17 septiembre, 2006

Ratzinger y las avispas

Queriendo hacer gala de su erudición histórica, el papa Benedicto XVI incurrió en la ira del mundo musulmán al citar durante su viaje a Alemania las palabras del emperador bizantino Manuel II Paleologo (1350-1425). Éste, en un debate con un académico persa, afirmó: "Muéstrame qué de nuevo haya aportado Mahoma, y sólo encontrarás cosas malas e inhumanas, como su instrucción de difundir por la espada la fe que predicaba."

Pero toda su erudición no le alcanzó a Benedicto XVI para: a) Dejar bien claro que eran palabras pronunciadas hace seis siglos, no suyas; b) Comprender que no venía al caso esa cita cuando estaba hablando del tema de la trascendencia; c) Darse cuenta de que los prejuicios de un emperador bizantino que vio su imperio mermado a costa del avance del islam ya no tienen ninguna conexión con el mundo actual; d) Tener la sensibilidad necesaria para darse cuenta de que insistir en la relación del islam con la violencia equivale a remover un nido de avispas.

Le ha llovido fuerte en su milpita al papa a raíz de estas desafortunadas palabras. Para empezar, ya está en entredicho el viaje que tenía programado para noviembre a Turquía, cuyo primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, exigió firmemente que el pontífice se retractara de sus palabras y ofreciera disculpas al mundo islámico. El presidente de Pakistán, Pervez Musharraf, condenó la "siniestra tendencia de asociar al terrorismo con el islam, lo que genera una peligrosa separación entre Occidente y el mundo del islam". Y también el primer ministro palestino, Ismail Haniyeh, exhortó al jefe de la iglesia católica a cesar sus "ataques al islam".

Hay que reconocer que desde que era conocido como Joseph Ratzinger, Benedicto XVI nunca se inclinó mucho por el ecumenismo ni por la convivencia de las religiones. En 2000, su documento Dominus Iesus, en el que reitera el dogma católico de que la salvación sólo se alcanza a través de la iglesia católica, apostólica y romana, causó gran consternación en un mundo que esperaba que el tercer milenio sería de apertura y diálogo. Y, a diferencia de Juan Pablo II, que participó en las jornadas de oración ecuménica organizadas por la comunidad de Saint'Egidio, en Asís, Italia, Benedicto XVI simplemente ha decidido ignorar ese esfuerzo de diálogo interreligioso.



Ecumenismo en Asís

En la mentalidad de Ratzinger, todo acercamiento a otras religiones lleva implícito el peligro del sincretismo. Y cualquier signo de apertura es tachado de relativismo, ese concepto que, a ojos del papa, le permite al hombre moderno confeccionarse una religión "a la carta", para la cual selecciona lo que más le place de todas las confesiones existentes. Pese a que en los evangelios leemos que "hay muchas moradas en la casa del Padre", por lo visto Benedicto XVI sigue atrincherado en una fe tan débil que no resiste el contacto con las demás.



Actualización del 18 de septiembre

En protesta por la perniciosa identificación de la violencia con el islam, en Mogadiscio, actualmente bajo control de los Tribunales Islámicos, este domingo fue asesinada una monja católica que trabajaba en un hospital. Poco antes, un funcionario religioso había exhortado a los musulmanes a "vengar" el honor de su fe, ultrajado por las palabras del papa Benedicto XVI.

07 septiembre, 2006

El acorralamiento del Peje

Al igual que Carlos Salinas, otro presidente notoriamente espurio, Felipe Calderón está pidiendo la oportunidad de convencer con sus actos a quienes no votaron por él. En cierta forma, además de ser un llamado a la distensión, este exhorto constituye un reconocimiento implícito de que llegó en forma irregular a la condición de presidente electo. Pues aunque suena bonita, esta fórmula en realidad es la que se aplica durante la campaña electoral, no después. Es antes de las elecciones cuando los candidatos nos piden esa oportunidad, no después de haberse montado en la silla presidencial descendiendo desde un helicóptero para escapar de las protestas del pueblo que supuestamente quieren gobernar.


¿Por qué sonríe Felipillo?


No las tiene todas consigo el chaparrito. Si la frase "sacarse la rifa del tigre" tiene algún sentido, éste es precisamente la situación a la que va a enfrentarse el presidente de la derecha. Tendrá que escarbarse algo más que las narices para encontrar la solución a las profundas divisiones causadas por su imposición. No hay sólo una división geográfica (supuestamente un norte de derecha y un sur de izquierda, configuración que nos remite a los referentes de la guerra fría, cuando los países se partían entre esos dos extremos, Alemania, Vietnam, Corea, por recordar los más representativos); ahora las divisiones recorren todo el tejido social y amenazan con enfrentar a las familias mismas, unidad básica de la sociedad.

En efecto, la división ya no es geográfica. Ahora, tras la campaña de odio y azuzamiento de miedos que impulsó el candidato de la derecha, el país está dividido entre la gente bien y los nacos. Así, la gente bien votó por Calderón y observa agradecida el apoyo que le expresara ayer George W. Bush a la democracia mexicana. Los nacos votaron por López Obrador y se encuentran acampando en Reforma y el Zócalo.

En fin, López Obrador tampoco está en un lecho de rosas. Acorralado en su propio discurso ultrancista, no le queda más remedio que mantener su postura radical —e incluso radicalizarla aun más— para no perder su base de apoyo. Para quienes asisten a las asambleas informativas y acampan en Reforma, el resultado de sus esfuerzos no puede ser otro que el acceso de López Obrador a la presidencia.

¿Están engañados? Al parecer sí: el proceso electoral termina formalmente con la proclamación del presidente electo, cosa que recayó en la personita de Calderón. Pretender su renuncia o cualquier otra subversión de las instituciones es regresar a la proclama de las montañas del 1° de enero de 1994, en la que el subcomandante Marcos exigía la dimisión del gobierno federal.

A López Obrador no le ha quedado más remedio que inventar nuevas formas de movilización, conforme se van agotando las tradicionales. Después del plantón, ya tenemos su convocatoria a una convención nacional democrática, a la que quiere heredera de la convención de Aguascalientes con la que, durante la revolución, se trató de reconciliar a los diferentes bandos en pugna. La situación actual, ¡ay!, es mucho más compleja que la de entonces. No estamos viviendo un movimiento armado —y hasta ahora nadie ha hablado de eso, afortunadamente— que pudiera resolverse mediante un acuerdo político, por mucha espíritu de concordia que lo anime.

La situación actual es de crisis política provocada no sólo por el desgarramiento de la sociedad, sino por su enfrentamiento. López Obrador ha quemado sus cartuchos en movilizaciones estériles, en lugar de dirigirlos a consolidar la fuerza de su partido y a imponer sus temas en el programa de gobierno del próximo sexenio. La fuerza de su medio punto de diferencia con el candidato ganador se lo habría permitido. Pero en estos dos meses de protestas aspaventosas, ha despilfarrado buena parte de su apoyo y ahora sólo cuenta con el ala dura. Basta ver los deslindes que se han producido, por ejemplo, entre los diputados perredistas y el mismo gobernador electo de Chiapas, que han pintado su raya con respecto de la postura radical del Peje.

Quizá el destino que le espere a AMLO sea la triste condición a la que se ha visto reducido el subcomediante Marcos: un molesto moscardón que de tanto en tanto lanza proclamas incendiarias, sin encontrar mayor eco en una sociedad entre desencantada y harta, deseosa de encarrilarse en la normalidad institucional, por muy viciada que éste pueda estar.

04 septiembre, 2006

Fracaso agrícola en Afganistán


A pesar de haber tenido un aumento de 59% en la superficie cultivada, los productores afganos de opio sólo lograron incrementar su producción en 49%, lo cual es prueba de su ineficiencia. Ojalá que los nuevos amos del país, con el padrinazgo de Washington, puedan elevar la productividad de esos atrasados cultivadores.

Con todo, es de mencionarse que, después de la etapa de obscurantismo que representó el régimen de los talibanes —que se dedicaron a destruir plantíos y a privar a los honrados campesinos de su medio de subsistencia—, durante la cual la producción de opio se redujo casi a niveles de subsistencia, ahora Afganistán puede jactarse de satisfacer el 92% de la demanda mundial de esta droga. ¡Felicidades, chicos!

31 agosto, 2006

Astrología y realidad

Dado su objeto de estudio, que es el hombre, la astrología siempre ha sido geocéntrica. Por ello no le afectó la revolución copernicana (1543) que echó por tierra al sistema planteado por Ptolomeo desde 150 a.C. en su Almagesto.

El hecho de que la astrología no se considere a sí misma como el estudio de los astros (cosa que se derivaría de su propio nombre) puede parecer sorprendente, o al menos extraño, sobre todo para quienes no tienen de ella más que las noticias vagas y distorsionadas que hacen circular sus detractores. Pero la verdad es que, por su objeto de estudio, la astrología está más emparentada con la psicología que con la astronomía. Y es por ello que no se vio afectada ni por los descubrimientos de Copérnico, ni se interesa por el reciente cambio de denominación de Plutón, que ahora en agosto se vio degradado a la condición de planeta enano.

Buena parte de las críticas que se le enderezan a la astrología se basan en su desfasamiento con la realidad astronómica. La primera, claro, es el hecho de ser geocéntrica, cuando ya sabemos que es la Tierra la que gira alrededor del Sol. Pero este argumento es insubstancial, como ya dijimos. Se alega también que desconoce el desplazamiento de los cuerpos celestes que, como en el caso de la constelación de Ofiuco, en cierto modo invalidarían las tesis astrológicas pues con el paso de los años (de siglos o milenios valdría aclarar) las estrellas cambian de posición con relación a la Tierra.

Conviene hacer una aclaración respecto de Ofiuco, constelación en la que se encuentra el Sol del 30 de noviembre al 17 de diciembre (dato que seguramente perturbará a muchos que hasta ahora se consideraban nativos del signo de Sagitario). Si bien su desplazamiento ha hecho que se meta más en el cinturón zodiacal (la franja de 16 grados que tiene por centro a la eclíptica), ya en tiempos de Ptolomeo se reconocía que cuatro de sus veintinueve estrellas estaban dentro del Zodiaco.

Pero en realidad la astrología no toma en cuenta la posición real de las estrellas (ni siquiera vistas desde la Tierra), sino que hace una abstracción y declara como zona de importancia al Zodiaco, la franja por la que hace su recorrido el Sol en torno de la Tierra, dividida en doce partes iguales de 30 grados cada una.

Asimismo, el descubrimiento de los planetas Urano (1781), Neptuno (1846) y Plutón (1930) no significó ningún mentís a la astrología tradicional, que sólo conocía los planetas hasta Saturno. Los planetas recién descubiertos fueron asimilados como "fases superiores" de los ya conocidos, Urano de Mercurio, Neptuno de Júpiter y Plutón de Marte. Y de ese mismo modo se les adscribieron sus características y significados astrológicos.

Además de los planetas, algunos astrólogos consideran también otros cuerpos celestes, como Quirón, Vesta y Ceres. A éstos se les atribuyen características basadas en su nombre, tomado de la mitología griega. Cuando al planeta enano 2003 UB313 quisieron ponerle Xena, en memmoria del personaje de la serie de televisión Xena, la princesa guerrera hubo voces de protesta, no por parte de los astrólogos, sino de los mismos astrónomos deseosos de mantener la tradición de bautizar planetas y nanoplanetas dentro de la mitología griega. En bonito predicamento hubieran puesto a la astrología si le hubieran puesto el nombre propuesto por los fanes de esa serie, protagonizada, por cierto, por Lucy Lawless.



Lucy Lawless no subió al Olimpo.


Queda abierta a discusión la pertinencia de atribuirle significados a los planetas nuevos en base de su mero nombre. El caso de Urano es interesante en ese sentido. El primer nombre que propuso su descubridor, sir William Herschel, fue Georgis sidus, en honor del rey Jorge III de Gran Bretaña. Cuando se le señaló que sidus significa estrella, y no planeta, entonces propuso simplemente planeta Georgiano. Como el nombre no arraigó fuera del Reino Unido, hubo muchas otras propuestas: Herschel, en honor a su descubridor, Hipercronos o Transaturno, por estar después de Saturno, Astrea, Cibeles, Neptuno, Minerva, Austra, hasta que finalmente Bode propuso el que que actualmente lleva. ¿Qué hubieran hecho los astrólogos si se le hubiera quedado cualquier otro? ¿Hubieran cambiado las "influencias" que irradia ese planeta?

29 agosto, 2006

Yo y las computadoras

El mes pasado cumplí treinta años de trabajar con computadoras. Eso no me hace experto en computación, claro. Nunca aprendí a programar, por ejemplo, y lo digo en pasado simple porque no pienso aprender nunca. Me doy de santos con que me funcionen los programas que uso para ganarme la vida: dos procesadores de texto, Word y EditPlus, un auxiliar de traducción, Trados, y el recientemente adquirido Babylon, una verdadera joya en materia de diccionarios. Rezo para que no se me chispe la conexión a Internet, de la que dependo no sólo para recibir y enviar el trabajo, sino también para consultar cualquier dato y palabra.

Pero también espero que no me fallen los programas que uso para entretenerme, el OpenOffice para escribir cosas personales (como ésta), los diversos programas de reproducción y edición de video, los de subtítulos y los de creación de DVD, si bien éstos corresponden a una chifladura reciente, suscitada por mi adquisición de una computadora con quemador de DVD.

Allá en mi cada vez más lejana juventud tuve mi primer acercamiento a las computadoras. Un familiar que de alguna manera estaba relacionado con la política me pidió a mí y a varios amigos que ayudáramos a rotular los sobres de la paquetería electoral que se mandaban a cada municipio del país. Las etiquetas se imprimían en unas potentes computadoras que ocupaban toda una habitación, refrigerada para evitar su sobrecalentamiento (y que seguramente tenían menos capacidad que cualquier Palm actual). Cada una era más grande que un refrigerador y tenía al frente los clásicos carretes de cinta y los foquitos emblemáticos de la modernidad futurista tal como se concebía en los años sesenta. A cambio de unos cuantos pesos y unas tortas de cena, un grupo como de seis amigos pasamos toda la noche pegando las etiquetas engomadas en los sobres. Ésa fue mi aportación a la elección de Luis Echeverría.

Seis años después entré a trabajar en Aeroméxico, donde pasaría los siguientes diez años. Pero las primeras dos semanas las dediqué a un curso de capacitación sobre los secretos de SARA, el sistema automático de reservaciones de Aeroméxico. El término “automático” se aplicaba porque para el trabajo usábamos unas terminales conectadas a una central cuya ubicación exacta era un misterio (al menos para los agentes de reservaciones como era mi caso): algunos la situaban en California, otros en una base secreta, escondida en una montaña (aunque pensándolo bien, esta segunda hipótesis debe más a la influencia de las películas gringas que a cualquier hálito de realidad).

En ese trabajo, además de aprender a manejar la computadora para hacer reservaciones de vuelos y otras tareas relacionadas, recibí una lección muy valiosa: el conocimiento es poder. En efecto, la capacitación para usar el sistema estaba celosamente dosificada de acuerdo al nivel jerárquico. En los niveles inferiores el conocimiento apenas era una embarrada que permitía trabajar cuando las cosas funcionaban bien, pero que dejaba en el desamparo al agente que experimentara cualquier problema. Claro, para ello estaban los supervisores, que resolvían cualquier situación que se saliera del carril. Y ahí se encuentra también la explicación del celo con el que administraban el conocimiento: si los agentes hubieran podido remediar cualquier problema, se habría revelado la inutilidad de la función de los supervisores. Y ni el sindicato ni la empresa estaba dispuestos a aceptar esa pérdida de poder.

Cuando entré a trabajar en Excélsior, en 1985, una de las cosas que más me impactó de la sala de redacción fue ver que seguían usando máquinas de escribir. No sólo las clásicas Olympia mecánicas (ésas de metal que en las oficinas de gobierno solían haber perdido ya la tapa blanca, dejando el mecanismo al descubierto), sino auténticas joyas de museo marca Remington y Underwood. La impresión se debió a que, durante la carrera, pocos años antes, yo había visitada la sala de redacción de varios periódicos, en los cuales ya se usaban computadoras. No imaginé que en uno de la importancia de Excélsior siguieran en vigor tales vejestorios.

Ese primer paso por Excélsior no duró mucho: dos años después me salí, abrumado por mi condición de triple empleado: en la mañana trabajaba en la editorial Grolier, en la tarde en el periódico y en la noche llegaba a la casa a traducir de free lance. Estas traducciones en la casa empecé haciéndolas en una máquina de escribir Olivetti, supuestamente portátil aunque pesa ocho kilos con todo y estuche. Pero con la liquidación que me dieron al salirme de Excélsior me compré mi primera computadora: una potente Elektra, 8088, con 128 KB de memoria y un floppy de 5.25” (de los avanzados, pues ya leía discos de doble cara).

Mi amigo que me vendió la computadora me pasó también el WordStar, con una hojita en la que a mano había apuntado las instrucciones básicas. Nunca llegué a dominar ese procesador. La motivación principal para comprar la computadora era que Kodak, la compañía para la que traducía, pagaba 50 centavos más por cuartilla entregada en diskette. Ahí se usaba el MultiMate, del cual también me pasaron una copia, esta vez con su correspondiente manual en toda forma: cerca de 400 páginas fotocopiadas y metidas en una carpeta de argollas. Así aprendí mi segunda lección de computación: “¡Lee el pinche manual!” Algo así me lanzó el supervisor que me atendía, supongo que harto de mis frecuentes consultas sobre temas elementales y mis problemas causados por la ignorancia. A diferencia de la política imperante en Aeroméxico, acá en Kodak se pensaba que, mientras más supiera el trabajador, menos lata daría y más eficiente sería.

Como todo procesador de textos, el MultiMate tenía contador de páginas, pero al principio yo no me fiaba mucho de él. En efecto, me parecía increíble que al pasar de la máquina de escribir a la computadora, mi velocidad casi se hubiera duplicado. Y cuando veía que en apenas una hora había traducido cinco o seis cuartillas, me regresaba para verlas y contarlas yo mismo.

Ya me había vuelto todo un experto en MultiMate cuando mi supervisor me anunció que íbamos a cambiar de procesador. Por decisión institucional, el programa que ahora se usaría sería el XyWrite III. Cuando pregunté la razón de ese cambio, la respuesta que recibí me dejó confundido, pero hizo que sintiera admiración por un supervisor que sabía tanto: “Es que éste permite secuencias de escape”, me respondió.

Sigo sin saber a qué se refería con eso de las secuencias de escape, aunque sospecho que la cosa iba por el tema de las macros y las posibilidades de programación que tiempo después yo mismo le descubriría. En efecto: el XyWrite también traía manual, dos, de hecho, uno para principiantes con lo básico, y otro para programar.

Confieso que con el XyWrite viví mi primer romance con un procesador de texto. Una vez acostumbrado a su parca interfaz y memorizados los comandos básicos (se trata de un procesador de comandos, no de menús), empecé a disfrutar de su rapidez. Esta ventaja, sin embargo, tuvo un precio. El programa era más grande que el MultiMate, el cual cabía en un diskette de 360 KB, con todo y archivos de trabajo. Pero para el XyWrite se necesitaban ¡dos unidades de diskette!, una para el programa (que ocupa 180 KB) y los archivos de trabajo, y otra para el archivo de ayuda (que mide 205 KB).

Como donde manda capitán no gobierna marinero, no me quedó más remedio que romper el cochinito para comprarle otra unidad a mi máquina, ocasión que aproveché para aumentarle la RAM a 640 KB. Esa cantidad de memoria, según la memorable declaración del propio Bill Gates, cubriría todas las necesidades de cómputo, así que me consideré equipado para satisfacer cualquier requerimiento futuro.

Trabajé con XyWrite varios años, más o menos desde fines de 1987 a mediados de 1991, cuando se agotó el trabajo en Kodak (al menos para mí, en virtud de una metedura de pata que constituyó también una lección en mi carrera profesional). Entonces empecé a trabajar para Selecciones, donde el procesador utilizado era Word. El tránsito de XyWrite a Word fue bastante traumático pero, como siempre, no me quedó más remedio que apechugar con los caprichos de los nuevos jefes.



Lo que sucedió a continuación será objeto de otra nota. Sólo quiero hacer una última aclaración: ¿a poco no quedaron asombrados de que me acordara de lo que pesaba el XyWrite? Je, je, en realidad no es que me acuerde: simplemente consulté el dato pues, no por nostalgia, sino por necesidades del trabajo, aún sigo usando ese procesador.

26 agosto, 2006

Y Plutón sigue ahí



Después de que nos emocionaron con la onda de que se iban a agregar tres planetas más a nuestro sistema solar, para darnos un total de doce, ahora resulta que al pobre de Plutón lo degradaron a planeta enano. Así, por efectos de un cambio de definición, nos quedamos nada más con ocho planetas y unos cuantos "nanoplanetas".

Cuando los sabios que estudian el cielo anunciaron a los nuevos componentes de nuestro Sistema, de inmediato surgieron voces para burlarse de la astrología y preguntar qué efectos tendrían esas nuevas fuerzas en nuestra vida.

Algo similar ocurrió hace unos años, cuando se descubrió que la constelación de Ofiuco, en virtud del desplazamiento continuo de los cuerpos celestes, se había colado entre las constelaciones de la Balanza y de Escorpión. De ese modo, razonaban estas mentes brillantes, los signos del Zodiaco habrían de ampliarse a trece y los astrólogos tendrían que explicar las influencias del flamante miembro zodiacal.

Pero no; lejos de brindarles a los astrólogos una oportunidad de enredarse en declaraciones falaces, la Unión Astronómica Internacional prefirió reducir el número de objetos de estudio, degradando a Plutón. No por casualidad estaba reunida en Praga, donde las defenestraciones son parte de la historia.

De todos modos, los astrólogos tendrán que explicar ahora qué pasa con Plutón y su influencia. Esas fuerzas ocultas y explosivas que se le atribuían, ¿se desplazarán a otro elemento astrológico? El signo de Escorpio que regía hasta ahora queda huérfano: ¿qué planeta asumirá su tutela?

Aunque viéndolo bien, no creo que ni a los astrólogos, ni al mismo Plutón (si se enterara de su democión) les interesara este cambio de nomenclatura. Porque en realidad a eso se reduce este incidente. Plutón sigue teniendo el mismo tamaño, la misma masa y (para los astrólogos) la misma influencia que antes de su designación como planeta enano. Es un poco como lo que pasa con la pobreza en México: aunque ésta se reduzca en el papel, en los informes enviados a los organismos internacionales y en los discursos de la postcampaña simplemente cambiando los parámetros con que se mide, la pobreza, como el dinosaurio de Monterroso, sigue ahí. En Foxilandia, para ser llamado pobre ahora hay que morirse de hambre literalmente; todos los demás entramos en la categoría de clase media. (Por cierto, antes se hablaba de la "pujante" clase media, en su sentido de potente, floreciente, vigorosa. Ahora, la clase media sigue siendo pujante, pero en el sentido de que puja y se esfuerza por mantenerse a flote.)

18 agosto, 2006

Confesión y mercadotecnia


Ahora resulta que Günter Grass no fue reclutado por la fuerza en las Waffen-SS, sino que él mismo se ofreció de voluntario para ese temible cuerpo. De ahí que trajera atravesada la espinita tantos años, y que ahora decidió sacársela en su autobiografía. Muy bien.

Claro, aquel que tantas veces criticó el silencio guardado por sus compatriotas antes los crímenes nazis tuvo el cuidado de aclarar que en su estancia en la décima división blindada Frundsberg no cometió ningún crimen.

Ahora que está sacando sus trapitos al sol, las cosas se complican. Hay documentación de que Grass fue capturado por las tropas gringas al término de la guerra, por lo que es de suponerse que su paso por las SS era conocido también por las autoridades de Estados Unidos. En algún lado tuvo que haber estado archivado el documento en el que se consigna la detención del joven Grass.

Pero como ya habíamos dicho, el problema no es que haya pertenecido a las SS — en forma voluntaria o forzada— sino que haya esperado a publicar su autobiografía para hacer tal revelación. La editorial Steidi decidió adelantar dos semanas el lanzamiento del libro, el cual prácticamente se agotó en dos días y se espera que haya un nuevo tiraje dentro de poco. ¿Esto fue una maniobra mercadotécnica o un desahogo válido de conciencia?

Aun peor: al banalizar su paso por las Waffen-SS, el autor ofrece un valioso recurso a todos aquellos que las integraron. “Sí, yo fui SS, pero ya ves, igual que Grass, yo no maté a nadie.” “Pasé por las SS sin manchar mi plumaje de cisne.” “Quizá en el fondo, las SS no eran tan malas... ¿no será que todo lo que dicen son mentiras de los sionistas? Ya ves lo que están haciendo en el Líbano...”

En fin, allá él y su consciencia, que de seguro está bastante pesada, como se ve en este párrafo de su libro:


Es verdad que durante mi adiestramiento en la lucha de tanques, que me embruteció durante el otoño y el invierno, no se supo nada de los crímenes de guerra que luego salieron a la luz, pero la afirmación de mi ignorancia no puede ocultar la conciencia de haber estado integrado en un sistema que planificó, organizó y llevó a cabo la aniquilación de millones de seres humanos. Aunque pudiera convencerme de no haber tenido una responsabilidad activa, siempre quedaba un resto, que hasta hoy no se ha borrado, que con demasiada frecuencia se llama responsabilidad compartida. Viviré con ella hasta el fin de mis días, eso es seguro.

Negocios en Benín

Supongo que la mayoría de la gente no sabe dónde está Benín, ya no digamos localizarlo en un mapamundi. Tengo que confesar que hasta hace poco yo lo tenía por alguno de los países petroleros del golfo Pérsico, uno de esos emiratos que siguen viviendo en la época feudal y cuyo único contacto con la modernidad son las fabulosas fortunas de las familias gobernantes. Pero no. Benín es ahora lo que yo aprendí en la primaria que se llama Dahomey (cambió de nombre en 1975, cuando se estableció un gobierno marxista): un paisito encajado entre Togo, Nigeria, Níger y Burkina Faso (el país que yo conocía como Alto Volta), es decir, situado en el golfo de Guinea, en la costa occidental de África.

Benín tiene una población de unos 8.5 millones y uno de ellos, el señor Benjamin Salifou Adam, me escribió ayer para pedirme mi valiosa ayuda para robarle 45 millones de dólares al Eco Bank de Benín, del cual él dice ser gerente. En este arreglo, si llegara a darse, claro, yo recibiría el 35%, el señor Salifou se quedaría con el 60% y el 5% restante sería para cubrir los gastos en que incurriéramos en el proceso de transferencia de fondos.

La oferta es tentadora, pues además el señor Salifou no habla de “robar” sino de “transferir” los fondos de una cuenta abandonada en su banco, cuyo titular murió hace muchos años sin dejar beneficiarios. Y de que esa fortuna vaya a parar al erario de Benín en calidad de fondos no reclamados, a que una parte substancial venga a quedarse en mi magra cuentecita de cheques, pues, ¡caray! ¿Quién puede decirles que no a 15.75 millones de dólares?

Bueno, en realidad les diría que no cualquiera que ya estuviera harto de recibir este tipo de mensajes. En primer lugar: ¿por qué el señor Salifou decide recurrir a un perfecto desconocido para hacer una transacción de esa magnitud? Según él, como la cuenta está en dólares y pertenecía a un extranjero, sus fondos sólo pueden transferirse a otro extranjero. Pero, ¿es que un gerente de banco no tiene a ningún otro extranjero a quién recurrir? Este fraude ya lo he visto en otra modalidad: el supuesto gerente me pide que me haga pasar por familiar del difunto para reclamar esos millones. ¿Alguien podría creer que un mexicano de apellido Gutiérrez resulta ser heredero universal de un inglés apellidado Williams? ¿Cómo piensan que podría demostrarse ese parentesco (proceso que supongo necesario para cualquier reclamación sucesoria)?

Este intento de fraude lo he visto desde hace muchos años, como digo en diversas modalidades: que si el dueño de la fortuna pereció junto con toda su familia en un trágico accidente hace varios años (incluso indican la nota periodística dando cuenta del accidente para reforzar la credibilidad del mensaje), que si es un príncipe caído en desgracia que trata de recuperar la fortuna que dejó guardada en el país que se vio obligado a abandonar por razones políticas... son numerosas las variantes, pero todas apuntan a lo mismo.

Confieso que hasta ahora no había comprendido el mecanismo de este fraude. ¿Qué puedo perder si mando los datos que me piden para hacer el fabuloso depósito? ¿Qué pueden hacer con los datos de mi cuenta bancaria? No tengo idea. Cualquiera que revisara cada mes mi basura, podría encontrar estados de cuenta con mis datos y, que yo sepa, jamás me la han saqueado.

Sin embargo, la alusión al 5% destinado a cubrir los gastos realizados en el proceso me hace pensar que, en algún momento, cuando el “negocio” supuestamente estuviera bastante adelantado, el señor Salifou me pediría dinero para “engrasar” la maquinaria burocrática. ¿Quién se negaría a invertir, digamos, diez mil dólares para recibir más de 15 millones? Bueno, supongo que cualquiera que supiera que, una vez desembolsada esa suma, jamás volvería a saber del señor Salifou, quien se oculta detrás de una dirección de Yahoo!, aunque da como propia una dirección de un servidor de la República Checa, pero que en el encabezado realmente aparece con una dirección de un servidor llamado Flashmail.com. Digamos que para el aspirante a timar al Eco Bank de Benín le resultaría muy difícil rastrear a quien se hace pasar como su gerente.

Ítem más: una búsqueda en Google del Eco Bank de Benín me llevó a puras páginas en las que se denuncia este tipo de fraudes. Vean, por ejemplo, ésta de Data Wales.

17 agosto, 2006

El espam, una vez más

Recibí un mensaje colectivo (eufemismo que oculta un acto supremo de estupidez, que consiste en obedecer acríticamente las instrucciones de un mensaje de veracidad dudosa) en el que se me advierte que en los próximos días voy a recibir un mensaje con un archivo adjunto que, al abrirlo, me va a borrar todo mi disco duro. Este tipo de mensajes siempre viene con alguna amenaza, ya sea de que nos estalle la computadora, o que nos caiga una maldición. O las dos cosas. O ninguna. Puede ser que no pase nada o que se hagan realidad nuestros peores temores. La verdad, quién sabe.

En realidad, fuera de un puñado de expertos, el común de los mortales sólo sabemos que debemos tener puesto un antivirus y prenderle su veladora a san Cristóbal para que no le pase nada a la computadora. Y no nos explicamos porqué la gente buena onda con la que tenemos comunicación nos manda virus y cadenas. Pues nos advierten que los virus vienen de una persona que nos tiene en su lista de direcciones...

¿Que por qué estamos en la lista de direcciones de un desconocido? Nomás échenle un vistazo a todas las direcciones a las que va dirigido un mensaje de éstos: los programas de correo por lo general recolectan esas direcciones y sin decir agua va las registran en la libreta. Al rato nuestro nombre aparece en los contactos de una cuidadora de perros de Alaska, de un campesino turco emigrado a Alemania y de un aspirante a actor en el cine hindú. Y todos ellos nos envían advertencias a destajo, dizque porque "es preferible recibir 25 veces este mensaje que recibir el virus y abrirlo".

Eso sin contar que esas advertencias luego caen en manos de los profesionales del spam, que recaban todas las direcciones y las integran en listas que venden a mercaderes sin escrúpulos. ¿Se han preguntado por qué reciben anuncios de Viagra, de loterías inexistentes y ofertas para hacer negocios en Nigeria? Sin exagerar, en los últimos treinta días (del 17 de julio al día de hoy) he recibido 758 mensajes de spam. Eso significa más de 25 diarios. Y para tener una idea de lo que eso representa, yo recibo en promedio unos diez mensajes al día que realmente me interesan (de trabajo o personales).


Detalle de mi bandeja de spam (cortesía de Gmail)

Y para darle más credibilidad al asunto, nos dicen que el supuesto virus fue anunciado por CNN, avalado por Microsoft y reconfirmado por Macaffe. Y por si no estábamos asustados con todo lo anterior, nos lanzan que es el PEOR virus que jamás en la historia de la humanidad se haya conocido o se habrá de conocer. Y por último, la infaltable recomendación de renviar el mensaje a todos nuestros contactos, y lo piden POR FAVOR y con mayúsculas. Buena táctica de los profesionales del espam y demás mercaderes del correo electrónico que se prostituye de ese modo.

En efecto, el sentido original del correo electrónico, que es el de mantener comunicadas a las personas, se pierde en medio de tanto aviso de virus, advertencias de nuevos peligros, presentaciones cursis de PowerPoint con gatitos y paisajes, sin contar el espam abierto. Hay gente que sé que sigue viva sólo porque veo su nombre entre la multitud de destinatarios de una conmovedora historia sobre el niño que perdió las manos o la niña que se está muriendo. Pero con eso de que me forguardean cuanta estupidez reciben, pues se sienten relevados de la obligación de escribirme personalmente y hacerme partícipe de los sucesos de su vida.

Chávez acelera la recuperación de Castro


Para ayudar a la recuperación de su amadísimo líder, el primer discípulo Hugo Chávez aceptó llevarse la caricatura que le hiciera Siqueiros. Gran emoción en Washington pues se piensa que ahora la jettatura afectará al Palacio de Miraflores.

Por cierto, y para aumentar el contenido histórico-cultural de esta breve nota, debido al violento pasado de Siqueiros —organizador entre otras cosas de un asalto armado contra la casa de Trostsky—, el surrealista André Breton comentó que, más que pintor de pincel, él era "pintor de pistola". Quizá por ello resulte atractivo para los empistolados dirigentes de las sufridas repúblicas caribeñas de Cuba y Venezuela.