24 junio, 2011

Los perros andan sueltos

En julio de 1993, la revista The New Yorker publicó un cartón de Peter Steiner que, si bien pasado por alto en un principio –y sobre todo, poco comprendido–, se convertiría en el símbolo precursor de la era de Internet.




«En Internet, nadie sabe que soy un perro», le dice un can al otro, gozando del anonimato que le concede la Red.


El beneficio del anonimato, por supuesto y como todo, tiene dos caras. Y la cara del reverso son todos esos fraudes y engaños que, con el paso del tiempo y a veces en carne propia, nos han enseñado a ser más cautos al navegar por la Web.

Eso no quita que siga habiendo gente que aproveche el recurso con muy diversos fines. Fines que, en ciertos casos, pueden ser benéficos. O al menos no dañinos.

Vayámonos a Siria, donde la «primavera árabe» amenaza en convertirse en invierno perpetuo, pues el presidente Bachar Al Assad no quiere dar su brazo a torcer ante las demandas de la indignada población, contra la cual ha lanzado al aparato represivo del estado con toda su fuerza.

En febrero de este año, cuando se inicia la revuelta, aparece el blog de una profesora de inglés, de 36 años, lesbiana para más señas, en el que la autora describe sus actividades en el movimiento de protesta y su calvario por su condición de homosexual en una sociedad poco inclinada a tolerarla. Con el nombre de Amina Abdallah Arraf, la mujer reflexiona sobre la actualidad de su país.

Ya que el régimen de Damasco le cerró la puerta a la prensa extranjera desde el estallido de las protestas, el blog de Amina, escrito en inglés con el título de «Gay Girl in Damascus», pronto se convirtió en valiosa fuente de información para los occidentales, ávidos de saber lo que estaba ocurriendo y de enterarse de los pormenores de la revuelta.

Así, Amina saltó a la popularidad; su blog era citado como fuente autorizada por las agencias informativas de Occidente, comentado en otros blogs y fue tema de reportajes especiales en varios medios importantes, tanto impresos como electrónicos.

A principios de junio, sin embargo, sus seguidores se conmocionaron. La prima de la bloguera, Rania Ismail, se hizo cargo de publicar la noticia de que el 5 de junio, Amina había sido arrestada en la calle, cuando se dirigía a una reunión con un miembro del comité de coordinación. El anuncio provocó una movilización general de los internautas. Aparecieron decenas de sitios de apoyo, haciendo circular peticiones para exigir su liberación en Facebook, Twitter, en los blogs dedicados al Medio Oriente, en revistas lesbianas y foros feministas. A esta campaña se sumarían después medios estadunidenses y europeos.

El alboroto causado por el arresto de Amina atrajo a su blog lectores que antes no estaban al tanto de su existencia, en especial aquellos bien enterados de la situación de Siria. Éstos empezaron a señalar ciertas incongruencias e inverosimilitudes en los 146 artículos publicados de febrero a junio.

A estas dudas se le agregó una denuncia concreta. En Londres, una mujer llamó al periódico The Guardian para decir que se había reconocido en la foto que ilustraba el artículo sobre el arresto de Amina. El diario complace su requerimiento, retira esa foto y publica otra, que también le había sido enviada por Amina. Nueva protesta de la misma mujer, llamada Jelena Lecic. La investigación descubre que todas las fotos de Amina que circulaban por la Red pertenecían a Jelena, quien las había publicado en su cuenta de Facebook.

Amina acabó por confesar: su blog no era más que una obra de ficción. No es siria, no es lesbiana y ni siquiera es mujer. El autor es Tom McMaster, estadunidense que radica en Edimburgo, casado con una especialista en Siria, por lo que estaba familiarizado con el tema. Y en su confesión explica que se iba a ir de vacaciones y, como no quería estar actualizando el blog mientras estuviera de viaje, se le ocurrió decir que su heroína había sido arrestada.

Por jugoso que sea el chisme, el caso no se limita a esto. En su trayectoria como lesbiana, Amina se hizo de una novia en Canadá, llamada Paula Brooks. La relación, por supuesto, siempre fue cibernética. Cuando se reveló la verdadera identidad de Amina, la prensa quiso saber cuál era la reacción de su media naranja. Fue entonces cuando se descubrió la otra cara oculta del asunto: Paula Brooks no es una lesbiana canadiense treintañera. Su nombre real es Bill Graber, de 58 años de edad, ex piloto de la fuerza aérea de Estados Unidos, casado y padre de familia. La moraleja, como siempre en estos casos, queda a cargo del paciente lector.

4 comentarios:

Ego dijo...

Ja, ja, ja,a Vaya historia. ¡Y pensar que yo también me alboroté con lo de Gay Girl in Damascus! Excelente entrada.

Jorge Luis dijo...

Me gustaría saber cómo estuvo ese alboroto.

Fedayina dijo...

Habibi
Genial entrada, genial...
Y mira que te lo dice una de las precursoras de la ciber-identidad múltiple... BESOS

Jorge Luis dijo...

hablando de personalidades virtuales múltiples, ¿qué pasó con lka historia del cubano?