10 junio, 2006

La homeopatía y yo

Tengo pendiente preguntarle a mi señora madre la razón de que, de chico, me llevara a consultar a homeópatas. En algún momento pensé que pudo haberse debido a que resultaba más barato, pero, caray, mi padre trabajaba en PEMEX y en el IPN, así que teníamos dos servicios médicos prácticamente gratuitos. Antes bien, ir a la consulta homeopática representaba un gasto adicional.

Por alguna razón que nunca he sabido, toda la vida he padecido de la piel; salpullido, eccema, acné, forunculosis, dermatitis... mi expediente médico, si existiera, sería un catálogo completo de enfermedades, padecimientos y trastornos cutáneos.

De los casos que recuerdo con más claridad es el de un eccema de cuero cabelludo que me ha de haber salido por ahí de los diez años. Las visitas al homeópata nomás no dieron resultado, a pesar de lo cual, yo tomaba religiosamente mis chochos a las horas prescritas por el doctor. ¿Y cómo no me iba a gustar tomar azúcar con alcohol? Además, el consultorio homepático era impresionante, con sus paredes cubiertas de estantes con frascos llenos con los supuestos remedios que no podían dejar de deslumbrar a un niño tan pequeño.

Sin embargo, los chochos no me aliviaban el problema y ahí me la llevaba, hasta que los síntomas desaparecían espontáneamente. Ahora sé que la mayoría de estos padecimientos tienen origen nervioso, por lo que suelen aliviarse cuando cambia la situación que les da origen. Por ejemplo, la época de exámenes finales era la más tensa (¡Exámenes finales de primaria! ¿A qué podía tenerlo miedo yo?) y era cuando más propenso estaba a padecerlos.

En fin, como decía, para mí el tratamiento homeopático consistía, además de tomar los chochos, en aguantar y esperar a que desaparecieran los síntomas por sí mismos. Pero en el caso de mi eccema a los diez años las cosas resultaron diferentes. Una ocasión, estando en casa de unos amigos, un tío de ellos me vio y me preguntó qué me pasaba. Él era médico veterinario y, puesto en antecedentes, me dijo que él podría curarme rápidamente. Así fue. Recuerdo que disolvió unas cápsulas de penicilina en una cubeta con agua, con la que me lavó la cabeza. Eso lo hizo unas tres o cuatro veces y en una semana había desaparecido el eccema que ya para entonces me había durado varios meses.

¿Cuál fue la moraleja del cuento? Parecería obvio sacar la conclusión de que la homeopatía es ineficaz y que no tiene caso perder tiempo y dinero (aunque sea poco) con esas cosas. Pero en mi caso, el incidente sirvió para que, por años, mis hermanos mayores se burlaran de mí por el hecho de haber sido curado por un médico de animales.

La cosa fue que no aprendí la lección. Por muchos años más estuve consultando homeópatas para mis padecimientos de la piel, siempre con los mismos resultados, es decir, sin ver resultados concretos nunca.

Había en ello un factor adicional a la costumbre o al respeto por una tradición (no puedo decir que familiar, pues ahora me entero que mis hermanos no consultaron nunca a homeópatas). En efecto, yo sentía cierta satisfacción en saberme dentro de una corriente diferente, alternativa como diríamos ahora, y en no ser parte de la borregada que consultaba médicos alópatas y era víctima de la avidez de las empresas farmacéuticas.

Todo eso habría de cambiar con el tiempo. Hace algunos años tuve un padecimiento para el cual resultaron ineficaces todos los remedios alternativos: naturismo, homeopatía, herbolaria; probé incluso el reiki y el tratamiento a manos de un charlatán que no sólo por eso merecería ser expulsado del país (era un extranjero pernicioso que se la pasaba hablando mal de los mexicanos a cuyas costillas, por supuesto, vivía como rey). Hasta que se impuso la sensatez y fui a consultar a los tan denostados alópatas. ¿Resultado? Tras una consulta de una hora y una medicina comprada en la farmacia, el problema desapareció por completo.

Dejo al paciente lector la tarea de sacar por sí mismo la moraleja de esta segunda historia.

4 comentarios:

control_zape dijo...

moraleja: el mejor escéptico es el que se forja por la experiencia.

Saludos y excelente historia, gracias por compartila. Me has dado un argumento más para echar por tierra las anécdotas que dicen que la homeopatías si funciona.

Sofia dijo...

kHabibi:
Hasta ahora que ando convaleciente pude leer esta y me moría de la risa porque de inmediato me trasladé a mi niñez cuando me llevaban a las consulta del temible "Doctor López". Era homeópata, por supuesto, y según mi abuela "brujo" y que por eso nos curaba en un santiamén.
Tenía un enorme estante negro lleno de chochos que despertaba mis bajos instintos de cleptómana: y yo me las ingeniaba para robarle unos frascos al viejo gruñón, pero reconozco que los chochos azúcar sin "piquete" no me sabían a nada, así que luego le robaba unas cuantas dosis a cuanto familiar caía en las garras del temible doctor López. Y coincido: no hacen nada de nada, yo andaba sólo medio mareada por el alcohol.
Te mando besos

vjoleta dijo...

yo desde niña sufro de alergias, eccema, asma sinusitis y fiebre del heno, la HOMEOPATÍA me curó elasma, la sinusitis, y me esta curando el eccema, mi médico me puso la dieta según mi tipo sanguíneo y por supuesto dejar los lácteos el puerco huevos, cacahuates, si no te sirvió la homeopatía es porque tu cuerpo estaba lleno de toxinas y no se debe de tomar café ni coca ni chocolate, desde niña no pruebo alopatía porque suprime los síntomas no los cura te chinga el cuerpo, la alopatía está porque los médicos se hacen ricos puestop que nunca curan nada.

Anónimo dijo...

Hola
Estoy de acuerdo contigo Violeta, he leido que el día de hoy los médicos homeópatas unicistas se enfocan mas al problema de fondo, por ejemplo las emociones que son las que realmente nos desencadenan tantos desequlibrios o sea las enfermedades.
Me podrias recomendar a tu médico homeopata?.
Saludos, y respeto la opinión de cada uno.
Atte.Ana