo sea una excepción, por más desesperante carencia de candidato potable que aqueje a quienes se disputan con sospechoso entusiasmo el más preciado florero. LUIS AGÜERO WAGNER.