27 octubre, 2006

La naturaleza del caos

La naturaleza tiende al caos. No es necesario un título de física ni conocer las leyes de la termodinámica para darnos cuenta de que evitar el caos requiere un esfuerzo continuo y penoso: en forma natural, si no hacemos nada por evitarlo, la ropa de días anteriores se acumula en un rincón de la recámara, la pila de platos sucios no deja de crecer en el fregadero, el periódico se queda desparramado en la sala y el jardín se cubre de hojas muertas mientras una capa de polvo cada vez más densa va amortajando los objetos de las repisas.



Ejemplo de caos: mi cocina

La lucha por el orden es penosa y difícil y las tareas domésticas no son el único dominio en el que lo podemos constatar. Las relaciones personales, por ejemplo, necesitan de más atención que la vajilla: hay que hablarles a los amigos de vez en cuando, no olvidar el cumpleaños de la pareja, llegar con un regalito a la fiesta de aniversario... Si dejamos que la incuria domine nuestra vida social, pronto estaremos viviendo como ermitaños, olvidados del mundo y comiendo sólo atún directamente de la lata.

Vistas así las cosas, resultan paradójicos los llamados a "volver a la naturaleza" que de vez en cuando se escuchan. ¿Volver a las cavernas, al desorden, a la suciedad? Un poco de reflexión nos lleva a la idea de que, por el contrario, la historia del avance del hombre ha sido la historia de su separación de la naturaleza, de haberle dado la espalda y de ir precisamente en su contra. Nada más antinatural que nuestro andar en dos pies, nuestro lenguaje articulado y nuestra tendencia a usar instrumentos. Desde que nuestro antepasado Puk vio las ventajas que le daba un mazo sobre el brazo desnudo de sus vecinos, el hombre no ha dejado de proveerse de más instrumentos y herramientas para multiplicar sus capacidades naturales.

Nuestra esencia como seres humanos es contraria a la naturaleza. Y nuestra aspiración, por ende, ha de ser seguir en ese sentido contrario: vencer la pereza natural, la desidia natural, la incuria natural, el desorden natural. Contrariar el llamado de la naturaleza para atender al llamado del espíritu.

2 comentarios:

René López Villamar dijo...

Quizá la lucha contra la entropía sea la más humana de las actividades. De ahí se desprende la postura erguida, el lenguaje articulado, las herramientas y el arte.

Eso sí, una cocina limpia sólo es señal ¡de no saber cocinar!

Saludos

Real de lo virtual dijo...

Ojalá que nomás tu cocina sea un caos